Los dueños de la noche

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Los Dueños de la noche

Robert “Bobby” Green (Joaquin Phoenix) novio de Amanda Juárez (Eva Méndes) es el encargado del club El Caribe, cuyo propietario es Marat (Moni Moshonov) un ruso ligado a la mafia que tiene a Bobby como su empleado de confianza, tanto, que le anuncia que pronto regentará un club más para él. En dicho local, Green, debe caminar sobre la delgada línea que separa al delito del placer; es decir, debe hacerse de la vista gorda ante ciertos clientes y ante ciertos comportamientos que se dan en el interior del recinto, además a Green le gustan las drogas (el perico, la droga que está de moda) y las apuesta ilegales. Pronto nos enteramos que el apellido completo de Green en realidad es Grusinsky –Green es el de su mamá– y que es hermano de Joseph Grusinsky (Mark Whalberg) un estricto agente de la Policía de Nueva York, ambos son hijos de Albert Grusinsky (Robert Duvall) Jefe de ese cuerpo policial.

Luego de que Joseph, buscando al traficante Vadim (Alex Veadov), allane el club que regenta su hermano, la mafia rusa lo etiqueta y lo sentencia a muerte. Pronto, a Joseph le disparan y casi lo matan, la mafia también planea matar a Albert, y Robert debe tomar partido por su familia impoluta luego de ser la oveja negra de ésta.

Una gran historia, una familia divida en dos desiguales partes a cada extremo de la cuerda; introducir un policial desde esa perspectiva íntima y familiar es el gran acierto de la cinta de James Gray. Pero aquí también es donde flaquea la película: Joseph es un pedante y soberbio tipo que no admite errores y con una rectitud un tanto difícil de tragar y Robert es un tipo que demuestra un total desprecio hacia su familia. Esto no sería tan difícil de creer si la hora y media siguiente no fuera un increíble viaje de Robert desde un extremo al opuesto. Abre la cinta un periquero medio bastardo, manoseando a su novia y regentando un club de periqueros y malaconductas, cierra el filme un policía apegadísimo a la ley, un hijo pródigo arrepentido de sus errores y siguiendo el destino de su padre por culpa, como si fuera su camino a la expiación.

Es cierto que a lo largo de la cinta podemos entender que la rectitud de Joseph es más por lealtad a su padre que por convicción y que la “vida loca” que Robert ha asumido es más una impostura rebelde que una vida con la que Robert se sienta cómodo, pero aún así, el viraje del personaje es tan extremo que por momentos piensas: “bah, no me lo creo, ¿este indignado señor que le dice a su novia que no puede visitar a su familia ‘por seguridad’ es el mismo que estaba jugando póquer con unos jíbaros y metiéndose perico hace media hora?”.

Otra cosa: todos los personajes que se movían alrededor de Robert son miserables vividores que acabarán traicionándole, en cambio, los del otro bando, los policías, son incorruptibles y por eso Robert paulatinamente vive un proceso de decepción, más por las traiciones de quienes consideraba sus amigos (incluso a Marat lo consideraba un padre) que por reflexiones sobre el bien y el mal. Me explico mejor: al principio a Robert le sabe a casabe si en su club se vende drogas o se cometen delitos y al final, Green está asqueado de todo eso y dispuesto a combatir el mundo al que perteneció. En ese sentido, y aunque parezca extraña esta comparación, la cinta se me hizo un tanto similar a Danza Con lobos (1990) de Kevin Costner y a la fallida El Último Samurai (2003) de Edward Zwick, en estas dos películas se narra el viaje de alguien que comienza combatiendo algo y termina apoyándolo. Sé que suena loco, pero a mí se me hizo similar.

Claro, eso en el fondo, porque si hablamos de la forma nos encontramos ante un policial durísimo, de los mejores. Dos secuencias brutales que justifican las veinte lucas de la entrada. La primera es una vertiginosa persecución de autos filmada desde el carro en el que va Robert, con un manejo prodigioso de la fotografía bajo lluvia y un uso excepcional de la cámara. La segunda es el extraordinario tiroteo que se arma cuando Robert, ya trabajando como sapo para la policía, debe escapar saltando por una ventana.

Todo lo demás es igual, tremenda dirección, excelente edición, un guión que se desarrolla con inteligencia y huyéndole a los lugares comunes del género.

Las actuaciones sostienen en alto la película, desde un excelente Robert Duvall, pasando por Mark Whalberg que a veces luce acartonado, aunque creo que es por el personaje. Eva Méndes aporta lo suyo (en todo sentido :) ) pero su personaje es un estereotipo lamentable de mamita-rica-latinosa. Ahora, el que está tremendo en su papel es Joaquin Phoenix, extraordinaria actuación.

Finalmente, me faltó decir algo. La cinta tiene un trasfondo medio xenófobo, los latinos y los rusos traen las drogas, el personaje de Eva Méndes es, como ya dije, una colección de terroríficos lugares comunes sobre mujeres latinas que yo pensé que Hollywood ya había avanzado un poco, un poquito, en ese tema. Eso le quita méritos a un film que a ratos resultaba grandioso.

De resto, una película oscura y trepidante.

9/10

El Nerd Iconoclasta.

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Los dueños de la noche, 4.5 out of 5 based on 2 ratings

2 Comentarios

  1. ¿De verdad te gustó la película? En lo personal me pareció flojísima, una historia que nadie se traga y un Phoenix muy mal actuado.
    Me quedo con “The Yards”, que tiene una de las escenas de pelea de calle más realistas y bien hechas de los últios tiempos.
    Veremos que hace Gray con la nueva “historia de amor” que acaba de estrenar, con Phoenix y Paltrow…

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  2. Sí, yo voy pendiente con la nueva de Gray. La estrenó en Cannes, pero aquí no se encuentra ni pirata.

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