El Último Cuerpo:La Crónica Roja en Salsa

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Tercer estreno venezolano del año y el tercero para su director. En ambos casos, podría tratarse del mejor largometraje criollo de la temporada hasta la fecha,así como lo sería para su autor, a pesar de sus bemoles.
Al respecto, Carlos Daniel Malavé no es una figura estimada por la crítica nacional, a consecuencia de ciertos eventos desafortunados donde las acusaciones van de lado y lado.
Tiempo atrás,el cineasta hizo comentarios políticamente incorrectos, mientras increpó personalmente al colega Ricardo Azuagua por hacer su trabajo. Sin duda, una conducta reprochable, cuya forma y estilo parecen haber quedado en el pasado. Por cierto, no lo digo de la boca para afuera,sino porque me consta.
En los últimos años, Malavé hizo el esfuerzo por aproximarse a la prensa en otros términos, para darle un vuelco a su imagen y mostrar su lado humano.
De hecho, tuvimos ocasión de conocerlo e invitarlo para nuestra clase de cine, a objeto de compartir sus experiencias y discutirlas con los estudiantes, quienes al principio se mostraron escépticos del valor de la dinámica, pero luego la estimaron a la luz del testimonio de vida del personaje. “Las Caras del Diablo” había llegado a la cartelera y los alumnos se dividían entre posiciones encontradas de amor y odio ante ella. Igual sucedía con el cineasta.
En lo personal, descubrí en él a un espejo de mi pasión desenfrenada por el cine, dispuesto a defenderlo a capa y espada, como un Quijote a punto de encarar a sus demonios y gigantes.
En efecto, para llevar adelante sus proyectos debió enfrentar los innumerables molinos de viento de la burocracia, el sistema y la empresa privada, a fin de concretar sus ideas del papel a la pantalla.
De sus anécdotas de auténtico “insider”,podríamos extraer una moraleja aleccionadora y devastadora de cómo se bate el cobre en nuestro país a la hora de producir y lanzar una cinta nacional al mercado de consumo, con el apoyo de los clásicos gremios y entes adscritos de la plataforma, siempre bajo las presiones ideológicas de la superestructura bolivariana.
Por tal motivo, su carrera tiende a encaminarse a la búsqueda de una necesaria independencia, al margen de las negociaciones y cabildeos absurdos con los poderos fácticos, empeñados en exigir presencia de la marca del presidente, a cambio de invertir en el desarrollo y la terminación de una pieza audiovisual.
No en balde, te obligan a firmar documentos en La Villa para filmar y rodar guiones de hierro, con el compromiso de no ser alterados en la fase de ejecución. Una censura previa a la libertad de expresión en la tristemente celebre tradición de la época de Stalin, cuando era imperativo rendirle culto a la personalidad del dictador en las obras de arte del realismo social, so pena de ser excomulgado, desaparecido o condenado al destierro de Siberia.
Ni hablar de las concesiones al uso naturalizadas y normalizadas por el gremio, como usar el color rojo en un momento estratégico de la ficción, apelar al lenguaje de la corrección política, reivindicar a las minorías, celebrar cantos a la dignidad de los nadies, reafirmar la mitología histórica de nuestros próceres, identificarse a juro con el sentimiento kistch de las glorias patrias y compartir las mentadas virtudes del estado paternalista y misionero, al extremo de conducirte a desplegar afiches de Chávez en la puesta en escena y “exhortarte a colocar” pantallas de plasma en el set, para ellos sacar después propaganda roja por ahí. Son los cuentos oscuros y brutales del cine nacional en la actualidad. Pero apenas rozamos la punta del iceberg.
De cualquier modo, “El Último Cuerpo” se emplaza en el entorno antes aludido, para intentar salir de su círculo vicioso. Por desgracia, lo logra a medias y a golpe de discutibles decisiones éticas y estéticas.
Para empezar, se vuelve a contar con el respaldo de la plataforma,al darle cabida a su batería de logos,membretes y sellos de fábrica.
En paralelo, regresamos al formato demagógico y populista de la televisión enlatada,a la usanza de una culebra de misterio como “La Viuda Joven”, una serie como “Archivo Criminal” y un reparto como de obra de teatro del Trasnocho, con sus notables excepciones.
