El Venezolano Feo

EL VENEZOLANO FEO (2011)

Venezuela es un país que vive en crisis desde hace demasiado tiempo, no es ahora con Chávez/Maduro, no fue por culpa de Carlos Andrés Pérez o responsabilidad exclusiva de Rafael Caldera.

Un país rico en recursos naturales, con población joven y, supuestamente, un gran futuro por delante, está condenado al fracaso por una exclusiva razón: el venezolano.

Sin importar raza, credo, simpatía política o estrato social, el venezolano lleva décadas quejándose de lo mal que le va al país. Culpa a los políticos, pero además se refugia en la vieja excusa de país demasiado joven, reconoce el problema de educación que se respira en el entorno, pero no hace absolutamente nada por cambiar esa realidad que supuestamente rechaza. Y digo supuestamente porque si realmente al venezolano no le gustara el caos en el que se desenvuelve día a día, año a año, presidente tras presidente, ya hubiese hecho algo por cambiar ¿o no?

En Venezuela, según los venezolanos, ningún presidente en ejercicio ha servido para nada. Todos los hombres que han ocupado la silla presidencial han sido corruptos, ineptos, brutos, etc. Se dice que cada pueblo tiene el gobernante que se merece, quizá sea el gobernante que más se le parezca a la masa y como en el fondo el venezolano no gusta de sí mismo, una vez electo el representante del pueblo comienza el rechazo por la persona y sus actos.

El último ejemplo vivo está en pleno desarrollo. Hugo Chávez representa todo lo que es ese venezolano feo que quienes tienen cuatro dedos de frente rechazan y quienes no logran hacer más de una sinapsis al día adoran, porque es como ellos. Incluso aquellos que dicen odiarlo son, en el fondo, la misma persona.

Si hay una razón por la cual los venezolanos no han logrado sacar a Chávez del poder, es porque no han logrado sacar al Chávez que llevan por dentro. O vamos a decirlo incluyéndome ¡No hemos logrado sacar al Chávez que llevamos por dentro! Es terrible, incluso Yo llevo uno. Pero para poder superar esa debilidad, primero tenemos que admitir que tenemos un problema… aparte de las arcadas que nos provoca enterarnos que tenemos un chavista viviendo en nuestro inconsciente.

En nuestro país los valores nacionales se reducen a la viveza criolla, a la ganancia fácil, al logro de objetivos con el menor esfuerzo posible. El venezolano cuestiona la corrupción del poder, pero trata de ignorar el hecho de que es corrupto y ese es un antivalor que rápidamente aprenden en el seno de la familia. O quizá sea más acertado decir que son dos antivalores que viven en los venezolanos desde niños: la corrupción y la negación de los defectos propios.

Y por supuesto que la historia ha tenido que ver en el desarrollo de los valores patrios, que no quepa la menor duda de esto. El hecho de ser un país petrolero ayudó a que los venezolanos crecieran con la idea de que nacen ricos. La eterna protección a los empresarios y a los productores, los eternos subsidios a todo, las becas, la facilidad para encontrar trabajo cuando se pertenecía a algún sector político; todas esas han sido razones reales que le han hecho creer al venezolano que no hace falta esforzarse, son razones discutidas hasta el hastío y, sin embargo, siguen enarbolándose como excusas para actuar como irresponsables.

No obstante lo anterior, si usted le pide a un venezolano que le hable de las virtudes de su pueblo, mencionará, sin titubear, la virtud del trabajo. Según los venezolanos, éste es un pueblo trabajador. Yo soy de las que piensa lo contrario, Yo pienso que el venezolano es perezoso y hace apenas lo que se le exige, ni un poco más… y si puede, hace un poco menos. Pero no se altere por la generalización, Yo sé que usted, querido lector, es muy trabajador, al igual que sus padres y sus hermanos y su mejor amigo, incluso la señora que limpia en su casa es muy trabajadora.

Constantemente soy atacada por esos nacionalistas apasionados que insisten que el venezolano es trabajador y salen con ejemplos que incluyen el número de personas que sale de sus casas antes de las cinco de la mañana para ir a su trabajo. Yo siempre he dicho que eso se debe, no a que el venezolano sea trabajador, sino que el servicio de transporte es tan malo y las fuentes de trabajo o centros de estudios superiores están tan centralizados en ciertas áreas de las ciudades, que quienes viven lejos tienen que madrugar para llegar a tiempo.

