Prix Jeunesse Iberoamericano 2011:Reseña del Festival de los locos bajitos(Último Capítulo)

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La jornada de cierre comenzó temprano con las últimas proyecciones de la competencia,seguidas por sus respectivas “moderaciones”,donde el público y los autores de la selección oficial debaten y discuten, antes de emitir sus votos. La idea es promover un concepto de democracia no sólo participativa e incluyente dentro del evento, sino sobre todo consciente y activa.

En tal sentido, el resto de los Festivales deberían seguir el ejemplo del Prix Jeunesse. A Mérida y Margarita les convendría adoptarlo para crecer y evolucionar, más allá del ánimo de celebración de una industria siempre convaleciente. Por algún motivo extraño, eliminamos los cine foros de la agenda. No nos gusta confrontarnos.

La moderación de ayer fue alucinante. Una sala de la dimensión del auditorio de la UCAB, abarrotada de especialistas,entendidos y espectadores comunes, solo reunidos para emitir opiniones a favor y en contra de las películas de la selección oficial.

Algunos de los temas planteados abordaron dilemas de completa vigencia: la sobreabundancia de cintas animadas como churros en desmedro de otras técnicas y géneros audiovisuales, el abuso de la narrativa clásica aristotélica versus el agotamiento del modelo alegórico, la autocensura de la corrección política en la mayoría de los contenidos infantiles ante la necesidad de ser menos restrictivos y paternalistas, la integración del continente frente a la disparidad de su desarrollo cultural.

No en balde, la mayoría de las producciones del certamen, procedieron de la cantera inagotable de las tres principales potencias de la región: Brasil, Argentina y Chile, secundadas en orden de importancia por México, Colombia, Cuba y Uruguay.

Venezuela no figura en el mapa y su representación pasó sin pena ni gloria por el Festival. Es una aguja en un pajar y demuestra la ausencia de una política nacional,dedicada a subsanar el problema de la falta de producción infantil.

Verbigracia, ayer proyectaron un penoso cortometraje de Vive TV, “Una Elección Justa”, destinado supuestamente a promover valores en un “mundo donde los medios de comunicación se han encargado de hacer lo opuesto”. Los canales del gobierno continúan albergando un discurso demagógico de oposición e izquierdismo trasnochado, cuando ellos mismos forman parte del poder y no les queda bien el papel de venderse como vitrinas de la guerrilla comunicacional.

Al respecto, “Una Elección Justa” ostenta la pobreza estética de una animación convencional para críos, desde una perspectiva de pura subestimación. Sus protagonistas no hablan, emiten sonidos musicales ridículos por la boca y reciben ordenes y lecciones de un locutor en off. Haría las delicias de la cadena del Presidente. Es de un conductismo superado y rebatido por las demás ficciones transmitidas durante el día.

A propósito, rescatamos el polémico, “O Caminho das Gaviotas”, lírico ejercicio de experimentación narrativa, pero considerado muy abstracto para “la audiencia de cero a seis años”. Por dicha razón, nos enfrascamos en un careo de diez minutos con la presencia de los realizadores, a quienes defendimos por su derecho a expresarse al margen de los límites del canon tradicional.

También generó disensos y adhesiones el trabajo titulado “Tentáculos”, una suerte de “Monsters Inc” de la gente de Río de Janeiro. Lo acusaron de sembrar el terror entre los chicos y mentiras por el estilo. Yo no lo sentí así.

De igual modo, “Trudi e Iki” apeló a la imaginería del fantástico, a la usanza de Tim Burton, para contar la historia de dos niños intercambiados por sus madres, por equivocación. Una es una bruja y la otra es una ama de casa. Se trata de una reflexión sobre la relatividad de la identidad y de lo feo en oposición a lo bello. De lo mejor de la recta final.

Gustaron en exceso tres piezas musicales: “Guillermina y Calendario”, “Coricó” y “La Canción de Corch”.Tampoco me convencieron a pesar de sus loables intenciones de aplacar el síndrome extranjero del efecto “Baby Mozart”.

Luego nos tomamos un break de café y posteriormente regresamos a la sede principal, para conocer los nombres de los ganadores. En general, los Brasileros opacaron a sus adversarios en el Palmarés. Se levantaron a retirar galardones varias veces, entre aplausos y ciertas miradas de suspicacia.

Detrás de ellos, subieron al podio los argentinos, los chilenos, los colombianos y los cubanos, a repartirse el botín de las preseas. Del grupo, solo puedo recomendarles una obra maestra absoluta, “Centenario,Museo Nacional de Bellas Artes”, una gema de Álvaro Ceppi. Por desgracia, le entregaron el segundo lugar de la categoría de no ficción por debajo del demagógico, “Pubertad”, fruto de las andazas escapistas del ICAIC. Moraleja:los niños a ocuparse de sus alteraciones hormonales,no de las alteraciones del sistema. Es su mensaje de propaganda de fondo. Lo lamento por su director, porque lo estimo.

La gala de clausura se retrasó por el conteo de los sufragios, aunque se desarrolló con celeridad, parsimonia, sobriedad y sentido del humor, por cortesía de una hilarante moderadora disfrazada de payasa, encargada de combatir cualquier asomo y arrojo de solemnidad por parte de funcionarios con complejo de predicadores. La payasa reía de las imposturas del gremio e imponía una atmósfera de relajo, cercana al carnaval. Por algo el “Jeunesse” es en Brasil.

La adorable Beth Carmona despidió el evento,agradeciendo con pasión,elocuencia y sensibilidad. A la salida nos esperarían copas de champaña, vino tinto, ponche y refresco para brindar por el éxito de la nueva edición del Festival.

Definitivamente, el Jeunesse conquistó mi humilde corazón. Haré todo lo posible por regresar el próximo año.

Ahora es tiempo de retornar a la realidad. Nos vemos pronto en Venezuela.

Gracias por tu hospitalidad, Sao Paulo.

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