Por tanto, se sigue pagando tributo a las deudas y herencias adquiridas en la programación dramática de los canales de la caja boba.
Del casting, destacamos la solvencia profesional de Goite, Ferrari, Canache y Jean Paul Leroux, aunque los sentimos entre desiguales y heterogéneos en el manejo del acento marabino.
Lo mismo ocurría en “Samuel”,según Daniel Dannery, por culpa de acudir a actores de la capital para interpretar a personajes de la mal llamada provincia.
Los expertos en asuntos de la cultura del Zulia, corroborarían nuestro punto. A propósito, la identidad de una ciudad tan peculiar y característica, se me diluye a través de una galería google de postales y fotos fijas del calendario de la tierra del sol amado.
No soy precisamente un fanático de la ciudad de origen de Carlos Caridad y Milagros Socorro. No obstante, aprendí a quererla gracias al cine y a documentales como “Maracaibo con vista al Lago”.
Pues bien, “El Último Cuerpo” pierde la oportunidad de sacarle el jugo a la locación, al refugiarse en espacios de “carencia referencial” y no lugares de oficina, lamparita y escritorio, como de estudio de Venevisión.Una escenografía de cartón piedra, poco verosímil y consistente, guarecida en apartamentos, bares y redacciones de periódico de plantilla, de molde, de decorado gris,cual tramoya de “Qué Locura”.
Por defecto, las voces suenan a parodia de Rafucho el Maracucho en “Radio Rochela”. Para colmo, la música tampoco eleva el nivel de la banda sonora, al reducirla al plano de un mero acompañamiento conductista de las secuencias, para subrayar sus diferentes estados emocionales. Las tonadas irrumpen abruptamente y se despiden como ecos de una librería de prepago, de un hilo musical infiltrado en la sala por problemas de acústica.
Retornado con el tópico del elenco, los demás secundario son prescindibles, salvo por dos nombres: Jackson Gutiérrez y Juan Carlos Adrianza. El primero es de morirse de la risa en cada una de sus intervenciones como malandro importado de las filas de “Azotes de Barrio en Petare”. Su espontaneidad dota de frescura y naturalidad al cuerpo rígido y académico del plantel estelar.
El segundo es mi favorito por su carisma y sentido del humor al incorporar a un travesti deslenguado, extraído de un concurso de imitadores de Agrado de “Todo sobre Mi Madre”.Ciertamente es un estereotipo desgastado. Aun así, el joven actor le aporta su dignidad y su encanto.Es la principal sorpresa de “El Último Cuerpo”.
A Ferreri y Jean Paul los noto seguros y aplomados en sus respectivos roles de villanos. Por su parte, Goite se roba el show, cumple con la difícil tarea encomendada y supera con creces la prueba de reencarnar al la leyenda del periodismo de sucesos,Heberto Camacho, ahora denominado Heriberto Camargo. Todo un personaje de la picaresca criolla a la altura de un “Torrente” maracucho, auxiliado por un fiel escudero. Lo divertido es verlos metiendo las narices donde no deben, manipulando evidencias, haciendo justicia por su propia mano y desenredando los entuertos del brazo tonto de la ley,comprometido con las mafias del sector.
El antihéroe es una excusa para desnudar la descomposición institucional de la región, a merced de sicarios, bandoleros, ladrones de cuello blanco y agentes uniformados al servicio del abuso de la autoridad.
Entonces surge la vieja esperanza en el impacto de la prensa tradicional, para desenmascarar a los criminales,señalar a los culpables y destapar ollas podridas, silenciadas por los responsables y culpables del establecimiento del caos. Una tesis romántica y discutible si consideramos el panorama actual de espanto y brinco, aunado al propio desprestigio del ejercicio del periodismo en Venezuela.
Acá Malave no escurre el bulto y también le tira al cuarto poder, en su asociación con el mal estado de las cosas. Por algo, el protagonista será una víctima de la autocensura del medio donde trabaja. Sin embargo, a su denuncia le faltó profundidad y mayor compromiso con la realidad.
