Ojos de mosca.

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Mientras la tarde caía, John se preparaba para el gran espectáculo. Todas las personas sentirán mucho sueño, al caer la noche, dormirán profunda-mente. Mientras esto ocurría, Estefanía almorzaba en un cubículo de la oficina. Por su parte, John continuó enviando mensajes subliminales a todos los que se conectaban a la Neuro-red. Sin cesar insistía en que la gente sintiera mucho sueño y que durmieran, aquella voz iría hasta el subconsciente de los conectados.

La primera víctima cayó, cuando una mujer fue al baño. Hombres, lesbianas y chicos adolescentes gritaban de emoción. La chica comenzó a desnudarse y todos aullaban de placer. Ella abrió la llave y el agua caliente salió por la regadera. Expertos y curiosos inexpertos en conocer la forma en que una mujer se bañaba gozaban del espectáculo.

John miró a Estefanía y pensaba en ella, cuando llegara a su casa, la captaría.

Y otra vez John insistió:

Aunque algunas personas no creían en la propaganda de la Neuro-red, tomaban sus previsiones. Unos se arropaban de pies a cabeza con sábanas plateadas, otros dormían en carpas aluminizadas. Y los más osados cubrían toda la casa con papel aluminio. Los ojos de mosca se desorientaban en el frente de las casas protegidas con papel aluminio o pintura aluminizada. Y las vallas eléctricas podían derribar cualquier objeto volador espía no identificado. Afuera, la delincuencia común hacia desastres, pero los ojos de mosca servían para ver la intimidad de las personas. En cada casa sonaba la misma voz metalizada:

“Peligro, alerta, ojos de mosca acercándose.”

Mientras tanto, los ojos de mosca revoloteaban, surcaban los cielos, acechaban, sobrevolaban, caían en picada, buscando víctimas. De pronto las ventanas de las casas protegidas con mallas eléctricas hacían explosiones cuando los ojos de mosca se estrellaban contra ellas; segundos después aparecían chispazos de electricidad como un juego de luces.

Los pobres atormentados y pudorosos ciudadanos sudaban a chorros bajo cualquier manto aluminizado. Y los ojos de mosca seguían al acecho, buscando y detectando todo acto erótico o actividad sexual para ser expuesta al mundo entero.

Los hoteles sufrían la peor parte. Eran escaneados con una presión milimétrica; en busca de parejas haciendo sexo.

<> dijo John.

Entonces furiosas y queriendo captar y grabar a los humanos haciendo cosas eróticas o practicando el sexo, etc… los ojos de mosca recibieron una señal. Al instante se dirigieron a los bosques, montañas, y toda vegetación o escondite que pudieran salvarlos de los ojos de mosca. Los humanos inventaban cualquier cosa para no ser vistos por estas cámaras de video llamadas ojos de mosca. Y los aparatos llegaron a los lugares despoblados y captaron a los humanos haciendo sexo. Personas en diferentes posiciones sexuales, desnudos, semi-desnudos, drogados, borrachos, fumando y descansando después del acto sexual. Nadando en ríos de semen y diferentes fluidos. Algunos se dieron cuenta y se tapaban con arbustos. Los lentes de realidad virtual de John destellaban en color rojo. Su respiración se aceleró y un hilo de saliva salió del lado izquierdo inferior de su boca y resbaló entre la mejilla y la barbilla.

Videos nuevos cargados a la Neuro-red:

Hombres y mujeres vistiéndose, desvistiéndose, en el baño, en la cama, haciendo sexo, masturbándose.

La oficina donde estaba John no tenía mallas eléctricas en las ventanas. A toda hora las explosiones y chispazos eléctricos causados por el choque de los ojos de mosca, daban la impresión de un tiroteo y ráfagas de fusil. Con semejante ruido, Estefanía se quejaba y repetía mucho la palabra estrés.

Todos los voyeristas esperaban la noche. En una actividad anodina, que sin embargo repetían como si fuera algo nuevo. Mujeres desvistiéndose cuando llegaban cansadas del trabajo. Hombres duchándose. Chicas limpiándose luego de hacer una necesidad fisiológica, en realidad, nada se escapaba de aquella tecnología.

Uno de los ojos de mosca captó el momento en que dos adolescentes, una chica y un chico estaban en el cuarto de esta, el joven, sacó su miembro y se lo mostró a ella, la sorprendida, esperaba que comenzara la función y el acelerado presentador inició un proceso de masturbación, la muchacha aumentó la temperatura de su cuerpo y él como buen bombero, utilizando su manguera, arrojó un líquido blanco y espeso que logró apagar el incendio de la chica. Otra adolescente posaba desnuda para un hombre adulto. Más allá, del otro lado de la ciudad, dos adolescentes homosexuales desnudos, recrearon una pintura en versión libre, el que permanecía de pie, contemplaba al de rodillas, que imitando al personaje de El Bosco en el jardín de las delicias; lucía un ramo de flores metidas en el cañón del mortero. Tres adolescentes féminas hacían contacto sexual. Un adolescente intentaba que la perra le hiciera sexo oral. Una chica al parecer adulta, se prostituía por comida.

Los ciudadanos hastiados de que se les violara su intimidad, buscaban desesperada-mente bloquear a los ojos de mosca. Entonces forraban puertas y ventanas con papel aluminio. Y compraban dióxido de carbono en spray para ahuyentar a tan miserable y molesta plaga electrónica.

Sin saber de qué forma ocurrió; un virus entró en el cerebro de John, los lentes de realidad virtual conectados a cada cerebro humano comenzaron a fallar. Una chispa de electricidad se produjo en la parte frontal de los lentes.

La oficina estaba tan tranquila y en paz como un templo Hindú. Mientras se resolvía la falla, John miró a Estefanía y esta le dijo:

-¿Quieres un café?-

-Si.-

Y llegó el proceso de esquizofrenia. Las paredes del cerebro de John se agrietaron. El subconsciente colapsó. El control de sudor fue destruido. La memoria alterada. El chip integrado al cerebro parcial-mente averiado. Un gran olor a semen en toda la oficina, el cual Estefanía disimuló a toda costa.

La noche cayó como una cortina de plomo. John parecía distraído y un poco mareado. Pero los lentes no dejaban de funcionar y le llamaban:

Al oír aquello, Estefanía le preguntó:

-Ya me voy a casa. ¿Seguro que no me vas a espiar con los ojos de mosca?-

-Tal vez…-

Respondió John.

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