Desmemorias de un viaje (II)

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El Martirio de San Sebastian El Zulia.htm Monumento a La Chinita

Siempre he sentido un gran afecto por el Zulia. Tal vez, sea una obsesión. Nada deleita mas mi espíritu que ir para allá y desde que hay un vuelo directo desde aquí , ésta ísola que siempre he sospechado fue la que le prometió Don Alonso de Quijano a su leal escudero Sancho Panza para que la gobernara hasta aquel lugar con un inmenso espejo de agua (bastante manchado, por cierto) en medio de 2 costas. Por lo tanto, no se me puede exigir que sea neutral si sobre ésta tierra se hiciere necesario emitir un juicio y no haré ningún esfuerzo en serlo. Como ya he estado tantas veces, no haré una cronología detallada, intentaré poner orden en las sensaciones (Ser zuliano mas que una circunstancia de la vida, es una sensación) que me vienen en tropel, pugnan por salir y terminan anudándose en los dedos e impiden teclear estas notas sin destinatario. Al llegar en la tarde al aeropuerto te bajas encandilado con el cielo tornasol, tantos destellos que escapan de la prisión que intentan imponerle un riguroso pelotón de nubes. Las luces y los rayos del sol resultan indomables, siempre encuentran un resquicio por donde manifestarse. En el área de desembarque acusas el frío glacial del potentísimo aire acondicionado, retiras el equipaje, sales del área techada del aeropuerto y te recibe una brisa de calor de horno, la brisa hace mutis de manera discreta, sientes que no hay aire y te urge refugiarte en un vehículo (con aire acondicionado, claro)que te acerque al lugar de destino. La inflación y ser un viajero solitario hace que ya no tomes un taxi directo hasta el otro lado del espejo de agua, sino que te dejes llevar hasta el terminal de pasajeros de la ciudad de Maracaibo. Alquilar un vehículo resulta imposible y antieconómico para cualquier presupuesto debido a que solo los encuentras grandes de tamaño y de tarifa, aparte del poco interés en vender que ponen los que atienden en el área del aeropuerto que agrupa a las empresas que prestan ese servicio. Al llegar al mencionado terminal empieza la aventura. Todos son vehículos cuyos modelos datan de principios de la década de los 70, los choferes dicharacheros ellos, confianzudos, se percatan de tu equipaje y mas si éste incluye un estuche de licor proveniente de las Highlands de Escocia, tras lo cual hacen chistes, muestran su interés en participar en la ceremonia donde se sacrificará el contenido de las botellas del agua de la vida o te ofrecen eventos alternativos de variado menú, con música de las mas variadas tendencias a discreción de quién en éste caso sería el portador del paquete. Todo con la mayor cordialidad y hablando no con alguien que va de paso sino a quién conocen de toda la vida. Luego de ubicar el equipaje en la amplísima maleta de la unidad, empieza el pugilato entre los distintos pasajeros por evitar el morrito típico del asiento trasero y por cuadrar el viaje si hay usuarios que viajan solos y aparecen parejas ó grupos mayores. Por primera vez sentí que alguien consideró mi edad y por ello no opuso resistencia a ocupar el incómodo puesto pero sus gestos lo delataban, este joven de unos 16 años hizo un gesto de inconformidad, arrugo los labios y se concentró en su teléfono celular de marca china. El resto de los pasajeros estaban conformados en el asiento delantero por madre e hija. La primera estaba tejiendo (Si tejiendo con hilo y aguja), lo que parecía un agarraollas con un técnica muy depurada y la hija se entretenía dando cuenta de un litrón de Golden colita en la puerta trasera del lado del chofer una señora ya entrada en años con un niño en sus piernas que la ametrallaba a preguntas de distinta naturaleza a las que ella respondía con paciencia y una sonrisa en los labios, a mi lado el iracundo pero respetuoso joven y vuestro humilde servidor dedicado a observar el paisaje. Saliendo de Maracaibo, te encuentras con la denominada zona industrial, un nutrido grupo de personas ataviados con franelas rojas, parados en los portones de las industrias que conforman la zona o con escobas, palas