Para evitarse inconvenientes, los nombres de las instituciones y personajes son alterados, repitiendo la costumbre de recrear el ambiente enlodado de una policía inexistente, de mentira, presta a quedar bien con dios y con el diablo.
Asimismo, el director peca de complaciente con su protagonista, al justificar sus acciones y exponerlo como una suerte de predicador callejero, empeñado en vociferar y declamar monólogos a diestra y siniestra.
En la entrada,en el inicio,es un recurso interesante para ventilar descontento y brindarle dureza a la atmósfera de cine negro. Un par de soliloquios de Goite son brillantes. Por desgracia, después su afán de tomar la palabra se convierte en un efecto boomerang, en un signo agotado,en el discurso del rey, en una pequeña cadena de vocación pedagógica.
Con todo y en descargo del director, “El Útimo Cuerpo” resucita el espíritu pecaminoso de los cangrejos de Chalbaud,Bolívar, Azpurua,De La Cerda y Walerstein. Lamentablemente, el saldo es irregular y disparejo.Carece de fuerza de atrás para adelante y de arriba hacia abajo.
Las secuencias de acción son imprecisas,precarias y de una resolución amateur. Se comulga con el cine guerrilla y la bandera de la alternativa digital. Sin embargo, pareciera que se hace más por necesidad económica que por convicción de experimentar con los dispositivos tecnológicos.
El argumento se estira como el chicle y se digiere como una ración de huevos chimbos. Es la típica aventura de suspenso y misterio, a la caza del sospechoso habitual, para cerrar con el sofisma de “el crimen no paga”.
Las manzanas podridas son purgadas en el happy ending, y al espectador se le permite soñar con la farsa de la limpieza policial desde adentro,cuando todo sigue igual en la pequeña Venecia.
Me preocupa la forma ligera de abordar el asunto de las drogas y el travestismo,apelando a una óptica alarmista, binaria,maniquea y de talk show. Los drogadictos mueren por su adicción y los transformistas son castigados con la pena capital.Percibo un aire de homofobia a cuestionar,solapado en el personaje del dueño del Casino.
Por último, mueve a la suspicacia la manera de denunciar a los dirigentes políticos del Zulia,al compararlos con los candidatos de oposición en el estado. En tal sentido, “El Último Cuerpo” puede resultar pareciendo una caricatura en contra de Pablo Pérez y Manuel Rosales, descalificados por la inquisición de “La Hojilla”, “Los Papeles de Mandiga” y “Zurda Konducta”.
Es decir, la clásica satanización de los empresarios, los propietarios y Gobernadores de un Nuevo Tiempo, acusándolos de testaferros de las mafias nacionales y extranjeras.
Los diputados del PSUV aprobarían el mensaje de “El Último Cuerpo”.
Es cuando marco total distancia con la película del colega.
De todos modos, es solo mi opinión y mi percepción.
Estoy dispuesto y abierto a discutirla en el foro.
Con todo,reafirmo lo dicho:“El Último Cuerpo” es la mejor película venezolana vista por mi,durante la temporada.
Al menos no esconde la cabeza,como la avestruz,ante la realidad de nuestros problemas sociales contemporáneos.
Pulgares arriba por rescatar a Heberto Camacho en clave de biopic de los bajos fondos. Es un apreciable marco de debate para los dilemas del periodismo comprometido en la actualidad. Los chicos de la generación 2.0 merecen conocer la historia no oficial del gremio, con su salsita y su lado oscuro.
Para culminar la nota, guardo una incertidumbre inquietante. ¿La escena del brindis con el cadáver en la morgue no es un pelo gruesa? Yo entiendo su parentesco con la visión sangrienta del periodismo, por parte del protagonista. Igual confunde y termina por vincularse con la pornografía gore de las fotos de Abu Grahib.
Para mí, allí reside el principal problema de “El Último Cuerpo”. No parece haber un verdadero contrapeso moral a la falta de ética del protagonista.
En resumen,se acaba por exaltar su culto mercantilista,egocentrista y oportunista de la muerte, más allá de sus múltiples sermones para disculparse y excusarse.
Es un retrato a la medida de su autoindulgencia.
PD:en cuanto a las mujeres,se les continúa subestimado y explotando como comparsas y víctimas de los machos en disputa.

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