Número 70 | Mayo 2005
Mi hermana
En el renacer de la tarde rostros transfigurados corrían por el agua después de la tormenta. Caminé tratando de sonreírle a alguien pero todos esquivaban mi intención sin disimularlo, luego intente con las luces, con cada objeto extraño y desproporcionado buscando un distinto enlace hombre mundo, pero sólo un banquillo me mostró una Imagen de humillación similar. Afirmándome y contradiciéndome pedí perdón por la dimensión de mi parcial ateísmo y aquella lujuria religiosa, recorrí cierto trecho y caí sobre el asfalto de la calle. Bastaba que moviera mis manos para que todos se rieran, no podía levantarme de aquel lugar, la visión me era muy…
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