Una aproximación formal a Valquiria

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Ya hicimos la reseña sobre el contenido de la película, por lo demás inferior a su propuesta audiovisual. Por tanto,ahora procederemos a desglosar y a reinvindicar el trasfondo del guión técnico de la cinta.

Para empezar, Valquiria debe valorarse como un águdo ejercicio formal, plenamente inspirado en cinco referentes concretos:

5) El expresionismo alemán en homenaje a Fritz Lang, el verdadero padre del suspenso por encima de Hicthcok, quien le plagia al viejo alemán todos sus hallazgos descubiertos en la mítica “M”, indudable antecedente de “Valquiria”.

4) El film noir americano derivado de la pantalla demoníaca proveniente del país de Murnau en la víspera del ascenso de Hitler. Por decir algo, “Valquiria” replica el complejo y sofisticado engranaje de rolejería estilística forjado por genios como John Huston en “La Jungla de Asfalto” y “El Halcón Maltés”, posteriormente revisitados e intelectualizados por el “polar” Francés y el giallo italiano.

No en balde, Valquiria asume, por momentos, el tono riguroso, austero y frío del género policial a la usanza gala y europea, donde la palabra redundante es opacada por la polisemia del lenguaje cinético. En Valquiria se habla estrictamente lo necesario, como si estuviésemos en una sala de operaciones quirúrgicas, a la espera de extirpar un tumor maligno de la historia.Nada diferente al Cronenberg gélido de la magnífica “Dead Ringers”, con aquel par de hemanos gemelos unidos y separados por el entorno de la burocracia científica y tecnocrática del sistema médico contemporáneo. 

En específico, Valquiria me recuerda al trabajo del americano Jules Dassin cuando hizo “Rififi” en su éxodo parisino, así como tiende a evocarme el despojamiento de la puesta en escena del padrino de la nueva ola,Jean Pierre Melville, luego de ser deglutido por los maestros del minimalismo posmoderno, desde Kitano hasta Jarmusch. El brillante realizador Bryan Singer les rinde tributo, les hace sombra y busca abrirse paso entre ellos, al recuperar su brío independiente. Así regresa, con nuevos aires, el portentoso creador de la obra maestra, Sospechosos Habitaules.

Con toda justicia, “Valquiria” es su segunda mejor película, sobre todo en el plano de la concepción artística.Por cierto, la escenografía del film también es impecable, sin hablar de su vestuario, ajustado verazmente a la realidad aludida. En tal sentido, cabe destacar el esfuerzo del director por diseñar un decorado absolutamente analógico, al margen del efectismo digital en boga. Todo con la intención de recrear exactamente el espíritu del cine clásico de espías. Aunque no lo parezca, Valquiria le debe más al género de serie “b” que a la épica colosal del mainstream Hollywoodense, tipo “high tech movie” de Michael Bay a la manera de Brukheimer en la superficialmente espectacular “Pearl Harbor”. Aunque usted no lo crea, Valquiria es una pieza más cerebral que pirotécnica, al punto de llegarnos a reconciliar con el lado humano de Tom Cruise, un actor todavía capaz de sorprendernos y a quien estimamos no sólo por sus excentricidades camaleónicas sino por apoyar a los talentos malditos de la meca, empezando por Kubrick, pasando por Michael Man y terminando por Brian Singer.

A propósito, Cruise hizo con Man otra maravilla de film noir: “Collateral”, necesariamente emparentada a “Valquiria” por su decidido aire melancólico y existencial de western crepuscular.

Ojo con la filmografía de Tom Cruise, porque revela la identidad de un evidente arquetipo de nuestro tiempo de desafecto, tragedia, soledad y dolor sin remedio. Hay una constante en la carrera de Cruise: imaginarse con el rostro desfigurado. Así lo vimos en “Abre los Ojos”, “Trophic Thunder” y “Valquiria”. Con ello, muy a su modo, el galán seguramente nos quiere advertir de la plena conciencia de su fragilidad como ícono, de su obvio desdoblamiento,de su temor por la decadencia del cuerpo y de su tortuosa manera de haber madurado como estrella,a punta de golpes, traspies y aflicciones varias. Cualquiera de nosotros puede identificarse con él, en su justificada angustia y en su progresivo calvario. Es el calvario de todos, el calvario de la vida. El Calvario de Valquiria en su relación con “La Pasión de Cristo”.

3) Además, el trhiller de complot subyace en el logrado empaque de “Valquiria”, a la zaga y a la retugardia de la totalitad como conspiración de los años setenta. La desconfianza hacia el poder continúa su marcha funebre hacia el abismo de la sociedad mundial, en clara alusión a nuestra clase dirigente. Valquiria es un espejo del detrás de cámaras de “Aló Presidente”, del backstage de la Casa Blanca y el Pentágono en la hora loca de George Bush.

2) La marca de Robert Bresson luce como el sello de distinción retro a destacar de “Valquiria”. Robert Bresson imponía una contudente sequedad en la planificación de sus largometrajes. Robert Bresson obligaba a sus actores a expresar lo máximo con lo mínimo. Robert Bresson prefería trabajar con maniquís antes que con estrellas de la sobreactuación. Robert Bresson resucita con “Valquiria”, una suerte de “Pickpocket” de alto presupuesto.

1) Por último, cabe resaltar la enorme deuda militarista y protofascista de la empresa, pues ciertos planos de “Valquiria” jamás ocultan su herencia y su vinculación con el documental de Leny Rifenstein. Los encuadres y la fotografía emulan las composiciones de “El Triunfo de la Voluntad”, aparte de rememorar las angulaciones y las tomas de cámara del realismo soviético, según la teoría y la práctica de Sergie Eisentein en “Octubre”. De ahí el increíble montaje dialéctico e intelectual de la gran secuencia de “Valquiria”, donde un disco de Wagner salta en diferentes direcciones, para desnudar el subtexto bélico del film, netamente asociado al Corazón de las Tinieblas en versión Copolla. Por ende, “Valquiria” describe el mismo trayecto de “Apocalipsis Now”, bajo la guía de un hombre condenado a cumplir la misión imposible de asesinar a un superior de la jerarquía castrense. La única diferencia estriba en el final: el protagonista de “Apocalipsis Now” cumple con su tarea, a diferencia del personaje central de “Valquiria”, quien fracasa abiertamente en su operación. Después de todo, la mirada romántica de “Valquiria” termina siendo un arma de doble filo, cuyo alcance se resume en el rostro mutilado de nuestro “Harvey Two Face”.

Las dos caras de la ambigüedad moral del film, próximo y cercano al encuentro de Cristopher Nolan en “Caballero de la Noche” con los hermanos Coen de “Muerte entre las Flores”.

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