Asincrónico

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A medida que pasaba el tiempo era más difícil. Se acumulaban las ganas de encontrar el verdadero placer de la vida, pero no era una tarea fácil por muy dispuesto que pudiese estar a la posibilidad más comprometedora.

Hace años, cuando era un mar de impulsividades y de pensamientos poco reflexivos [aunque a veces estaba convencido de lo contrario], era realmente sencillo toparse con ese verdadero placer, el amor siempre estaba ahí, a mi vista. Tenía la capacidad de tomar múltiples apariencias y matices, de abordarme por medio de múltiples formas con mucha suspicacia, y cada aparición suya era más atractiva que la anterior. Era imposible aburrirse.

Esta situación me llevó a la idea, por demás errada, de suponer que ese placer divino siempre estaría ahí, y que no debía conformarme con su complacencia, pues siempre tenía algo mejor que darme. Sin duda me resultaba cada vez más atractivo, pero de lo que no me percaté es que existía la cruel posibilidad de que yo no fuese atractivo para él.

¡Vaya forma de explotar al amor! podría escribir mil y un historias de idilios, de emociones fugaces, de amores eternos que no sobrevivieron la primavera.

A medida que pasa el tiempo es más difícil. Se anda con más tacto, se acumulan las ganas y a la par se acumulan los miedos. Se exacerba la prudencia. Se someten las emociones. Ya no se trata solamente de un tema de voluntad y disposición, se trata de un tema de coincidencia en deseo, proporción e incluso de circunstancias favorables. Tiene que existir un engranaje de variables, muchas de las cuales no tenemos dominio.

Me he topado con el amor desde lejos. Le hago señas con intención de acercarme para no irme de nuevo. Pero a pesar de que existe intencionalidad absoluta de querer algo por ambas partes, pareciera que tuviésemos una comunicación asincrónica. Hablamos el mismo idioma, logro entender lo que me dice, pero nos separa una brecha inexplicable entre pasado y futuro, entre experiencias y expectativas.

De todo esto solo encuentro la posibilidad de ensimismarme, de abandonar toda empresa sin más, de vaciarme poco a poco mientras me resigno a esa realidad cruel que me restriega en la cara el hecho de no estar a la altura de mis propios deseos. Hablo más fuerte y me escuchan menos. Es un aislamiento inevitable.

 

 

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