Porque si el venezolano fuera trabajador ¿cómo se explica que la productividad de la mano de obra en Venezuela haya bajado 36% en el periodo 1978 a 2004? Eso no lo digo Yo, eso lo dijo Ricardo Hausmann, ex ministro de Planificación y profesor de economía de la Universidad de Harvard… algo debe saber ¿no? Curiosamente, 16% de esa caída de la productividad del trabajador en Venezuela ocurrió durante los primeros seis años del gobierno de Chávez. Ya hay un culpable, y es el que usted esperaba. Claro que mientras el venezolano se hacía menos productivo, en otros países la tendencia era al alza. La productividad de la mano de obra aumentó 51% en Estados Unidos, 98% en Chile, 179% en Tailandia y 585% en China. Sólo en Liberia, Congo, Nicaragua, Georgia y Costa de Marfil, países que han vivido cruentas guerras civiles, han presentado un desempeño en su productividad peor que el de Venezuela.

No obstante, la poca vocación al trabajo del venezolano feo, no nació con Chávez, lo que pasa es que durante la revolución bolivariana se han otorgado licencias “rojas rojitas” para la flojera y la desidia. Pero Yo he hablado con directores de transnacionales, con gente de empresas foráneas, con universitarios y profesionales que han tenido la oportunidad de convivir con venezolanos en el exterior y muchos coinciden en que los ejemplares con los que les ha tocado compartir no eran precisamente dados al trabajo. Y resulta que no sólo se reduce al grupo de bajo poder adquisitivo, porque me contaban que los profesionales venezolanos eran personas arrogantes que no se “rebajaban” a hacer cosas que no correspondieran a su nivel. Por ejemplo, un profesional venezolano no saca una fotocopia, no envía un fax, ni de vaina se sentaría en la recepción de la oficina si se necesitara allí, porque esas son labores secretariales que no corresponden a una persona de su nivel. Eso no lo digo Yo, eso lo dijeron muchos de los extranjeros a quienes entrevisté.

Seguramente habrá quienes están cargados de argumentos para rebatir mi posición, pero hay más, hay muchas otras “virtudes” que se adjudican los venezolanos; características que a mi modo de ver no son, necesariamente, virtudes… ¿Un ejemplo? Los venezolanos se dicen gente chévere… ¿qué significa ser chévere?

El venezolano, ése, el feo, el que lleva su Chávez interno, es poco confiable y muy irresponsable. Promete mucho, siempre dice “sí vale, tranquilo, cuenta conmigo” y a la hora de la verdad no aparece; cuando lo hace, lleva una retahíla de excusas que terminan por agotar mentalmente al interlocutor, exactamente como ocurre cuando usted ve un Aló Presidente. ¿No había notado que todo venezolano feo interpreta su propio Aló Presidente? Observe mejor y podrá ver a Chávez en sus compañeros de trabajo, en su jefe, en sus alumnos o profesores, en su familia, en sus amigos. Haga un esfuerzo mayor y verá que también está en usted.

Prueba de ello tenemos todos los mortales que estamos rodeados de venezolanos feos. La puntualidad es una falta de respeto en Venezuela. Así como lo está leyendo: ser puntual en Venezuela es una afrenta personal. Si a usted lo cita un venezolano a las tres de la tarde, ni se le ocurra pensar que la persona va a llegar a las tres, con suerte llegará a las tres y media. Si usted llega puntual, porque es un neurótico y tiene esa mala costumbre, no se desespere cuando la otra persona llegue con media hora o más de retraso, porque seguramente había tráfico en la autopista o algún evento inesperado ocurrió justo cuando el amigo iba saliendo.

Pedirle a un venezolano la simple tarea de planificar mejor su tiempo, considerando que la probabilidad de que encuentre tráfico siempre será alta, es una osadía. Ergo, su tiempo no es importante; usted no es importante. El venezolano feo asume que todo el mundo sabe que la impuntualidad forma parte de la idiosincrasia del venezolano. Si por alguna razón usted, molesto, dice algo al respecto, tenga por seguro que le van a decir “así somos los venezolanos”. Incluso, ser puntual parece ser cosa de perdedores. El sujeto importante no llega a la hora, ni el presidente del banco, ni el promotor de servicios, mucho menos el empleado público. Usted, que es poco importante, siempre va a tener que esperar por aquel que sí es importante y tiene derecho de atenderle con retraso, y con mala cara si le provoca. Si va a salir con una chica, tenga por seguro que ella llegará tarde, porque ¿qué clase de perdedora desesperada se presentaría puntual? Si tiene que hablar con un profesor de la universidad para revisar un examen o su tesis de grado, va a tener que esperarlo hasta que él, el tipo importante, se desocupe y lo pueda atender, porque usted es el interesado, no él. Si tiene cita con el médico a las dos de la tarde, espérelo hasta las tres, porque el doctor estaba atendiendo a alguien más importante que usted. Pero, eso sí, todo el mundo quiere un cambio y está harto de que en Venezuela todo el mundo haga lo que le da la gana… pero somos chéveres, de eso no hay duda.

Adriana Pedroza Ardila

www.adrianapedroza.com/libreria

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Pedroza

Economista y escritora venezolana. Autora de los libros Sí papi/No me jodas. El venezolano feo y la novela Sí mami, sí te jodo.

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