y carretillas dedicados a labores de aseo y ornato, calles larguísimas a cuyas orillas hay una multiplicidad de comercios de distinta índole y con evidencias según lo que puedo recordar del paisaje de haber permanecido así tal cual como están durante muchos años, camiones volteos ya vacíos de regreso a su base de operaciones y otros anchilargos con tuberías, cabillas, cemento, equipos detenidos por algún funcionario de la Guardia Nacional revisando meticulosamente cada uno de los documentos presentados por el nervioso chofer quién se deshace en explicaciones que no le han pedido, estás en medio del tráfico pesado que se mueve lentamente y piensas que como cosa rara se te ocurrió algo útil como es llevar los bluejeans mas destartalados disponibles en el closet y la franela de algodón de colores oscuros que oculte todo el polvo y el smog que le puedan caer encima. Ya estás en la cabecera del puente, ves el lago, y empiezas a sentir una emoción tan grande, se te nubla la mente, sientes el tradicional nudo en la garganta y el corazón se te salta, pasas unas instalaciones donde tiempo atrás funcionó un peaje y a los Guardias Nacionales hurgando con la vista al ocupante de cada vehículo. En el destacamento que presta servicios en esa emblemática obra, ves con compasión como funcionarios adscritos a dicho destacamento hacen requisa del equipaje y pasajeros que ocupan un autobús con destino incierto. Cada vez que paso por ahí contemplo la misma escena, siento la misma compasión y parece que son los mismos de la ocasión anterior, casi que los reconozco, se ven miembros de la etnia wayuu ofreciendo cigarrillos, refrescos, agua mineral, snacks variados, caramelos a los transeúntes. Con tráfico mas liviano ya pasado el peaje, el destacamento y la parafernalia del abuso a humildes ciudadanos empieza el tráfago por el puente, no puedes menos que sonreir cuando logras ver la diferencia entre la velocidad a la que va la unidad del transporte público que abordaste y la velocidad máxima permitida para transitar por el puente. Por la ventana a tu derecha puedes la bruma que acompaña el lago puedes sentir el reflejo del sol en sus aguas, gigantescas manchas de aceite, botecitos surcándolo, tanqueros gigantescos que ofrecen su aporte a la bruma estableciendo un contraste entre el gris que sale del agua y el negro que sale de las chimeneas. A la izquierda el mismo paisaje que el ya descrito líneas arriba con la variante que en medio está la Isla de Toas. El chofer entra en una especie de eufórico trance sube el volumen del equipo de sonido que tiene instalado (y que por cierto no me cabe la menor duda que vale mas que el vehículo que lo contiene) con una rigurosa selección de lo nuevo del vallenato en un disco compacto quemado, por supuesto. Luego de pasar el puente, el chofer trata de amenizar el viaje tratando de elevar el nivel de su voz por encima del sonoro vallenato, preguntándome mi procedencia y mi destino, por Margarita, recordando algún familiar venido de allá mientras el vehículo se va desarmando y elevándose unos 10 centímetros por encima del pavimento, en medio de su entusiasta conversación dice que está llegando la hora de hacer su siesta, cuenta que el primer viaje de ida hacia Maracaibo lo hizo a las 5:00 am y ya es el último viaje del día. Dice que la siesta la hace mientras maneja entre la entrada a Santa Rita y el cruce hacia Ciudad Ojeda y que si lo ven dormido no lo despierten que el carro sabe como llegar, esto lo hace mientras quita la vista de la carretera y te mira a la cara. Sin lugar a dudas se trata de una experiencia extrema, la delgada línea que separa a Eros de Tánatos. En el Zulia, sobran las opciones gastronómicas autóctonas con todas sus variantes en el mero Sambil Maracaibo centro comercial que está coronado con una réplica del Puente sobre el Lago y alrededor de ésta todos los establecimientos de comida rápida imaginables, y ocupando un lugar privilegiado aquellos que despachan patacones, pastelitos, arepas embostadas, arepas de aguita de sapo, tumbarranchos. El Centro Comercial Sambil es un solo deambular de almas por sus pasillos (Que no tienen el clima templado