¿Un país o un botín?

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Las cosas siempre pasan por y para algo. La situación de Venezuela además de convocarnos para motorizar un cambio político que se produzca lo más pronto posible, asumiendo siempre como requisito indispensable que sea pacífico, también debe provocar en cada uno de nosotros una reflexión acerca de la relación Ciudadano-Estado.

El régimen actual puso de nuevo de moda los términos “derecha” e “izquierda”, por supuesto dándole a cada uno la connotación que favorece a sus intereses. La verdad es que en la forma, el esquema mental, el sistema que impera en Venezuela, subyace un único modo de establecer las relaciones entre el Ciudadano y el Estado. Esta relación, desde que España tomo posesión de las colonias siempre ha sido de absoluta sumisión por un lado y sometimiento por el otro. Aunque a partir de 1810 hemos hecho todos los intentos conocidos por fundar Repúblicas, parece que poco se ha logrado.

Estamos en el siglo XXI y todos en nuestro interior pensamos que el Estado y/o el Gobierno es quien debe resolver nuestros problemas. No lo vemos como un administrador de los bienes comunes que sin duda requiere hasta un condominio, sino como el dueño y señor de nuestros destinos.

Esto es el caldo de cultivo — y los políticos lo entienden muy bien — para que los que ascienden al poder se sientan con prerrogativas que van mas allá de lo escrito en cualquier constitución. Es algo que llevamos en los genes y que solo una evolución en cada uno de nosotros, en el modo de asumir este asunto, puede hacer diferencia.

Es por eso que un cambio de gobierno no garantiza nada. Por supuesto que un grupo de delincuentes en el poder es menester erradicarlos cuanto antes, pero ¿después qué? ¿Seguiremos el rumbo que nos trajo hasta aquí?

El Estado debe estar al servicio de los habitantes de un país y no lo contrario. Pero si alguno de nosotros nos toca asumir responsabilidades de Estado ¿cómo nos comportaríamos?
¿Qué decimos o pensamos sobre  amigos y familiares que están en funciones de gobierno? ¡Fulanito está en la buena! Y es que, en el fondo, todos pensamos que esto es un botín, no un país.

Quizás esto tan feo que vivimos hoy se ha presentado para que veamos más allá de un cambio de gobierno. Puede que sea para que nos cuestionemos un futuro que se base en otras ideas y no las que hoy imperan. Toca estudiar, buscar, averiguar y que de allí salgan opciones distintas en el orden político y económico para el país y la región, porque todos padecemos del mismo mal que favorece al populismo y a las aventuras políticas que ofrecen imposibles  e invaden nuestra libertad.

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