Rise of The Planet of Apes: Ensayo sobre la Barbarie y el colapso de la Civilización

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Evolución digital de la serie original manufacturada por los tradicionales cánones analógicos de la industria. Tim Burton fue el último en aferrarse a ellos y sucumbió debajo de sus kilos de maquillaje, plástico y cartón piedra, a pesar de conservar el espíritu guerrillero y “camp” de la franquicia, según la ironía de la sensibilidad posmoderna.
Pero el público no acompañaría al director en su idea de resistir a los cambios de la era informática, a través de la reivindicación de las técnicas clásicas de Hollywood.
Era la principal apuesta del realizador en su trabajo de encargo. Hoy lo consideran uno de sus largometrajes fallidos, por quedarse a medio camino entre la deconstrucción satírica y el alegato salvaje de otra generación perdida. Mucho mejor le iría con la comedia macabra, de aliento anacrónico, “El Cadáver de la Novia”.
En cuestión de tiempo, la melancolía del chico ostra sería vencida y superada por los productores de la saga de los primates, para adaptarla al contexto del tercer milenio, bajo el influjo del sistema de captura de movimientos y los experimentos cibernéticos de Peter Jackson.
Es así como renace “El Planeta de los Simios”, a la manera holográfica del Gollum de “El Señor de los Añillos” y el “King Kong” mutante del gigantesco Andy Serkis, quien bendecirá con su presencia el esperado levantamiento informático de la rebelión de los macacos contra el género humano. Por cierto, una acertada metáfora de las batallas audiovisuales de la contemporaneidad.
El hombre diseña espejos antropocéntricos de sí mismo por ordenador, a la espera de domesticar a las demás especies y brindarles facultades propias de nuestra condición.
Sin embargo, como en el cuento de Borges y la novela de Shelley, los reflejos acaban por cobrar una forma distinta a la estimada y de inmediato procederán a enfrentar a sus padres adoptivos, cual Frankestein, en la búsqueda por la identidad individual y la independencia colectiva.
Por tal motivo, el subtexto guarda correspondencia con el alegato sedicioso y libertario de “Espartaco”, cuya versión de Kubrick supuso un grito de contestación ante la represión ideológica de la posguerra con la cacería de brujas. Por algo su libreto de 1960 corrió por cuenta de la víctima del macarthismo, Dalton Trumbo, uno de los diez sentenciados por el tribunal bufo del senador republicano.
50 años después, el contenido de su argumento consigue una posible resurrección en “Rise of The Planet of Apes”, aunque con ligeras y grandes diferencias de contexto.
En el 2011, al parecer de la pieza, siguen vigentes las razones y las causas para sacudir la jaula y el circo romano del estado, a merced de los mercaderes y los poderes de ayer y siempre. De repente, el panorama político, dentro y fuera de la meca, es distinto al de décadas atrás.
Aun así, el film se las arregla, con inteligencia, para justificar la emergencia de su marcha de los indignados, hartos de vivir como ratas de laboratorio, atracciones de feria, peluches de zoológico y esclavos de la ciencia ficción.
Poco a poco, la obra comienza a desplegar sus denuncias y críticas, para explicar el despertar de la conciencia de la manada condenada al campo de concentración de San Francisco. Símbolo de los centros de detención del siglo XXI, hechos a imagen y semejanza del confinamiento de Alcatraz.
El plot describirá el escape de la cárcel, con guiños directos a la aventura penitenciara del recluso fugado de Clint Eastwood. Acá el mono César planeará y llevará las riendas de la increíble evasión, celebrada por la audiencia en un acto de identificación directa con el pueblo oprimido de la trama.
De seguro, “Rise of The Planet of Apes” es una invitación al rebaño domesticado de San Francisco, a recuperar su confianza en la protesta legítima por el reclamo de sus derechos conculcados por la crisis y la depresión.
Por ironías de la vida, su estreno anticipa la actual atmósfera de descontento, condensada a lo largo y ancho de Estados Unidos. Por ende, el desarrollo narrativo admite una lectura afín a la debacle del sueño americano encarnado por Obama, luego de la gestión bochornosa de Bush. De ahí el temple afroamericano del villano de la partida, al margen de cualquier apelación al racismo de los años de Griffith.
