Quinta Jornada en San Sebastián

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Hoy fue el día de la cuestión judía. Al menos tres largometrajes la abordaron con diferentes orientaciones políticas y culturales. En la selección subyacía el interés por encontrarle una salida pacífica y moderna al problema, al margen de la destrucción mutua asegurada.

En la mañana, Barbara Albert narrara en “The Dead and the Living” la traumática historia de una joven atormentada por el origen nazi de su familia. Hace una investigación parental, como la chica del Dragón Tatuado, y descubre las conexiones de su abuelo con la SS. Ergo, la nueva generación no puede dormir en paz por culpa de los errores cometidos por sus antepasados. El argumento es harto conocido por ustedes. Se pueden imaginar tranquilamente el desenlace.

A pesar de los tópicos del guión, la autora dejaba en evidencia su dominio del arte del montaje con música electrónica. Me gustaron sus atmósferas entrópicas, siniestras y oscuras.

Por desgracia, la cinta clausuraba por lo bajo con una nota falsa de esperanza y luz al final del túnel.

Por el contrario, “El Ataque” no brindaba una respuesta clara a las preguntas formuladas por su protagonista, a raíz del atentado terrorista encarnado por su esposa.

El largometraje cumple con exponer la gravedad del asunto, sin buscar resoluciones elementales y tranquilizadoras.

El hábil director nos abandona en el vacío y el estancamiento de la situación compleja vivida en la región. Los palestinos son tan represivos, violentos, vengativos y obcecados como los hebreos.

La película se desarrolla con un ritmo trepidante y un empaque de producción internacional. Supone una continuación de la tendencia explotada por “Líbano”, “Paradise Now” y “El Árbol de Lima”. Nada extraño sería ver coronado su esfuerzo en la gala de entrega de premios. Sin duda, es uno de los picos altos de la selección oficial. Los diálogos del libreto merecen escucharse, leerse y meditarse. El subtexto explora el fiasco de una relación amorosa sacudida por la influencia del extremismo. El amor muere al calor de las bombas y los egos.

Por último, disfrutamos en la noche del magnífico documental, “Jerusalem on a Plate”, conducido por Yotam Ottolenghi para el creador de la BBC, James Nutt, un hombre orquesta.

Él solo cuece, en apenas tres semanas, su manjar de no ficción para el regocijo del paladar de los amantes del género culinario. Pero aparte, rompe con la tradición de la receta glorificada y manoseada por los fabricantes de programas de televisión en masa, alrededor de los fogones. En dos platos, la comida es una excusa para encontrarle una tregua y una alternativa a la intolerancia de tirios y troyanos en Tel Aviv y las colonias en disputa.

“Jerusalem on a Plate” abre una puerta al futuro de la reconciliación en virtud de la mezcla de sabores de la gastronomía palestina e israelí.

El moderador no aterriza en el lugar indicado para lucirse y enseñar a los locales a comer sano. En cambio, se comporta con respeto, mesura y educación, siempre dispuesto a aprender de los demás, sin adoptar una pose hipócrita y demagógica. Comparte la mesa con musulmanes, sionistas, conservadores y liberales.

Quiere ayudar a estrechar lazos y construir zonas de distensión en el deleite de los estómagos, corazones y sentidos.

Su cruzada es un bonito cierre para la quinta jornada.

Es una enseñanza para nosotros en Venezuela y el globo aturdido por el efecto viral de aquel cortometraje de infausto recuerdo.

La polarización se vence con sazón e inteligencia.

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