Acerca de Blue Label y Julián, de Eduardo Sánchez Rugeles

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Una anécdota de introducción: En la universidad, una chica estaba sentada a mi lado, tan cerca que no pude evitar echar un ojo al libro que tenía entre piernas. En lo poco que pude leer, la palabra ‘farmatodo’ me saltó a los ojos, así que asumí (porque Farmatodo es una marca mayormente venezolana, corríjanme si me equivoco) que leía a un autor venezolano, y le pregunté por el libro. Ella fue receptiva y me habló del autor, Eduardo Sánchez Rugeles, e incluso intercambiamos números de teléfono para intercambiar libros (yo tenía en ese momento Caracas Muerde, de Héctor Torres). La chama me dio el número mal (a propósito, probablemente) y nunca la pude contactar. Cuando compré el libro, no pude dejar de imaginarme a Eugenia, la protagonista del libro, con la cara de la chama.

Blue Label/ Etiqueta Azul trata el tema de la emigración de la clase media venezolana desde el punto de vista de una bachiller, Eugenia Blanc, quien ante la pregunta de qué haré con mi vida y con la apatía de estudiar en la Universidad producto del oscuro futuro del país (apatía de alguna forma justificada en estos tiempos, y eso que el libro está ambientado en el 2012), apuesta por el exilio. No por jalar bolas, pero me parece importante que escritores den testimonio de este desastre y no se autocensuren ni lo pasen por debajo de la mesa por miedo al poder. De hecho hay una parte en el libro en donde se satiriza a unos boliburgueses. Es decir, no encontrarán este libro en Librería del Sur, ni probablemente en una Filven.

Al fin y al cabo que luego de dejar que la lectura se enfríe, te das cuenta de que Blue Label es una historia cursi, la tipa ingenua (de nombre Eugenia, curiosamente) que odia a todos y que conoce al tipo loco, outsider y suicida, que la lleva en un viaje donde descubren cosas de la vida junto a otros outsiders. El plot twist de la historia es algo que se veía venir y el final del libro es, honestamente, un poco flojo. Me parece que el peor error que hace Rugeles en la novela es llenar de intelecto a personajes de 16 años, al punto de dejar de pensar que son adolescentes hormonales y existencialistas y pensar que son más bien pensadores dotados. Pero no todo es malo. A pesar de todo esto, Rugeles te mantiene pegado a la lectura porque su narración es fresca, rápida y, además, es un carajo ingenioso y con sentido del humor, todo esto plasmado en Vadier, el personaje más demente de todos (sus monólogos sobre la palabra ‘guevo’ y sobre los derechos de los Helados son humor de verdad, nada de Laureano Márquez doñeando acerca del Gobierno). Rugeles también hace unos excelentes saltos en el tiempo mientras transcurre la narración principal, llena de recuerdos e historias. ¿Qué más? Hace referencias a Pulp Fiction, nos dice por qué Bolivar era un cagao, y critíca el modelo de hacer cine venezolano establecido por Chalbaud, toda la historia guiada por una filosofía de ‘Hagas lo que hagas la gente igual hablará paja, así que, ¿qué importa?’ (Otra cosa: justificar todo lo que hizo el padre de Eugenia a su hija y a su familia a través de una simplona carta resolvedora, no me agradó mucho, y pareció de hecho un recurso de Deus ex machina)

Total que es una lectura recomendada, que se lee fácil, para pasar un buen rato.

Julián, su más reciente libro (2014) es la historia de un niño de 9 años que tiene leucemia y afronta una muerte que se avecina, y junto a sus amigos planean rescatarlo cantándole una canción, mito de Orfeo style.

Ahora, Julián es, sin mayores dudas, mejor que Blue Label, pero me parece que es uno de los casos en que los autores se apresuran queriendo aprovechar el boom que tienen (Blue Label va por la 4ta edición) y eso hace que Julián tenga unas similitudes muy parecidas con Blue Label y que parece que Rugeles no es capaz de despegarse: los mismos tres personajes principales cumpliendo los mismos roles aparecidos en Blue Label, el mismo Vadier ingenioso esta vez encarnado en un niño de 9 años llamado Ojo de Vaca, el cual se la pasa con un diccionario y llamando a las cosas del país ‘sobrevaloradas’ (Rugeles, es un carajito de 9 años, de nuevo: sobreintelectualización de personajes jóvenes…) y el salto en los tiempos en el libro, cosa que honestamente me dejó frío, al verlo ya utilizado en Blue Label. Sin embargo, la narración de Rugeles en Julián toma un rumbo un poco distinto: la visión de los niños ante la vida y la muerte, las relaciones, su opinión acerca de los padres y la pronta pubertad, es una genial mezcla entre ternura y cinismo, sin caer en lo cursi. El final, esta vez, es fuerte y potente, muchísimo mejor que en Blue Label.  Gerald Espinozza hace las ilustraciones, macabras y juveniles, dándole un toque excelente a este libro que en algunos momentos parece para niños, pero en realidad no lo es tanto.

1 Comentario

  1. Liubliana es muchísimo mejor que Blue Label, pero tiene el mismo defecto que Julian —y también que Jezabel— y es el hecho de que Sánchez Rugeles parece reciclar sus personajes e, inclusive, alguna que otra frase. Lo que hace que sus historias, aunque con buenas tramas, pierdan fuerza. Aun así, es recomendado aunque sea por su cínico poder de entretenimiento.

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