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Chloe: Secretos de Familia


Estimable remake de “Nathalie X” de Anne Fontaine. Muy superior al original, a pesar de los bemoles de ambos en el tercer acto, donde la industria exige la impostada inclusión de un retorcido y moralista giro de tuerca a la usanza de “Atracción Fatal”, cuando la tentación debe ser castigada con la muerte para tranquilizar a las audiencias puritanas de ayer y de hoy.
Tradición de vieja data instaurada por la censura de las ligas de la decencia desde la época de la depresión en adelante. Persistencia del espíritu del código Hays en Hollywood, cuya derogación es un mito. Sigue vigente,vivito y coleando como forma de normalización,“súper ego” y represión del intelecto de la política de autores.
Verbigracia, sirve de ejemplo el nuevo trabajo de encargo del director canadiense de origen armenio, Atom Egoyan, quien de todas maneras logra salir airoso del trámite, doblegar a sus molinos de viento de la meca e imponer su inconfundible tono moderno, entre gélido y neoclásico, estilizado y surrealista, enigmático y sofisticado, con un cierto aire a David Cronenberg,Luis Buñuel, Max Ophüls, Pasolini, y Stanley Kubrick.
Por algo “Chloe” busca legitimarse en el juego peligroso de la revisitación posmoderna de títulos del género como “Eyes Wide Shut”, “Lolita” y “Belle de Jour”, alrededor del triángulo sentimental desatado por una mujer de la vida alegre en contacto con una familia emblemática del sueño americano, al asedio del fantasma del vacío existencial.
La película demuestra,con agudeza y consistencia audiovisual, la frágil y la endeble capa de estabilidad de las instituciones sociales en el seno de la sociedad occidental, durante el apogeo de las relaciones líquidas, las transacciones efímeras y los intercambios simbólicos del laberinto de la soledad por medio de la red social.
Allí entra el oscuro objeto de deseo, Amanda Seyfried, importado de las filas de la “Chica de la Capa Roja”, para fungir de catalizador de la crisis de la pareja protagónica y reencarnar la tesis de “Teorema” o “Muerte en Venecia”. En pocas palabras, un elemento seductor y ajeno a la realidad del discreto encanto de la burguesía, es capaz no sólo de remover sus rígidas estructuras de coerción, sino también acaba por derribar el carnaval de las máscaras de la hipocresía bien pensante, ilustrada y esnobista.
La fichera de lujo,“Chloe”, resulta contratada por la esposa desesperada y aburrida de Julianne Moore, ícono de la Madame Bovary de la ficción contemporánea, a objeto de despejar las dudas sobre el comportamiento sospechoso de su marido, acechado por alumnas dentro y fuera de internet.
A propósito, ello le permite al creador plantear otra de sus interesantes reflexiones críticas acerca de la incomunicación promovida por los supuestos aparatos destinados a reforzarla. Para Egoyan, la web disocia, divide y aliena del entorno a los personajes de su historia. Tema discutible por demás, aunque justificado y expuesto con notable discreción por la cinta. Es decir, no se trata de una satanización de la tecnología. El cineasta comprende la relevancia del asunto y cumple con ponerlo en tela de juicio.
De cualquier modo, la madre insegura cae presa de su propia trampa y termina irónicamente vampirizada por su títere, su apéndice,cual variación femenina del argumento de “El Castor”.
En tal sentido, la marioneta se le revela a su ventrílocuo, obligado a extirparlo, como una célula cancerígena, para garantizar la curación de su cuerpo invadido por los fueros internos y externos del mal. Aquí “Chloe” asume sus peores fundamentos arcaicos de cuento romántico y aleccionador, con ecos en el terror psicológico de “Drácula” y “Fausto”.
Así, el sexo vuelve a castigarse con la pena capital, de la mano de la ejecución ejemplar y conservadora del ente viral, de la hija de “Nosferatu” y de la hermana de la mutante de “Splice”. De hecho, las dos comparten igual devenir como compañeras, aliadas, desahogos y figuras quebradoras de la armonía de un hogar dulce hogar. En la visión punitiva de ambos largometrajes, el triángulo sentimental carece de futuro y alternativa, en cuanto se le condena a extinguirse en la hoguera de la cacería de brujas.
Sin embargo, Egoyan tiende a invertir la fórmula reaccionaria y pacata del folletín, al propinarle una inyección de erotismo “chic” y “blandiporno” a su puesta en escena, bajo la influencia del “soft core” y la trama babilónica de la dama de alcurnia infiel con su pasante, su ayudante, su asalariada en la lucha de clases.
Atom explota en las narices paradas de su audiencia, la carga subversiva de su libreto, desde un enfoque metalinguístico,distanciado y autoconsciente, a la zaga de los planos secuencia de Antonioni, los ritmos espectrales de Visconti, las miradas iconoclastas de su predecesores y las lecturas paralelas del reparto principal.
De ahí el vínculo con el trasfondo de la carrera de la musa de Todd Haynes en sus obras maestras, “Safe” y “Far from Heaven”. Salvando las distancias, “Chloe” sería su continuación y secuela comercial según el perfil de la independencia deglutida por el “mainstream”.
Sea como sea, me gusta el ritmo y el subtexto del libreto, a excepción de las exageraciones vislumbradas en el tercer acto. Entonces el patriarca queda absuelto de los complejos de culpa, y la total responsabilidad de la hecatombe se le insiste en achacar a la depresión de la señora de las cuatro décadas. Una conclusión harto machista.
Por fortuna, Egoyan salva la patria en el epílogo y se despide con su auténtico mensaje de cierre. La imagen de solidez y felicidad de la familia de Julianne Moore, es una completa mentira, una farsa, un reinado kistch al borde del colapso. Todos sus miembros, como los integrantes de una secta,saben y comparten el oscuro secreto de su pasado, de su presente.
Nadie apostaría por su perpetuación en el mañana. Cada uno guarda para sí la semilla de la destrucción. Incluso, Julianne Moore la ostenta en su cabello como recuerdo imborrable y símbolo de posible emancipación, redención y liberación fuera de su yugo. El último y hermoso encuadre es un homenaje al moño de Kim Novak en “Vértigo” de Alfred Hitchcock.
Ergo, las pasiones encontradas y las fantasías de antaño no se pueden ocultar con un dedo. Nos marcan el rumbo y nos definen como individuos ambivalentes, equipados para albergar ideas y emociones contradictorias. Por un lado, Moore quiere a Chloe y viceversa. Por el otro, se tiranizan y utilizan como mercancía de consumo.
En síntesis,su amistad es un reflejo de los rudos y crudos intereses detrás de los parentescos humanos al calor de las normas del materialismo histérico. Un pequeño espejo de la pirámide y de la jerarquía del poder. Todavía hay amos y esclavos.
Es una respuesta a los desenlaces populistas de la «soap ópera» y la telenovela al uso.
No confundir con un happy ending.Es lo opuesto.
PD: a su vez el moño de la Moore nos habla de un espiral,de un bucle.Como mínimo,el ciclo volverá a repetirse.

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