La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo (1966)

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Contextualizada en el conflicto político social entre Francia y Argelia a mediados del siglo pasado, “La batalla de Argel” se distingue por presentar una armoniosa correspondencia entre la propuesta temática y conceptual de su director y el uso del lenguaje cinematográfico. Su principal línea narrativa se centra en la incursión de Ali la Pointe en las filas de la resistencia argelina, liderada por el Frente de liberación Nacional, y en su transformación en un miembro importante dentro del Frente. En el trayecto, Pontecorvo devela el funcionamiento interno de esa organización y la relación de los rebeldes con ese conflicto general. La correspondencia que apuntamos reside en el vínculo particular entre el desarrollo de los personajes y la propuesta temática del filme. Observamos que en el relato, los personajes van siendo definidos gradualmente por la importancia que tienen sus objetivos para el problema político que se trata. En ese sentido, a medida que avanza el filme, Ali La Pointe y Phillipe Mathieu van planteándose como estandartes de la resistencia y del colonialismo respectivamente. Esa correspondencia, además, comporta un movimiento vertical, una profundización que reside en los matices que se le aportan a los personajes y, por tanto, a aquel problema general. Con respecto a la lucha argelina, esta profundización se percibe, por ejemplo, en la inclusión del niño que funge como mensajero del Frente de Liberación Nacional y, sobre todo, en la voluntad, en  la disidencia que se les atribuye a las mujeres que participan activamente en dicho grupo. Esto, en última instancia, contribuye a ampliar y enaltecer el carácter social de la lucha.

Desde el otro punto de vista que expone la película, el que representa Phillipe Mathieu, esta profundización puede seguirse en su relación inusual con el problema argelino, puntualmente con cierto trato, digamos, respetuoso, casi cordial –aunque no condescendiente- con los líderes rebeldes. Desde una perspectiva más amplia, ese tratamiento de los personajes, y por tanto de los temas que maneja el filme, nos permite hablar de una aproximación aguda y sobria por parte del director a este asunto complejo, como son todos los asuntos históricos. Paralelamente, esto significa un mérito en la estructura narrativa en tanto involucra un uso pertinente y cuidadoso del lenguaje cinematográfico: esa correspondencia que destacamos se produce por la habilidad del director de eludir lo superfluo y de concentrase en lo esencial de su historia, mérito que se distingue en su manera de organizar el relato, cuyo seguimiento no es impedido en lo absoluto por los grandes saltos temporales ni por las elipsis abruptas que se presentan en ciertas partes.

Otro mérito que se desprende de lo anterior es el de la mirada que ofrece Pontecorvo del problema argelino. A pesar de que el asunto del nacionalismo, de la lucha del pueblo argelino por la independencia, es representado de una forma que favorece y, en cierto grado, ennoblece una tendencia política (actitud válida, natural y en vigencia con su momento histórico), el autor se abstiene efectivamente de cruzar la frontera hacia el partidismo, evitando con ello que la suya se presente como una película panfletaria, para ofrecer, en cambio, una mucho más interesada en resaltar los matices de este y de otros temas como el colonialismo y el resentimiento social, lo que puede reconocerse en la exposición de ciertas actitudes positivas de algunos personajes que cumplen un rol negativo en la historia (el caso de la cortesía y el respeto del militar Phillipe Mathieu es el más claro) o sencillamente en la ausencia de condena, de sanción, a ese tipo de personajes o a lo que ellos representan. Consideramos como un mérito esta prudencia del autor, además, por el hecho de ser éste un filme argelino, producido en parte por el Frente de Liberación de ese país. Una mención aparte merece el empleo que hace Pontecorvo de otros recursos como la música, cuya pertinencia para contribuir en la tensión que se consigue principalmente por virtud del montaje en las secuencias de acción es otro ejemplo de la claridad y el tino que caracterizan la labor de este director.

 

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La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo (1966), 5.0 out of 5 based on 1 rating

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