Feliz año.

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En mi vida personal, 2013 comenzó visualizándose como un año excelente. Pero este año fue muy loco. Me parece que fue un año en el que todo el mundo peleó por el dominio y atención de los demás, tanto en el sentido de la moda como en el de la política internacional, que bastante terrible, deshonrada e imprudente fue como para recordarla con cariño. Tenemos en la cabeza un sueño americano en la peor de sus versiones: cada uno de nosotros va a la conquista del mundo. Tanto países como empresas y particulares siguen peleando por territorio y materia prima. Es lo que ha hecho el ser humano durante toda su historia.

El mundo está cambiando a un paso bastante acelerado, y aunque para muchos un año nuevo sea un comienzo, un punto de partida, cada año trae consigo una carga del anterior. 2014 será –al igual que 2013- un año de revoluciones extrañas, que se desenvolverán al ritmo de la era de la información y la globalización, al ritmo que dicten las potencias -ya veremos qué guerra se inventan ahora-, y en casos muy particulares, al ritmo que dicten países como Uruguay, que cerró el año 2013 pretendiendo romper el tabú en torno a la marihuana, pero dando inicio a un experimento social con un alto impacto en el continente, sea cual sea la finalidad de esa experiencia.

No soy de los que se reconforta de tener los problemas que tiene al ver los problemas de otros como peores. Si bien no tengo que caminar 5 kilómetros para conseguir agua del único pozo que surte a muchas aldeas africanas y tampoco soy un niño trabajando en una mina de Bolivia, no puedo menospreciar mis problemas de esa manera. Cada quién le da el valor a su vida, dependiendo de quién sea y cómo la viva.

Particularmente nunca me había planteado emprender toda esta cuestión de cumplir metas y objetivos a lo largo del año, de meditar en torno a ello durante los últimos días que quedan del agonizante año por pasar. Esa actividad siempre la vi muy relacionada con estas ideas que agrupan a Paulo Cohelo –es un cliché criticarlo, pero no me canso-, Carlos Fraga, Adriana Azzi, Reinaldo Dos Santos pero con un poquito de John Lennon y Carlos Marx. Típico pensamiento de ama de casa que hace rituales de Feng-Shui, apela al astrólogo y al whiskey para que gane un personaje tan distante a sus ideas –¿o no tanto?- como Capriles, mientras le cuenta a los amigos de sus hijos –altos marihuaneros- que ella en su juventud tuvo mucho amigos hippies que fumaban, con una hilaridad sugerente. Como para decirle “Invítela, señora”.

Sin embargo, lo hice –sin libros de autoayuda, por supuesto-. Escribí mis metas en cuaderno y aquí estoy escribiendo estas líneas que serán publicadas en PN, un lugar donde todos dudan de la intelectualidad de todos, donde la confianza en los escritos ajenos es destruida con bastante frecuencia, pero que a pesar de todo sigue abierto para todo tipo de escritores. Todos los nostálgicos con los poetas beat, treinta añeras que un tiempo serán como la ama de casa que describí líneas antes, enemigos acérrimos de Leonardo Padrón que no han logrado lo mismo que él –tampoco me gusta por completo, los entiendo- y gente que simplemente es culta y no se mete en peos de política, ni critica la inteligencia de los demás porque tienen pasiones como el cine o el teatro, aunque también se pueda dudar de su nobleza.

Me doy la bienvenida a este portal, tengo unos años siguiéndolo y no me he animado a escribir. Parte de las metas de este 2013 es hacerlo, porque mis convicciones me han guiado a esto. A escribir y crear el hábito.

Salud y feliz año 2014.

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