KEYNES, EL SALVADOR EUROPEO
por ROBERTOSIMANCASEl Lord Keynes, a despecho de los epígonos de la ideología del libre mercado y de los extremistas del estatismo, sin lugar a dudas es el economista de mayor marca en el siglo veinte. El hombre que lideró con sus ideas económicas el renacer europeo y norteamericano, el mismo que en 1919 clamaba- en sus ensayos de persuasión- la condonación de la deuda entre los aliados, como uno de los requisitos para evitar males mayores al viejo continente.
Será en el escenario político su pionero Franklin D. Rooselvet con el New Deal, recetario para darle tonicidad al aparato económico norteamericano en terapia intensiva con el desastre financiero del año 1929. Al pasar el huracán de las dos guerras mundiales, las economías que en el presente lideran el desarrollo económico, se olvidan de sus deudas, como lo hizo tío Sam con los suyos. Se cumple así aquello de evitar el conflicto no sólo europeo sino de las masas en efervescencia con la condonación de los pasivos financieros y la tarea de prestamista light de los gringos a través del Plan Marshall
Desde esa asunción de los planteamientos económicos como política de Estado, concretada en los planes de crecimiento y desarrollo económico, se entroniza la intervención pública más allá de la mera realidad institucional. El libre mercado dio paso, hasta la actualidad, a las economías de mercado controlado, caso de la U.S.A. y la Comunidad Económica Europea.
La realidad de Sur es muy contraria. El país, nuestro caso, vive durante el proceso libertario la presencia de enviados ingleses, franceses e italianos en las filas del ejercito bolivariano, personajes que trasmutados años después en las casas comerciales extranjeras- especie de bazar y banco- harían su reclamo de los empréstitos, cañoneando las costas patria por los años 20. Medio siglo después el auge de la deuda externa toma ribetes inusitados al calor del oro negro. Las acreencias con la banca internacional sigue en las economías periféricas sustrayendo recursos económicos al crecimiento y desarrollo económico. El presupuesto, cuantificación del plan gubernamental, traslada no menos del treinta por ciento de los ingresos a las bóvedas de los banqueros y bolsas de valores mundial y nacional.
El círculo perverso continua, ayer los hidalgos españoles extrayendo oro, plata y producción bruta para mantener la holgazanería imperial, hoy los portafolios de Nueva York, Tokio, Londres exigiendo sus intereses crecientes e incesantes de una deuda que más que externa, parece eterna. En ese escenario Keynes permanece dormido entre bostezos de hartazgos del grupo de los siete. Lic. En Administración



