Escritores manguangueros y el premio Rómulo Gallegos

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Elena Poniatowska luego de un Aló Presidente con Chávez

Elana Poniatowska y Chávez
Una vez más volvemos a una vieja discusión de esas que dábamos cuando panfletonegro todavía era importante: Los escritores y el dinero público, los premios otorgados por el Estado y el hacerse el pendejo, o como le gusta decir a los escritores cuando juegan a hacerse los webones: «Es una situación complicada y por ello soy imparcial, no estoy con ningún bando».

Este año, todo comienza con el Premio Rómulo Gallegos.

Mientras Venezuela atraviesa la peor crisis humanitaria de su historia, con el agregado de una pandemia global que ha hundido hasta a las economías más poderosas del mundo, ¿hay condiciones para celebrar el premio Rómulo Gallegos? ¡Claro que yes!, responde el régimen.

Y volvemos a la hipócrita discusión de siempre, la que tuvimos cuando Ricardo Piglia llamó «stalinistas» a los escritores que se negaron a la farsa.

La misma de cada FILVEN, desde aquellas tristes de antes de las masacres, hasta aquella donde usaron la feria para humillar a los cientos de muchachos que asesinaron a sangre fría.

Volvemos a los escritores que se hacen los ñeros frente a un premio. Y cuidado, no se los digas, porque se ofenden algunos.

Volvemos a cuando le decían intolerantes a quienes no iban al Festival Mundial de la Poesía a darse besitos con William Ospina, Farruco Sesto, Freddy Ñáñez o cualquier otro de los oscuros personajes que han ocupado las sillas burocráticas de las decadentes instituciones culturales del chavismo.

En fin, lo de siempre. Pero ahora en 2020, cuando ya no hay ingenuidades posibles.

En pleno 2020 participar de cosas como el premio Rómulo Gallegos es directamente ser un insensible y prestarse a lavarle la cara a la tiranía chavista. Es lo que han hecho estos escritores: http://www.celarg.org.ve/wordpress/premios/2530-2/listado-de-obras-participantes-actualizado-marzo-2020/

No es una discusión nueva. Les cuento algunas cosas…

En 2012 se hizo un fulano «Encuentro Internacional de Narradores». Y hubo una discusión porque pocos (como yo) dijimos que no había que prestarse para ir a esos eventos. Ir a eventos culturales del chavismo es ayudarlos a dar una imagen democrática y de apertura.

Quienes asistieron a aquello lo hicieron con la excusa eterna de los manguangueros: «Es que esos dineros son públicos, así que todos podemos disfrutar de ellos», «Una cosa es el Estado y otra el gobierno», «Hay que cuidar esos espacios».

Eso no les sirvió. Los participantes fueron humillados por la Agencia Bolivariana de Noticias, que hizo unas entrevistas bien stalinistas (Piglia, dixit), donde fueron humillados, reducidos y ridiculizados. Además, según me enteré, luego ni se molestaron en pagarle los viáticos prometidos a los participantes.

Yo me tuve que calar de todo, hasta que saliera una de las organizadoras a decir que yo «no tengo nada en la cabeza», sin contar con la clásica excusa de «Te quejas porque no te invitaron». Cosa que también me decían cada vez que escribía en @panfletonegro reseñas sobre esos festivales de la propaganda que eran las FILVEN.

Así siempre ha sido con la cultura en Venezuela: La manguangua, arrimarse al mingo, despreciar la ética, hacerse los locos, ser insensibles a la represión y la dictadura. Con el chavismo (cuando tenía plata por la bonanza petrolera), esto se desató, porque había dinero para pagar los circos (ferias del libro, festivales de música, editoriales piratas como El Perro y la Rana, la Villa del Cine…) y llamarlos «cultura».

Incluso hubo una poeta que escribió sobre sus bellas aventuras en el Festival Internacional de la Poesía y hasta osó llamar «intolerantes», a quienes no se prestaban a la propaganda de la tiranía. En el cine venezolano pasaba igual con los justificadores de la pedidera de dineros públicos al chavismo.

Con lo del Encuentro de Narradores todavía podía haber algo de ingenuidad (mentira, pero bueh). Pero poco después de aquello vino la masacre de 2013, la matazón de muchachos en 2014 y la aún peor carnicería de muchachos en 2017. Hay que ser un hijo de puta para participar en cualquier cosa «cultural» del chavismo luego de esas masacres de niños.

Los escritores que son parte de esos eventos son unos sinvergüenzas, carentes de toda ética y pena propia. Por mucho que algunos, como Patricio Pron, salgan a hablar de “polarización” para justificarse. Hay que tener la ética y la moral totalmente borrada para ser parte de los jolgorios de la tiranía socialista.

El Rómulo Gallegos, como premio serio, murió, como han muerto todas las instituciones culturales del Estado en manos el chavismo. En pleno 2020 no hay nadie que tenga justificación alguna para seguirle haciendo el juego a estos criminales.

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