ALEJANDRO MIGUEL SAN MARTÍN, UN LUCHADOR EN LA ARENA

 

ALEJANDRO MIGUEL SAN MARTÍN, UN LUCHADOR EN LA ARENA

 

Entrevistado por Carlos Schulmaister

 

El nombre y apellido de este joven ingeniero argentino recorrió nuevamente el mundo antes y después del 6 de agosto, asociado a su exitoso desempeño como encargado de la guía, navegación, control, travesía y amartizaje del Curiosity, el nuevo vehículo laboratorio de la NASA que investigará las posibilidades de que en Marte haya existido vida microbiológica. Anteriormente ya lo había hecho en 1997, debido a su participación en la misión Pathfinder, que colocara allí el vehículo Sojourner.

Vinculado a la Patagonia desde su nacimiento en Villa Regina hace 53 años, hoy es referencia obligada para todos los argentinos que creen en el espíritu, la voluntad y el esfuerzo para motorizar los sueños, los ideales y las metas.

P- Alguien que lo conoce bastante me ha dicho que usted es uno de los pocos hombres  que ha logrado  ver cristalizados  sus sueños de niño, y en lo que a mi respecta, la lectura de tantas entrevistas que le han realizado en estos días resulta emocionante pues revela la misma fe e idealismo que debió haber tenido de niño, de las cuales dan cuenta quienes lo conocen desde entonces. ¿Cuánto le debe su imaginación y sus ansias de conocimiento a la lectura siendo niño y adolescente?

AMSM- La lectura fue una parte importante pero aún más lo fue el aprendizaje e inspiración que recibí de mi padre.  Él siempre nos contaba que cuando era chico leyó página por página al Tesoro de la Juventud, una enciclopedia para niños. Su pasión por el conocimiento era contagiosa, y sus intereses abarcaban todas las áreas  humanas, ciencia y tecnología. Durante la cena, o caminando por la chacra, siempre hablábamos de temas interesantes y él le daba a cada uno un enfoque único, interesante, informado, y contemplativo. Eso me inspiraba a mí a estudiar seriamente en el colegio y compartir lo que aprendía día a día con él.

También ha sido importante para mi formación y la de mis hermanos que Papá fuera un gran romántico que no sólo hablaba de hacer grandes cosas sino que, además, las hacía. Los relatos de sus aventuras de joven construyendo caminos en su querida Patagonia eran fuente de inspiración para mí. Inspiración que fue fundamental para afrontar las dificultades y los sacrificios que fueron requeridos en el camino que me llevó a ese gran momento del aterrizaje del Curiosity en Marte.

P- Aquellos sueños que sus ansias concibieron, y que se relacionaban nada más y nada menos que con el Universo,  usted los fue convirtiendo en realidad paso a paso, con método y dedicación. ¿Cómo se siente hoy cuando mira hacia atrás y hace un balance de su vida?

AMSM- Cuando miro hacia atrás y veo todo el sacrificio que requirió me siento muy satisfecho y muy contento. La respuesta del público nos llena a mí y a mi familia -que han sido parte de ese sacrificio y a quien estoy eternamente agradecido- de emoción y satisfacción.

Si bien el logro científico y técnico del Curiosity es muy importante, lo es mucho más el poder inspirar a nuevas generaciones a seguir sus sueños. Inspirar a la juventud es uno de los propósitos de la NASA.

P- Desde la admiración que la mayoría de los mortales han de sentir naturalmente  por personas como usted y los técnicos y científicos de la NASA puede entenderse que los constantes avances y logros de la carrera espacial sean asumidos como avances de la humanidad más que de una nación particular. ¿Qué siente usted al respecto, como hombre de ciencia y a la vez como miembro de una sociedad particular?

AMSM- En la NASA vemos los avances de nuestras misiones como avances dela humanidad. Dehecho, el Curiosity tiene instrumentos contribuidos por varios países del mundo como Rusia, España, Francia, y Canadá.  El equipo de especialistas que analizará la información científica del Curiosity está compuesto de científicos de todo el mundo. Es un placer para mí salir de mi oficina y escuchar en los pasillos una multitud de idiomas. Me hace parecer que estoy en las Naciones Unidas, y de alguna manera lo estoy.

La información científica del Curiosity se publicará libremente para beneficio de todala humanidad. Todoesto no es inconsistente con el gran orgullo que tiene el ciudadano estadounidense de que esta misión fue desarrollada por una agencia de su gobierno a la cual contribuyó con sus impuestos.

P- ¿Cómo evalúa, desde esas condicionantes, los fracasos que existieron, existen y existirán -como en toda empresa humana- en la carrera espacial?

AMSM- Los fracasos sólo se pueden llamar fracasos cuando no se trabajó con honestidad e integridad; cuando no hubo esfuerzo o espíritu de equipo; cuando hubo arrogancia y soberbia. Esto se aplica a toda empresa humana. Cuando se trabajó bien pero nos quedamos cortos porque somos humanos y a veces simplemente cometemos errores, siempre ganamos algo, nunca es un fracaso total. 

