Agentes del Destino versus Los Próximos Tres Días: Pasa en el Cine, Pasa en el Fútbol

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Si las dos películas fuesen equipos de fútbol enfrentados en la Copa América, deberíamos declarar el empate entre ellas antes de comenzar con la comparación.

De hecho, guardan innumerables correspondencias en su accionar de juego. Ambas dependen de una pareja de estrellas para desarrollar sus argumentos y las dos administran el balón del guión, alrededor de la cancha del thriller urbano y conspirativo.

Sin embargo, para hacer más emocionante el relato, ofreceremos el resultado al final de la reseña.

Antes describiremos y comentaremos las incidencias del cotejo, donde se lucha por la camiseta del amor,el libre albedrío y la depuración de la burocracia futbolera, cuyo principal enemigo es el estado y el Leviathan reencarnado en la figura de una cárcel(Los Próximos Tres Días) y de una agencia de inteligencia al estilo de la CIA(Agentes del Destino).

Por ende, es hora de arrancar con la narración del cotejo. En las primeras de cambio, debemos presentar a los técnicos de las selecciones en pugna.

Por un lado, Paul Haggis viene de ser considerado una suerte de Richard Páez, apegado al melodrama coral y a las intrigas “chorongas” de pelota inquieta. Aquí terminaría por desplegar uno de sus mejores trabajos por la manera de conservar la tensión desde el inicio hasta el final del choque, cuando sus protagonistas alcanzan su ansiada redención, al margen del estadio del sueño americano.

Paradójicamente, deciden refugiarse en Venezuela, después de escapar de la prisión de Estados Unidos. Por lo visto, Haggis no conoce el estado decadente de nuestro sistema penitenciario. Los reclusos del Rodeo pagarían y matarían por acceder a los privilegios de confinamiento expuestos por “Los Próximos Tres Días”.

De ahí las risas nerviosas generadas durante su proyección en Caracas. Además, el retrato del país no deja de parecer un tarjeta postal, digna de los avances y las promos de la Copa América sobre las bondades turísticas de Buenos Aires y La Plata.

En consecuencia, la trama de la cinta acaba por encajarse un autogol, tras desempeñar un oficio vistoso para la grada, al ritmo de cabriolas en cámara lenta, gambetas al borde del área del suspenso y algunas sorpresas escondidas para el desenlace.

Lamentablemente, también se le cede demasiado espacio a las zancadillas, los golpes bajos de la tragedia novelera y los excesivos giros de tuerca, por cortesía del capitán de la oncena. Ni hablar del diseño reprogresista del diez del reality show, Russel Crowe, quien sigue vendiéndose como el benefactor de la comarca, como el héroe mesiánico y paternalista indispensable para garantizar la victoria de la moral, la familia y las buenas costumbres. Hipocresía de la responsabilidad y del “fair play” de la industria.

Por fortuna, se le permite exhibir su lado oscuro de defensor de la ley, devenido en su emblemático infractor, porque las víctimas son condenadas a convertirse en victimarios, a la luz de las injusticias de la sociedad del bienestar.

Mutatis mutandis, “Agentes del Destino” repite la fórmula de su oponente, al adaptar el cuento corto del ariete de la ciencia ficción, Phillip K. Dick, recordado por su impronta en la obra maestra del balompié de los ochenta, “Blade Runner”, equivalente de “La Naranja Mecánica” para la disciplina del género distópico.

En tal sentido, la nueva escuadra de Matt Damon no le llega ni por los talones a sus predecesores, así como “Los Próximos Tres Días” continúa a la zaga de “Papillón”, “Escape de Alcatraz” y “The Shawshank Redemption”.

Una y otra revelan la nivelación y la igualación de la meca no hacia arriba sino en dirección a la zona de descenso, cual River Plate en crisis de identidad.

Lo único rescatable de “Agentes del Destino” radica en su lectura, aparentemente crítica, de las imposiciones ocultas de la FIFA de la república ante las realidades políticas del hombre promedio.

Según el libreto de la pieza, las elecciones y los candidatos para el mundial de la democracia americana, se escogen a dedo y por complejos intereses, entre miembros de una élite cerrada y camuflada, tipo el grupo “Bilderberg” en la tradición de los caballeros fríos y resolutivos de “Inception”. Teorías paraonicas propias de los enemigos de Joseph S. Blatter y de los jerarcas de la confederación del deporte rey.

De allí la incorporación de Terence Stamp al equipo de los villanos, para interpretar al demiurgo implacable, al arbitro encargado de llevar por el redil al Lionel Messi de la función, a punta de tarjetas amarillas y amenazas de roja.

Por consiguiente, Matt Damon recibe un salvoconducto de urgencia para emprender su táctica favorita: correr y correr de manera efectista como “Forrest Gump”, aunque sin su sentido del humor. Es decir, con cara de tabla como el apache Tévez.

No en balde, atiende al pie de la letra las órdenes de su Checho Batista, George Nolfi, escritor de “The Bourne Ultimatum”. A su modo, “Agentes del Destino” es su secuela menor, como Colombia lo es del trabuco del pibé Valdemarra.

Entonces a Matt Damon lo quieren poner a jugar banco, por andar de enamoradizo de su atracción fatal, de su mujer de armas tomar, influida por las damas de negro de la época dorada. El sexo es tabú para la política, dice entre líneas la película, así como se condena al equipo de México por liarse con unas prostitutas. Una idea de autocensura sugerida por la obra.

Con todo, “Agentes del Destino” opta por un camino sencillo,puritano y superficial, al decantarse por un “happy ending” de trámite, cercano a los previsibles empates de la Copa América.

El Candidato perfecto impide la caída de su marco en extremis, por la fuerza del cariño, mientras le propina una derrota a sus represores y marcadores.

Se nos invita a seguir confiando en el poder de convocatoria y de credibilidad del bipartidismo, pero a merced de las tesis reaccionarias y conservadoras de los republicanos.

A la gestión de Obama la negrean feo, la discriminan de la puesta en escena, la excluyen de la discusión, la ignoran.

Irónicamente, Matt Damon se pretende un adalid, un ícono, un líder, un Diego de la fracción demócrata, gracias a sus intervenciones en documentales y largometrajes como “Inside Job”. Mera tapadera de su complejo de culpa de rico y millonario concienciado, obligado a ofrecer una imagen de alma caritativa. Es como la mascarada del subtexto de la Copa América. Una trampa demagógica, un supuesto alarde de bondad y entrega, saldado como un “show bussiness”,como un negocio de alto vuelo.

El resultado es el esperado. Gane quien gane, nosotros perderemos.

Es el triunfo del conformismo.

El cine aguarda por una definición diferente.

Por ahora, lo siento estancado como la Copa América.

PD:la mujer solo sirve de coartada,justificación y anzuelo.Merecía mayor profundidad.Se le encasilla en el plan de la doncella a rescatar.Clásica herencia western a revertir y discutir en próximas instancias.

Notamos la resurrección de los fantasmas de la depresión.Típico retorno al patrón de la superación de la adversidad.Tampoco hay evolución en los modelos narrativos.Un retroceso frente al esquema de historias paralelas de «Crash».

«Agentes del Destino» y «Los Próximos Tres Días» son lineales y apenas recurren a la transgresión por flash backs.

Por cierto,la estructura de la segunda es mejor.

La primera,a veces,da pena ajena y cae en el ridículo.

Los personajes secundarios brindan un bochornoso espectáculo,incluyendo a Stamp.

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