Mi vida a través de las putas (IX)

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Ya con la negrita divina tengo unos cuatro años de atenderme, al menos una vez cada tres meses, a veces hasta dos veces en un mes, es casi una novia, la diferencia es que mientras ella este disponible en la sala y yo tenga la plata ella no podrá mandarme al carajo si anda emputada, lo que si puede es desaparecerse a ratos, pero siempre vuelve, quizás cambia de sala pero siempre me entero o porque la llamo directamente o por el foro donde cualquier hermano de leche generosamente da pistas de casi cualquier puta del mercado.

Somos casi novios, pero sin el drama emocional, cada vez que le digo algo medio romanticón me dice «ponte serio rico» y se me pasa la mariquera.

Tan casi novios somos que ya nos conocemos muy bien nuestros cuerpos, yo se como le gusta que la chupe, «succiona rico, succiona» siempre me decía, ya aprendí a succionarla con la fuerza y posición adecuada para que tenga sus orgasmos durante el 69, sé que se riega cuando aprieta su pelvis contra mi quijada, a veces con tanta fuerza que me queda doliendo el mentón por un buen rato, mientras ella me chupa nos estimulamos mutuamente el agujero, así que técnicamente es un 71 que es como el 69 pero con el dedo en el culo.

Ella sabe como manejarme para evitar irme muy rápido y sabe como detenerse y continuar, siempre me atiendo media hora, da la impresión que podemos jugar por horas pero en realidad nunca duramos mas de 20 minutos en la faena.

Tenemos también nuestra rutina sexual, pero la penúltima vez acabé mientras hacíamos el 71, se arrechó muchísimo, me dijo que era un egoísta porque ella no logró nada. Quedé con sentimiento de culpa, así que la siguiente vez fui decidido a complacerla.

Igual que con los novios ella y yo jugamos inconscientemente al amo y el esclavo, en ella es mayor su deseo de imponer su voluntad que el miedo a perderme a fin de cuentas soy uno entre una docena o quizás una centena de clientes, en mi caso es mayor el miedo a perderla porque es una de mis putas favoritas y realmente no hay otra negrita como ella así que me dejo dominar, me vuelvo sumiso como un cachorrito, la chupo cuando me pide, la penetro por delante o por detrás según sus deseos.

Era mi cumpleaños, se lo dije, me lleno de crema y mientras me decía que iba a apagar la velita empezó a chuparme la pinga que quedó pegada como un sandwich entre su boca y mi pierna, la succioné y esta vez no se montó sobre mi de espaldas como siempre sino que quiso que la penetrara por detrás, ella montada sobre mi, de frente… era primera vez que hacíamos esa posición, me pedía que le chupara las tetas como a ella le gusta, las dos al mismo tiempo, ella es reacia a darme besos, le dije «bésame», hicimos un pacto silencioso, nos alternábamos, ella me besaba y yo le chupaba las dos tetas mientras ella se lo metía en el culo a su propio ritmo, así duramos un rato hasta que me dijo que estaba a punto de regarse, le dije «vente amor» me dijo que si se regaba no iba a poder seguir porque le dolía, acabé yo y ella me miró medio molesta y triste… le dije que aprovechara que todavía podía durar un rato mas “de pié”… se movió como una serpiente y se regó.

Saldé mi deuda… y ese día ambos fuimos amos y esclavos del otro.

Su cara era radiante y hermosa, le dejé los 10000 colones de las extras un besito y me fui.

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