de antes por el efecto del racionamiento eléctrico) ofrece en sus pasillos los mas granado de la artesanía local en especial todos los atavíos de gala que suelen usar los wayuu incluyendo las mantas guajiras que presentan en su frente una imagen gigantesca de la Virgen de la Chiquinquirá y aquellos sombreros tejidos y de ala corta que me hacen recordar a los pintorescos ¨palabreros¨, franelas alusivas a los símbolos de la zulianidad, réplicas de las casas que están alrededor de la Calle Carabobo en madera, Estos mismos platillos que representan un homenaje al colesterol y los triglicéridos están presentes en toda la extensión de la geografía del pintoresco estado, y cada casa tiene su variante, la sempiterna cola para pagar el estacionamiento, el Mc Donald´s a reventar, los cines repletos, gente, gente en todos lados y mas gente. Encontrarte con el alma del Zulia, llegas al Palacio de las Aguilas que es una de las pocas muestras de un pasado que se antoja glorioso por lo majestuosidad de su estructura. Representa el símbolo del poder regional que luchó denodadamente por avanzar en la descentralización regional, lucha expresada en aquella gaita que es el verdadero himno de la zulianidad como lo es la Grey Zuliana: ¨…..Maracaibo ha dado tanto que debiera de tener carreteras a granel con morocotas de canto¨, lucha expresada en el ritornello de cuanto gobernador ha pasado por el Palacio de las Aguilas al manifestar palabras mas, palabras menos, con su estilo personal, con mas o menos acento la diferencia entre lo que el Gobierno Central extrae de la tierra y de los bolsillos de los contribuyentes del Estado gracias a la reservas de petróleo y a la actividad comercial, agrícola, agro-industrial y comercial que generan renta gravable y lo que recibe en el presupuesto destinado al funcionamiento de la gobernación y las obras que la comunidad demanda. Cerca de éste lugar, apenas a una cuadra se aprecia la fachada del Teatro Baralt y desde allí puede caminar hasta llegar a la Iglesia de Santa Bárbara con su curiosa fachada de color azul marino, atraviesa la calle y te recibe la estatua alusiva al Martirio de San Sebastián la cual te anuncia que estás haciendo entrada al Paseo de la Zulianidad, obra espectacular que te da la sensación (de no ser por el sol abrasador) de estar en algún lugar en Europa por lo cuidado de los jardines y la minuciosidad cada detalle que lo adorna, levantas la vista hacia el horizonte, giras la cabeza en ángulo de 45 grados y te encuentras con la Basílica que es la representación de la fé de éste pueblo, depositaria de la esperanza de un pueblo que peregrina sin cesar buscando consuelo y milagros que recompongan su pesada existencia, y resulta curioso tropezar a personas de lo mejor vestidas, con todos los accesorios correspondientes y en su debido lugar, darte su mejor sonrisa, saludándote con la mayor cordialidad, con gran facilidad de palabra, llamarte por un nombre que obviamente no es el tuyo porque te ¨confundió¨ con alguien con quién compartió faenas de trabajo por allá ó por acá para luego de salir del error, acto seguido, te pide una colaboración monetaria para ayudar a algún familiar en desgracia ó alguna penosa situación personal. La mendicidad adquiere cierto glamour en la Basílica. No sé si es producto de la alienación, término acuñado por el filósofo alemán Ludwig Feuerbach para ayudar a definir la corriente materialista de la ciencia que profesó pero al pararse frente a la imagen de la venerada Chinita se siente una sensación poderosa, parece el único oasis ó espacio con temperatura agradable dentro de ese ambiente que a pesar de estar bajo techo tiene temperatura de desierto, le das la espalda a la Venerada para apreciar el paisaje con el que ella vive todos los días y te imaginas a esa Grey Zuliana copando todos los espacios cada 18 de noviembre, damas encopetadas, de tacón y recién salidas de la peluquería ú otras de humilde extracción, de atavíos humildes, señores de saco y corbata inmunes al clima inclemente y otros señores vestidos de camisas manga corta, bluejeans confeccionados en China y zapatos comprados para la ocasión, manifestando su