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Uncle Boonmee:El Futuro del Cine está en su Pasado


“Uncle Boonmee” es un karma para los críticos miopes,insensibles,flojos e ignorantes,mal acostumbrados por la oferta monopólica del mercado audiovisual. Nunca harán el esfuerzo de buscarla por los caminos verdes,de bajársela por Internet y solo cumplirán con el trámite de reseñarla con desgano burocrático,cuando alguno de nuestros distribuidores se digne a estrenarla en el 2017.En el caso de Venezuela,pueden seguir esperando por ella hasta el 2021 y más allá. La inercia criolla no es solo política sino cultural.
Por eso,fuimos a su encuentro y decidimos verla en tres ocasiones,mientras leímos cerca de 25 críticas sobre ella y un promedio de ocho entrevistas con su realizador.Además tuvimos acceso al reportaje de la producción,publicado por Cahiers Du Cinema en el número 33 de la edición Española. Desde ahí la queremos revisar y analizar,porque se lo merece.
Primero,nos gustaría compartir con ustedes un fragmento de la declaración de intenciones del director,escrita al calor de la creación del proyecto:
“Crecí en el noreste de Tailandia,en una región llamada Isan.Allí las vidas son modeladas por el animismo y por las influencias khmer y laosiana.La gente cree en las transmigración de las almas entre los humanos,las plantas,los animales y los fantasmas.Quizás fueron nuestros ancestros quienes inventaron estas historias para hacer frente a una realidad dura.La gente del lugar tuvo que soportar la rudeza de una educación pobre,las manipulaciones políticas y la opresión.Estas historias nos recuerdan que existe otro reino.Entre la gente que me contó esos relatos había monje de un templo cercano a mi casa.Sus historias preferidas trataban sobre muertos que,a ciertas horas,le hacían visitas inesperadas.Ha publicado dos libros sobre la reencarnación.Uno de ellos se titulaba Un Hombre que recuerda sus vidas anteriores, y en él evocaba a un tal Uncle Boonmee,un hombre que había venido a meditar al templo.Boonme podía recordar sus múltiples vidas pasadas.Se había reencarnado en cazador de búfalos,en vaca y en fantasma errante.Lo que me interesaba de esta historia es que siempre renacía y vagaba por la misma región,Isan.”
En efecto, el tío de la película representa un arquetipo del inconsciente colectivo,un personaje de mil caras y una brillante alegoría del estado del país asiático,del mundo y del cine en la era de las mutaciones posmodernas, bajo el ciclo de su nacimiento,su muerte y su resurrección, a camino entre la civilización y la llamada barbarie,como el cruce de los ensayos de ciencia ficción de Chris Marker con el retorno al origen de las cavernas del séptimo arte, en una pieza hipnótica y embriagadora cercana al enriquecedor lenguaje de la transvanguardia.
De hecho, “Uncle Boonmee” constituye el último eslabón de una cadena experimental denominada “Primitive”, constituida por “una instalación(con varias pantallas), un libro,dos cortos y un largometraje”,según sus propias palabras,todo con el fin de “elaborar un censo de aquello que está en vías de extinción”.
Mutatis mutandis y salvando las distancias, los fotogramas de la obra evocan e incorporan un magma común inherente al discurso de la expresión estética contemporánea, de Caracas a Barcelona y de París a Mumbay.
La utopía de la globalización localizada y de la confluencia del norte con el sur, alcanza su cúspide en “Uncle Boonmee”,una caja de espejos y de resonancias del mapa internacional,donde reconocemos marcadas influencias de los grandes,pero también de los pequeños espíritus de la época.
En lo personal, descubrí parentescos entre la obra maestra y los trabajos de deconstrucción fotográfica de Jean Fontcuberta,quien nos deleitó en la ONG con una charla sobre realidad,ilusión y nuevas tecnologías.Verbigracia, el famoso bestiario salvaje del profesor catalán,adopta una genial reaparición en el cuerpo de las inolvidables secuencias fantásticas de la pieza.
Durante el trayecto,hombres-mono invaden con sigilo y timidez la puesta en escena. En el clímax,somos testigos de la narración de un relato de ciencia ficción, al estilo de “La Jette”, contado a través del simple pase de diapositivas,cuyas imágenes denuncian la intolerancia del ejercito hacia lo distinto, en clara alusión a las demoledoras placas de la banalidad del mal de la cárcel de Abu Grahib.
De igual modo, llevan impresas el sello antropológico de desmitificación, alusivo a las reflexiones de Jean Fontcuberta para “El Beso de Judas”. En uno de sus capítulos,habla precisamente de la persistencia de una tribu falsa de nativos, instrumentalizada por el poder de la dinastía Marcos en Las Filipinas,al punto de embaucar a los reporteros de “National Geographic”.
Por ende, la visión de Weerasethakul dista de ser una ingenua reconstrucción del ideario colonialista del tercer milenio, asentado en el kistch del exotismo y de la glorificación new age de la alteridad.
En términos de Gerardo Zavarce, Apichatpong “problematiza” semejante enfoque y lo procede a dinamitar con elegancia e ironía,sin caer en la burda parodia.
