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A propósito del tema de la inseguridad: Las falacias lógicas del chavismo…

Resulta imposible discutir el tema de la inseguridad en Caracas, sin caer en lo político. En el insulto fácil. En el «mandar a callarse la jeta» al otro. Los recientes artículos de Adriana Pérez Bonilla y Vinz son una pequeña muestra, tan sólo la guinda, de una realidad que nos ahoga en cuanta red social estemos inscritos (y donde convivamos con otros venezolanos): La imposibilidad de opinar sobre un tema cualquiera, sin ganarnos en el proceso algún epíteto colorido, de esos que abundan hoy día («antipatriótico», «apátrida», «pitiyanqui», «fascista», «sifrino») cortesía del comandantepresidente. El que opina negativamente acerca de los temas tabú del momento (Caracas y la inseguridad, el rostro Matrix de Bolívar, Pastor Maldonado y los dólares que PDVSA le «picha» a la Williams) se arriesga a recibir su tomatazo virtual, vía cyberbullying. También se arriesga el que utiliza complicadas expresiones en idiomas extranjeros (como cyberbullying)

Esto es algo que ya sabemos (de sobraaaaa) los que frecuentamos éste, y otros lugares de la Web. Siendo el venezolano como es, que acostumbra querer apabullar al que le lleva la contraria (y si no, pensemos en las veces que hemos dicho «Caracas para todo el mundo» o «Magallanes para todo el mundo»), esto no debería extrañarnos. Sin embargo, lo que he querido comentar aquí (como primerizo en Panfleto Negro) es el uso recurrente de esa chuleta, de ese facilismo de las falacias lógicas para acallar (por no decir, amedrentar) al contrario, patear la mesa, y cerrar el debate. Si, el debate, ese especimen raro y extraño que esta en vías de extinción en los foros y demás lugares de discusión de la Venezuela polarizada.

En el caso específico del chavismo (y las discusiones donde se involucra el chavismo) las falacias lógicas son un «argumento» recurrente, bastante recurrente. Un «argumento» que no es tal, porque las falacias son chapuzas lógicas, o para decirlo más criollamente, una lógica «tapa amarilla».

a) Dos negativos hacen un positivo.

Una de las que me encuentro con más frecuencia en los foros, secciones de comentarios, etc. es la de «dos negativos hacen un positivo», o la forma más conveniente de ignorar un problema, que es señalando que otro también lo tiene:

Interlocutor 1:  ¡El problema de la inseguridad está terrible! El día de ayer asaltaron a un compañero de trabajo a la salida de la oficina…

Interlocutor 2:  Já, tu si que eres alarmista. De seguro eres escuálido… ¡El problema de la inseguridad está en todos lados! En todo el mundo asaltan. Yo te aseguro que en Estados Unidos también roban a la gente cuando sale del trabajo…

¿Quien no escuchado esto antes? En las discusiones en torno al tema de la inseguridad, el «dos negativos hacen un positivo» es el AK-47 de elección del chavista convencido, que lo utiliza como si se lo hubiera sacado de algún libro de estrategia chino. El «que problema con la inseguridad» es resuelto con una andanada de «eso pasa en todos lados».

En términos simples, lo que nos dice el interlocutor 2 equivale a algo menos como esto:

Interlocutor 1: Oye, tu casa si esta sucia. ¿No te da miedo con tantas enfermedades que hay por allí?

Interlocutor 2: ¿Y a mi que? La casa de Manuel está igual de sucia. Y la de Pedro también.

Esta es, palabras más, palabras menos, la estrategia del avestruz: Enterrar la cabeza en la arena, y negar que hay un problema. Total, sutano y mengano también lo tienen.

b) La falacia del hombre de paja

Esta es otra impelable en el arsenal chavista. Si la de «dos negativos hacen un positivo» es la Kalashnikov de los «debates» chavistas, la «falacia del hombre de paja» es la granada de mano:

Interlocutor 1: La verdad, estoy en contra de llamar al 12 de Octubre «Día de la resistencia indígena».

Interlocutor 2: ¿Y por qué chamo? ¿Tú eres de derecha?

Interlocutor 1: Yo no he dicho que sea de derecha. Yo lo que dije es que estoy en contra de…

Interlocutor 2: Chamo, eso es una posición de la derecha. ¡De la derecha! Es decir ¿Tu apoyas el genocidio contra el pueblo indígena, a los dictadores como Pinochet, a los Nazis, el golpe de Abril…

La «falacia del hombre de paja» (en inglés imperialista, strawman fallacy) es una forma muy creativa de exagerar y/o distorsionar el argumento del adversario, haciéndolo solidario con posturas y visiones que esta persona nunca ha mencionado (o de las que posiblemente ni siquiera se ha enterado). Por eso el nombre: El atacante (en su afán de «arrasar» en el debate) se crea un hombrecito de paja, un espantapájaros que en su imaginación decora con lo que él cree, son los argumentos de su adversario.

Me recuerda mucho una situación que se dió en mis años mozos (en la ahora lejana década de 1980) cuando se me ocurrió confesarle a un amigo que veía Candy Candy:

Yo: Sabes, yo veo Candy, Candy

Amigo: Ayyyyyyyyyyy ¿Tu ves Candy Candy? Ayyyyyyy valeee….