devoción. Generaciones y generaciones de zulianos en particular y venezolanos en general que han pasado y seguirán pasándose frente al sagrado retablo con las diferencias propias de cada época pero con su sentir intacto. Un lugar mágico resulta el denominado Paseo del Lago. Frente al resplandor de los rayos de sol que rebotan en el espejo de agua y su incesante tráfico de embarcaciones de todos los tamaños, es un espacio para el esparcimiento de los maracuchos, que caminan por sus pasillos, o se pasean en bicicletas por las pistas, o se sientan a contemplar el paisaje, en su entrada se consigue una edificación diseñada con gran gusto y que sirve de sede a la Universidad Rafael Urdaneta con una modernísima y vistosa Aula Magna. De éste paseo salen autobuses con decorados que los hacen parecer a los ya extintos tranvías los cuales cubren las denominadas rutas religiosa y mundana. La primera lo lleva hasta la Basílica y la zona tradicional y la otra lo lleva por los Centros Comerciales, avenidas con gran afluencia de personas y con tiendas de lujo. Si va hacia la denominada Costa Oriental del Lago se consigue con 2 áreas con cierta distancia entre sí. Una la ocupada por el eje Cabimas-Ciudad Ojeda que es la denominada zona petrolera y otra por los Puertos de Altagracia en cuyas inmediaciones se encuentra la Petroquímica del Zulia con el paisaje dominado por tuberías, tanques, campos petroleros, cercas, portones, vegetación agreste, intenso tráfico de vehículos de carga. La existencia de ambos lugares demuestra que puede haber un lugar mas caluroso que Maracaibo. Al entrar en las inmediaciones del primero de los sitios mencionados existe un lugar llamado El Dulce por donde pululan personas que se ganan la vida ofreciendo a los viandantes, una variada gama de postres con un jarabe muy espeso, de sabor dulce muy intenso por lo que la pregunta que cabe hacerse es: ¿Con la escasez permanente de azúcar como subsiste ésta actividad artesanal? Pero en mi opinión es un detalle, lo mas grave es que en cada viaje noto que mas y mas personas se dedican a la actividad así como el inventario disponible de productos en los destartalados puestos o kioskos, mas niños en cualquier horario persiguen a los autos ó vehículos de carga ofreciendo sus mercaderías, así como la proliferación de vendedores ambulantes de productos para el hogar como cera para pisos y desinfectantes sin marca comercial y envasados en botellitas de agua mineral de 330 ó 600 cc ó el crecimiento de tiendas que se surten de mercancía de contrabando proveniente de la fronteriza Maicao ó de la Isla de Curazao ó de comida rápida ó de peluquerías, o alquiladores de teléfono, es decir, toda una pléyade de actividades informales que revelan la existencia del deseo de emprender dada la ausencia de fuentes de empleo derivada de la falta de inversión en la principal actividad de la zona por considerar que los pozos ya están en fase de producción declinante y la preferencia de la industria petrolera estatal por contratar personas fuera de la comunidad. En los Puertos de Altagracia, se observa un panorama similar. En muchas casas de familia se dedican también a la venta de mercancía de contrabando, el calor es eterno pues aún en la noche parece que el sol sigue latigueando las amarillentas aguas que cubren sus costas y que durante los fines de semana reciben visitantes que se dedican a contemplar el paisaje y a las actividades propias de un día de playa. Hacia el norte de Maracaibo existe una sucesión de pueblos y municipio que terminan en Paraguaipoa y en el puesto fronterizo que declara el fin del territorio venezolano y el inicio del colombiano. El Moján, Santa Cruz de Mara áreas donde en algún momento se desarrolló la siembra de frutas tropicales con fines de exportaciones, actividad casi desaparecida, todos éstos pueblos tienen costas del Lago de Maracaibo y suelen (como en Los Puertos de Altagracia) recibir visitantes los días de semana y con gran afluencia pues la mayoría proviene de la capital del estado. En esa misma vía se encuentra la Laguna de Sinamaica, lugar que dio el nombre al país. Extensos brazos de agua donde viven personas en palafitos