Por cierto, la mirada de su lente me extrapoló al universo de rescate étnico del estimado Antonio Briceño,con su serie “Dioses de América”;a las abstracciones multidisciplinarias de Luis Molina Pantin,Juan Requena,Alexander Apóstol,Meyer Waisman,Nelson Garrido,Javier Téllez,Pepe López, Ángela Bonadies, Juan José Olavarria,Andrés Duque y Juan Carlos Rodríguez,indagando en la supervivencia de la memoria fragmentada del pasado,aunque de cara a los formatos y los temas del presente.
En consecuencia, “Uncle Boonmee” no se desarrolla en la forma lineal y prosaica del clasicismo industrial,sino toma y acoge los derroteros felices de la liberación y la independencia iconoclasta,pulverizando la convención dramática de los tres actos y renunciando a cualquier limitación de los manuales de guión al uso.
Para llevarle aun más la contraria a la moda y al fashion de la histeria digital en boga, el argumento y la ausencia de él se ruedan en 16 milímetros, a la usanza de las viñetas “superocheras” de Diego Rísquez para “Sinfonía Tropical” y compañía, también con actores no profesionales y diversas locaciones selváticas,capaces de volvernos a sumergir en los laberintos verdes de “Jericó”.
El mensaje de fondo es claro:el futuro del cine radica en su pasado. Pero nada más lejos a una sonsa nostalgia y reivindicación lastimosa del qualité de los patrimonios en declive.
“Uncle Boonmee” es una gustosa celebración de los géneros menores y mayores,del vano ayer al apocalipsis ahora,imbricados a la manera de una cópula contra natura.
No en balde, contemplamos el apareamiento de una princesa con un bagre(sublimando la censura reprimida por la Disney en sus cuentos de hadas) y escuchamos el testimonio del acoplamiento sexual de un hombre con un simio fantasma(concretando el sueño de Dian Fossey en “Gorilas en la Niebla” y el de Timothy Treadwell con los osos en “Grizzly Man”).
Cero idealización del campo rural y mucha conciencia de las paradojas de la existencia en la jungla,cual documental de Werner Herzog.
Encima, el cineasta se da el lujo de incluir orgánicamente un comentario pesimista de las cacerías de brujas a los comunistas y de las guerras intestinas de la zona, como parte del karma geopolítico de los pobladores de la región.
El tío Boonme se confiesa con nosotros antes de partir, mostrándose apenadamente arrepentido por matar en nombre de la nación y de la democracia. Weerasethakul tampoco lo condena y se preocupa por dotarlo de humanidad,en vez de dibujarlo con la habitual paleta maniquea.Una lección de inteligencia para los panfletarios de Oliver Stone y Michael Moore, a la hora de hacer balance del horror en territorio extranjero.
Acá la procesión del terror piscológico va por dentro y no deja dormir a los antihéroes de la ficción.
Para rematar, la función se compone de seis episodios,interconectados por el viaje de despedida del protagonista, un enfermo terminal.
La primera recuerda una de sus vidas pasadas,cuando era sencillamente un búfalo. La segunda,mi favorita, describe la salida del tío del hospital y el reencuentro con su esposa fallecida y su hijo convertido en un animal. Aquí la banda sonora acompaña y potencia el carácter enigmático de la situación. La sobreactuación y el hieratismo son un guiño a las novelas y los programas de la televisión Tailandesa.Con ellos creció Apichatpong y los recuerda con sentimientos encontrados.
La tercera rinde tributo a los ancestros del director: “es más documental,en un estilo un poco francés,con la luz del sol,el contraste”.Yo la comparé con el Victor Érice de “El Sol del Membrillo”,el Lisandro Alonso de «Los Muertos»,el Tarkowski de “Sacrificio” y el Kiarostami de siempre.
La cuarta es una bella remembranza naiff de la escuela Indú(Bollywood), en plan de subversión y transgresión.
La quinta roza la perfección y plantea el retorno al origen del Tío, a las puertas del calvario. Asciende a una cueva de Platón,donde comenzó todo, incluso el cine,para morir y renacer. Sus familiares lo despiden junto con los hombres mono. Pero nada está perdido.Otra vida(para el cine)acaba de alumbrar en el principio del devenir.
La sexta invierte y complementa el cuadro precedente, al concluir con un epílogo ceremonioso,budista,frío,esperanzador e inquietante.
Los personajes se debaten por conflictos de identidad, deambulan como espectros por los no lugares de la modernidad(un hotel sin personalidad y un bar karaoke fuera de contexto) y personifican la alienación del individuo esclavizado por el régimen de la caja boba.
El desenlace es tan desconcertante como el resto de la película. No se conforma con el facilismo de la redención y nos confronta con la verdad de la transculturización y de la perdida de las raíces.
Por fortuna y por desgracia,cuando desaparezcan los últimos vestigios de la especie de “Uncle Boonme”,una esplendorosa película nos recordará de la importancia de sus vidas pasadas.
Ojalá nunca se evaporen sus huellas.
La invitación y el reto es resistir con dignidad,para evitarlo.
Fija en mi lista de las mejores de la historia.

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