Yo: Bueno, la historia es buena y…

Amigo: Ayyyyyy valeeeeee tu ves Candy Candy, a ti como que te gustan las muñecaaassssss ¿Te gusta Barbie? Ayyyy valeeeee te gusta Candy Candy…. ¿También te gusta tomar el tecito con tus amigaasssss? Ay valeeeee…..

c) Reductio ad Hitlerum (la carta Nazi)

Y llegamos al arma secreta chavista. Guardada bajo siete llaves, en siete diferentes templos, al cuidado de siete sabios, el Reductio ad Hitlerum es una variación de la «falacia del hombre de paja»:

Interlocutor 1: Creo que deberíamos reducir el tránsito en las autopistas, y obligar a todos los motorizados a llevar un distintivo que los identifique.

Interlocutor 2: ¿Distintivo? Es que yo lo sabía chico. ¡Yo lo sabía! ¡Todos estos escuálidos son iguales… ¿Tu sabes quien quería que la gente usara distintivos? ¡Hitler! ¡Los Nazis! ¡La derechaaaaa! Es que no tienen remedio… ¡¡¡TODOS estos escuálidos son unos fascistas!!!!

La «carta Nazi» es la estrategia favorita del chavismo y del extremismo, que al compartir una visión del mundo «blanco o negro, o estás conmigo o eres mi enemigo a muerte», busca desacreditar al adversario por el medio más radical de todos, la comparación con el ser más detestable de toda la historia: Adolfo Hitler. Bajo este esquema, cualquier idea (cualquiera, realmente) puede ser puesta a pasar coleto, siempre y cuando esa idea haya sido compartida por Hitler. Por ejemplo:

¡Una «lógica» contundente!

d) El falso dilema

El chavismo es extremismo, y por lo general los extremismos no se llevan bien con los puntos medios. Y ese es precisamente el punto de la falacia del «falso dilema», una elección limitada, donde «o corres o te encaramas»:

Interlocutor 1: Estoy pensando en darle el voto a la oposición.

Interlocutor 2: ¿Que te pasa chamo, estás loco? Con Chávez todo, sin Chávez ¡¡¡NADA!!!!!!

Interlocutor 1: Chamo, es hora de un relevo.

Interlocutor 2: Relevo nadaaa. Dentro de la revolución TODO, fuera de la revolución NADAAAAAAAAA.

El falso dilema plantea las cosas en blanquinegro (como el Reductio ad Hitlerum): O es chicha, o es limonada. O estás de acuerdo conmigo, o entonces eres mi enemigo. Es un poco como el juego entre un par de niños que todavía están bastante lejos de la madurez:

Niño 1: A ver elige ¿Si te ponen a Juana la fea, o la Doña Alicia de la cantina, a quien besarías?

Niño 2: ¡Ascooooo!!! ¿Y no puedo elegir otra cosa?

Niño 1: No, no puedes, no puedeeeessss. Tienes que elegir…

e) Argumentum Ad Hominem (argumento contre el hombre)

Esta quizá es la barajita más repetida en el album chavista: El ataque al hombre, y no a su argumento. Creo que no necesita más presentaciones (o explicaciones):

Interlocutor 1: La propuesta de seguridad ciudadana del candidato opositor suena interesante.

Interlocutor 2: ¿Interesante? ¿Por qué? Es el candidato majunche…

Interlocutor 1: ¿Y que tiene que ver eso con su propuesta?

Interlocutor 2: Nada chico, es un MAJUNCHEEEEE. No me interesa lo que tenga que decir…

f) Cherry picking (o la falacia de la evidencia incompleta)

El arma de elección de personajes como Mario Silva o Jorge Amorín (o Pedro Carvajalino): Sólo presentar una parte de la evidencia (por lo general, la más picante y escandalosa) como prueba irrefutable de nuestros argumentos:

Lo irónico del cherry picking, además de ser una táctica manida (más vieja que ir al baño sentado) es que no es exclusiva del extremismo izquierdista que es el chavismo. La extrema derecha (la derecha real, no la imaginaria y de comiquita que se inventan en las noches Amorín y Mario Silva) la usa desde hace años. Sean Hannity, columnista y presentador de Fox News, conocido por su extremo conservadurismo, sacó en su momento un segmento en su programa Hannity & Colmes llamado la Hate Hannity Hotline (o la «Línea para odiar a Hannity»), un espacio donde dejaba que los televidentes que obviamente tenían un gran desagrado por su persona descargaran toda su furia via contestadora telefónica. Luego (en la más pura tradición Fair & Balanced de Fox News) ponía al aire a los más groseros y ordinarios ¿Con que fin? Con el mismo que persiguen Amorín y Mario Silva en su esperpento nocturno: Demostrar de forma «irrefutable» que aquellos que les llevan la contraria (en el caso de Hannity los «liberales», en el caso de Amorín, Mario Silva o Pedro Carvajalino los «escuálidos o majunches») son todos unos enajenados mentales sin remedio.

f) Presentismo (o la trampa del anacronismo)

Esta la he querido dejar de último, porque de hecho, no es una falacia lógica: Es una tendencia literaria e historiográfica en la que viven enclaustrados los seguidores del chavismo. Es la trampa de conjugar el pasado, en tiempo presente, y de transferir las ideas, pensamientos y posturas del Siglo XXI a personajes históricos de otros tiempos y contextos.

El chavismo vive de este engaño, de promocionar (por ejemplo) a un Bolívar casi-guerrillero, marxista y ultra-revolucionario de izquierda, cuando no fue ninguna de esas cosas. Pintar a Bolivar dándose la mano con Marx (que lo ridiculizó, cuando tuvo la oportunidad de escribir acerca de él) o el Ché Guevara, es la mayor estafa de todas. ¿Podría ser Bolívar, alguien de ultraizquierda, cuando advertía (a la luz del affaire de Piar) acerca de «los peligros de una pardocracia», de una sublevación y guerra de razas al estilo de Haití?

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