Camila

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Cuando tomé tus flores
me sentí sereno,
vimos las luces de la ciudad
y pudimos escuchar sus gritos
sin olvidar quiénes somos
y en qué noche
una vez herimos nuestros puños
contra la pared
con o sin razón…
hablé con tu hija, Camila;
resulta que ella hace las cosas
que le enseñé,
reía y soltaba de sus manitos
los puñados de tierra que recogió
mientras nadie se daba cuenta.
Yo no te amo, mujer,
yo no sé lo que es el amor,
pero sé que no hay en el mundo
que pueda ser mío
como lo es la sonrisa de Camila.
También sé pelear,
si alguien insulta la memoria de mi padre
no me importaría ir preso
y recibir la condena de la gente
observando con miedo y confusión,
sé maldecir, sé lo que sucedería
si es que vendo mi alma, conozco ese misterio…
Sé destruir,
sé detenerte en mis brazos,
soñar y mentir
mientras ella crece y aprende
las palabras para enfrentarme…

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