Días antes del aterrizaje, en momentos en que el terror al fracaso nos dificultaba el dormir, los jefes nuestros de la NASA, a los que en caso de fracaso les tocaría explicarle al Congreso o al Presidente de la perdida de 2.500 millones de dólares, nos reunieron y nos dijeron que ya éramos un éxito porque habíamos cumplido con lo que humanamente era posible. Nos aconsejaron que no temamos el resultado; que disfrutemos del momento y que estemos orgullos de nuestro esfuerzo. 

Esta filosofía poderosa y constructiva fue articulada con gran claridad y emotividad en el discurso del presidente de los EEUU  el gran Teodoro Roosevelt en la Sorbona de París en 1920, titulado “El Hombre en la Arena”:

“No importan las críticas; ni aquellos que muestran las carencias de los hombres, o en qué ocasiones aquellos que hicieron algo podrían haberlo hecho mejor. El reconocimiento pertenece a los hombres que se encuentran en la arena, con los rostros manchados de polvo, sudor y sangre; aquellos que perseveran con valentía; aquellos que yerran, que dan un traspié tras otro, ya que no hay ninguna victoria sin tropiezo, esfuerzo sin error ni defecto. Aquellos que realmente se empeñan en lograr su cometido; quienes conocen el entusiasmo, la devoción; aquellos que se entregan a una noble causa; quienes en el mejor de los casos encuentran al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasan, al menos caerán con la frente bien en alto, de manera que su lugar jamás estará entre aquellas almas que, frías y tímidas, no conocen ni victoria ni fracaso.”

P- Ciertas expresiones teñidas de nacionalismo populista (tanto de izquierda como de derecha) han tendido a mostrar los éxitos del desarrollo científico en los países desarrollados como expresión descarnada de la dominación imperialista. ¿Siente usted que su contribución en orden a los éxitos de las misiones espaciales en que ha intervenido lo sitúan en un plano ético del que debería avergonzarse?

AMSM- No, absolutamente no, no tengo nada que avergonzarme. Al contrario. La exploración espacial es fuente de buena voluntad entre los pueblos. Es ciencia básica compartida entre todos. Los avances tecnológicos resultante de la actividad espacial también han beneficiado a todos: los satélites de comunicaciones, los satélites meteorológicos, los satélites que estudian los recursos terrestres, etc., todos salieron de la carrera espacial y muchas de esas tecnologías fueron pagadas por el país del norte y beneficiadas por todos. Otro ejemplo, este  allegado a nuestro corazón, esla misión SAC-D/Aquarius, una misión entre la Argentina y USA para estudiar la salinidad de nuestros océanos.

P- Usted pudo estudiar carreras estratégicas en los EE.UU. que le han permitido desplegar un inmenso potencial intelectual en relación con proyectos de aplicación real en aquella nación. ¿Sabe si en los tiempos de la Guerra Fría le habrían permitido a un estadounidense estudiar en La URSS o en la China de Mao carreras equivalentes?

AMSM- No sé la respuesta a esta pregunta. Sólo sé que los EE.UU me abrieron sus puertas,  me permitieron estudiar en sus mejores universidades, y luego me eligieron para hacer el trabajo que hice, basado en mi capacidad para hacerlo, sin importarles mi acento, cultura o procedencia. Otra nota que vale hacer sobre el tema, es que grandes universidades como el MIT,  Harvard, y Berkeley están ofreciendo cursos GRATIS por Internet en beneficio de todo el mundo (ver www.edx.org y www.khanacademy.org ).

P- ¿Cómo ve en América latina el estado de la formación de grado en ciencias duras? ¿Puedo preguntarle por qué eligió el MIT para hacer su formación de base en electrónica?

AMSM- Honestamente no conozco mucho del tema pero lo que puedo decir es que los estudiantes que conocí  en las universidades de los EEUU que ya tenían grados en universidades Argentinas, venían muy bien preparados en matemática y física. Tal vez mejor que la formación en la universidades de EEUU. La diferencia tal vez está en la aplicación práctica de ellas, donde las universidades estadounidenses tienen ventaja.

Yo estudié Ingeniería Aeronáutica y Astronáutica en el MIT porque en mi especialidad dentro de esa carrera, Guiado Navegación y Control, el MIT es líder en el mundo. El sistema que guió a la Luna a los astronautas del proyecto Apolo, fue diseñado en el Instrumentation Laboratory del MIT en los años 1960. Tuve profesores en el MIT que desarrollaron los algoritmos de guiado, navegación,  y control  y nos deleitaban con cuentos de aquellos días pioneros.

P- ¿Conoce las 11 reglas de Bill Gates para la juventud? ¿Las extendería usted a los jóvenes de los países al sur del Río Grande? ¿Qué consejo le daría a la juventud argentina acerca de la aventura de vivir  como individuo y como miembro de la colmena, tal como las que le daría a  sus propias hijas?

AMSM- Sí las conozco, pero no está claro que Bill Gates sea su autor. Poniendo eso de lado, las reglas me parecen excelentes y universales.

A la juventud le recomiendo que sigan y perseveren en sus sueños. Que la única forma de triunfar es con esfuerzo y sacrificio y procediendo con integridad y honestidad. Que disfruten de lo mejor que la vida ofrece y que hagan una contribución a la sociedad en que viven.

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