En efecto, los malos son de todos los colores y estratos, a diferencia de la visión maniquea de Eisenstein en “El Acorazado Potenkim”. Por consiguiente, el “Octubre” o la huelga general estalla por la mezquindad de varios arquetipos del materialismo histérico y la sociedad del bienestar: un desalmado guardián, un codicioso jerarca corporativo y una legión de policías armados hasta los dientes.
Paradójicamente, las únicas esperanzas blancas recaerán en las figuras del inventor de la semilla de la autodestrucción, James Franco, y de su padre, John Lithgow, en un papel conmovedor y metalinguístico a partes iguales. Por un lado, recuerda a la cabeza de la familia de los ochenta, empeñada en adoptar a pie grande, al estilo de “Alf”. Suerte de interpretación kistch del concepto de tolerancia hacia la máxima alteridad. En paralelo, presta el físico para incorporar el melodrama y la tragedia de la enfermedad del alzheimer, como corolario de una meditación acerca del desvanecimiento de la memoria.
Entonces “Rise of The Planet of Apes” vuelca su mirada al pasado extraviado en el laberinto de las neuronas, para abogar por una refundación de los valores en el futuro.
De allí la obvia filiación con el sentido utópico de los sesenta y setenta, cuando las comunas de hippies albergaron el sentimiento de culpa de cerrar zoológicos y retornar a los animales a sus feudos de la naturaleza.
Incluso, muchos emprenderían la aventura de abrirles un espacio en sus respectivas moradas, como lo observamos en el famoso documental,“Koko: Conversation with a Gorilla”, antecedente de las panorámicas y los paisajes idílicos de la prosa poética del autor de la empresa, Rupert Wyatt, prometedor conciliador de la estructura rígida de los tres actos con el cinético retorno al espectáculo de síntesis del enfoque silente.
El montaje, la puesta en escena y los planos secuencia aportan dinamismo y energía a un relato formateado con nudo y final predecible. Por fortuna, la reiteración de fotos fijas y acciones trilladas, no desemboca en un desenlace almibarado, del gusto de los dueños del negocio.
A la inversa, el mérito de “Rise of The Planet of Apes” radica en traficar y meter de contrabando la carga subversiva y conspirativa del filón de los simios.
Por tanto, el epílogo clausura con inquietud, rabia y luces de disidencia, una función aparentemente de trámite para comer cotufas, beber refresco y llenarse de tequeños.
Uno goza con la exposición de su filosofía zombie, clase “B”, a la usanza de George Romero en “Tierra de los Muertos”.
Evoca a John Carpenter y sus ejercicios de semiótica pop de trincheras.
Luego de verla, dan ganas de salir a impartir justicia en el mundo.
Ni hablar de su parentesco conceptual con “Hunger”.
Es la historia del fracaso de un proyecto moderno y quimérico. El de James Franco para rehabilitar los tejidos decadentes del globo. Lamentablemente, la cura acrecentó los síntomas de la barbarie del planeta, y lo convirtió en una pesadilla de espanto y brinco.
El infierno en la tierra de nuestros pecados cometidos.
A pagar por los errores y a aguardar por sus correcciones.
Por lo pronto, bienvenidos al recrudecimiento de la epidemia, del contagio, de la extinción, de la catástrofe.
Fija en mi lista del 2011.

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Rise of The Planet of Apes: Ensayo sobre la Barbarie y el colapso de la Civilización, 4.0 out of 5 based on 4 ratings

1 Comentario

  1. como seguidor d la saga el planeta de los simios, la i sin ningun prejuicio, fui a disfrutar la nueva pelicula de la saga. y creo que todos los amantes de la buena SF fueron a verla con el mismo espiritu.
    la disfrute sin hacerle mucho mucho coco y me gusto. me parecio una buena manera de continuar la saga de esa serie de culto.
    de pana no me fije en nada de lo que tu dices aqui, pro en retropectiva, veo que tienes razon.
    Gracias por aguarme la pelicula.
    Te espero a la salidad

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