que nos invitan a imaginar la cantidad de mosquitos que debe haber en las inmediaciones que obligaron a los ancestros y aún a los actuales habitantes del sitio a vivir en tan incómodas como pintorescas condiciones. Existe una iglesia, un bar restaurant una escuela, una medicatura rural como en todo pueblo de provincia pero la mayoría de ellas en estado de precariedad y mantenidas a duras penas por la gobernación del Estado, además de la escasa afluencia de público que los hace olvidarse de la actividad turística como base económica de la región siendo un lugar que debería ser sagrado para el sentir nacional resulta insólito el estado de abandono de la infraestructura y la escasa difusión que se le da al lugar. Mención aparte merece los pueblos asentados a orillas del Lago de Maracaibo de arquitectura palafítica, con viviendas construidas dentro de sus aguas. Pueblos como Santa Rosa de Agua ubicado en el norte de Maracaibo en la ribera occidental del lago como Ceuta, tales pueblos viven fundamentalmente de la pesca y de los restaurantes ubicados en palafitos que ofrecen a los comensales lo mas variado de la gastronomía zuliana, tales como el tradicional pescado frito y la sopa denominada como ¨cruzao¨ de pescados y mariscos y los mas elaborados como Lisa rellena ó Mojito en coco. Ceuta en particular es mencionada en una gaita de Cardenales del Éxito y parte de la letra dice: ¨ Existe un pueblo situado allá en la Costa Oriental, parece se va a acabar pues lo tienen marginado, Ceuta a ti ya te han borrado de aquel mapa nacional¨ Entre lamentos permanentes por el olvido ó falta de interés de las autoridades competentes por atender y resolver los problemas de la gente que habita en estos lugares, la ausencia de políticas para distribuir entre los habitantes los recursos que produce la principal actividad económica como muestra de la horrorosa desigualdad imperante, por cierto con pozos ya muy antiguos y extenuados existen espacios para la alegría, para la fé, para la esperanza. La alegría expresada en cada una de las tradiciones como el Baile de San Benito, la participación activa en festivales de gaitas, la proliferación de grupos que masifican ésta querida expresión cultural el amanecer en San Juan de Dios, el tradicional juego de Las Aguilas del Zulia al borde del medio día en punto, la corrida en la Plaza de Toros, la fé renovada y fortalecida cada 18 de noviembre donde el alma zuliana se empina por encima las dificultades expresada en la risa de la maracuchita que vive en el barrio tradicional a la que le brillan los ojos al ver en el almanaque la proximidad de la fecha y la participación multitudinaria de los zulianos en todas las ceremonias religiosas programadas con tal motivo en los atavíos que visten para presentarse ante la Gentil Dama. La esperanza de un mejor destino en cada una de las actividades que emprenden, una gente que no cesa en su empeño en buscar la vida a través del emprendimiento de las mas variadas actividades económicas muchas vinculadas con el sentir y la idiosincrasia que los define, una oferta académica abundante y variada en sus universidades que es una apuesta al desarrollo del capital humano como palanca para la transformación del destino. La cerveza Regional, los cepillados, patacones, esas tortas cubiertas de crema que venden en vitrinas con ruedas cerca de la Basílica, las empanaditas, las mandocas, pastelitos, jugo de tamarindo, el Béisbol (Casi una religión), La Chinita, el Lago, el Puente, Los Palafitos, el callejón de Los Pobres, Las Playitas, La vista del Lago desde el Restaurant giratorio del Hotel Best Western El Paseo, esas carreteras infinitas, los mechurrios encendidos que pueblan esas llanuras duras y estériles, las torres de hierro de donde se extrae incesantemente el Mene, las guajiras y sus curiosas mantas, el acento maracucho, su voseo, su particular sentido del humor configuran los símbolos de una nación cultural que mas allá de las consideraciones estéticas que puedan hacerse sobre su geografía y atractivos tienen una personalidad que configura una filosofía de vida, un modo de vivir.

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