De los Caudillos a los Nuevos Soñadores del Cine Nacional

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Hace poco tuve ocasión de leer una brillante nota publicada por Stephane Delorme en Cahiers du Cinema,a propósito del nuevo cine francés de la huida bajo el título de “Los Reyes de la Evasión”, enmarcada en un extenso “dossier” sobre el tema. Lo llamaron “Utopías y Refugios”.

En general, el estudio establece un interesante análisis de la corriente gala del tercer milenio, al comparar sus dos principales vertientes en pugna: el naturalismo o realismo moderno versus el escapismo quimérico de largometrajes como “Dioses y Hombres”.Al respecto, compartimos algunas conclusiones del trabajo:

“Estas tentativas de evasión aún siguen a la defensiva, creando islotes, pero sin saber realmente cómo poblarlos”.

“Estas utopías están gobernadas por el placer y el amor;el amor sobre todo en el sentido de hacer el amor(pintar o hacer el amor)”.

“Los mitos tienen necesidad de héroes.De mártires,de resistentes,de desertores.”

“Hacer que dure la burbuja de la utopía sin que estalle la creencia de los espectadores es todo un desafío”.

“Lo que molesta de esta búsqueda de la utopía es un rechazo,casi una fobia,a lo real”.

“A un cine a menudo cerrado sobre sí mismo, que mostraba las histerias colectivas bajo una capa de realismo, le sustituye finalmente un cine…¿qué muestra las histerias contemporáneas bajo una capa de utopía?”.

Salvando las distancias, en el descubrimiento de las líneas de arriba, pude encontrar una pequeña clave para comprender parte del cine venezolano del último año, por no decir todo, desde la fuga de “Un Chico que Miente”, pasando por los éxodos personales de “Dudamel”, “Una Casa con Vista al Mar” y “Reverón”, hasta culminar en la aventura desterritorializada y globalizada de “Er Conde Jones”, sin olvidar el viaje a Maracaibo de Carlos Daniel Malavé, en la búsqueda de su propia reinvención como narrador de cintas de género.

Al margen de la calidad de cada producto, los largometrajes criollos estrenados durante el 2011 revelan una necesidad, aunque sea mínima, por salir de nuestro pequeño círculo vicioso de historias endógenas y entrópicas , para ir al encuentro de una cierta alteridad y otredad perdida en la traslación.

Así, “Reverón” hará lo posible por reconstruir la imagen de un país inexistente y en ruinas, al amparo de la figura ejemplar de un genio incomprendido de su tiempo, empeñado en responderle al centro con su manera alternativa de comprender la vida.

De igual modo, el antihéroe de la tercera edad de “Una Mirada al Mar” deberá hacer lo propio, para redimirse en el afecto por “lo pequeño es hermoso” incorporado por una niña adoptada por él en un espacio bucólico de la costa venezolana, fuera del universo caótico y problemático de la capital.

Para rematar, “Un Chico Miente” emprenderá una odisea de corte similar, al asumir el estancamiento de su lugar de nacimiento, condenado al abandono social y moral, tras “El Ruido de las Piedras” del deslave.

En el periplo conseguirá rescatar su dignidad y la de los suyos, a través del contacto con la diversidad, con los diferentes, en una zona apartada de la civilización, donde lo espera una sintomática y acogedora madre.El femenismo como tabla de salvación de los desmanes de la república.

“Er Conde Jones” visita París, Jordania, Nueva York y Egipto, portando una cámara de Lumiere y un espíritu de explorador naiff, medio neocolonial, pero atento al enriquecedor contagio turístico con lo foráneo. Un subtexto de mutación del mentado “folklore”, sujeto a las trasgresiones de las culturas híbridas, al calor de los chistes políglotas del hijo de Albertina; lo más cercano a un insólito traductor vernáculo del idioma de la acción de Hollywood,sometido a su particular deconstrucción populista.

Por último, “Dudamel” desarrolla un proyecto de divulgación oficial de una misión musical, diseñada por el Maestro Abreu en beneficio no sólo de la infancia del país sino del mundo entero. Entonces, “El Sonido de los Niños” extrapola la idea fundacional de “Tocar y Luchar” hacia múltiples direcciones y destinos continentales, de Bolivia a Estados Unidos, para terminar regresando a los barrios de Caracas.

Verbigracia, sigue persistiendo la urgencia y la obligación de retornar a la comodidad de la casa por parte de nuestros realizadores. El hogar parece ser el único bastión a recuperar de sus escombros, en la lucha y en la defensa contra la erosión del entorno. Una actitud de resguardo ciertamente indicadora de los altos índices de inseguridad y de incertidumbre de cara a las amenazas del siglo XXI a la propiedad privada.

Aparte, refleja la vigencia del sentimiento individual delante de las exigencias de colectivismo impulsadas por el estado. Por tanto, los personajes del cine nacional fabrican moradas en forma de búnker, para proteger sus principios, tradiciones y sueños, a la usanza de Robinson Crusoe.

Un caso curioso es el del protagonista de “El Último Cuerpo”, quien también decide limpiar su “concha zuliana”, devenida en nido de ratas por culpa de la corrupción institucionalizada. Alter ego de un enfoque crítico, de una visión pesimista de la nación, de la metrópoli según la óptica de la novela negra. Por ende, el ciclo y la tendencia cierra a la perfección, en el dilema y la dualidad planteada. La moraleja del choque y del conflicto es obvia.

Mientras el tejido urbano se pervierte, un periodista, un director de orquesta, dos pintores y un comediante con alma de vigilante paródico, se despiden de su pasado y presente gris para ir al encuentro de su musa, de su inspiración, de su bola criolla de cristal, de su futuro incierto, de su cambio de página, de su resurrección humanista.

Quizás hay mucho de ingenuidad y kistch en la formulación del concepto, bajo la batuta de los creativos de la muestra a considerar. De seguro, echamos en falta mayor contundencia política en la denuncia y en la invitación a edificar la polis paralela. A lo mejor sobran condimentos y aditamentos caducos de relato qualité, artie, impostado, chaborro.

Sin embargo, ya marca un antes y un después. De repente es el anticipo y el anuncio de una corriente distinta por venir, dentro y fuera de la pantalla grande.

Por mi lado, le doy la bienvenida con los brazos abiertos, a los nuevos Reyes de la utopía audiovisual en Venezuela. Al menos,a pesar de sus defectos, suponen una respuesta al cine de caudillos históricos y trasuntos del Comandante en Jefe, desmontados por colegas de la talla de John Manuel Silva y Edilio Peña.

Viva la resistencia al pensamiento único.

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