25 años de la caída del Muro de Berlín

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Hace precisamente un año estaba en Berlín y hace exactamente 25 años  se desboronó el socialismo alemán en la “Deutsche Demokratische Republik”, “La República Democrática de Alemania”, la DDR, la Alemania Socialista,  la Alemania del Este. Berlín a su vez estaba dividida en lo que fue el mayor experimento social jamás visto e involuntario. Ese mismo año unos meses antes, en Venezuela sucedió el Caracazo, que hoy en día es una de las poquísimas cosas sobre la cual los venezolanos empiezan a ponerse de acuerdo en que es el hito delineador de la causa y el contexto sobre el que se asentó el proceso que se hizo gobierno hace ya 15 años.  Es natural que todas las madres con hijos de mi edad, les cuenten qué estaban haciendo durante aquel día de febrero, muchas embarazadas de nuestros prenatales seres. A menudo me pregunto si nuestra generación sea la que de hecho deba llamarse “Los Hijos del Caracazo” por este preciso empalme histórico.

 

Siguiendo en Venezuela, la palabra “socialismo” no tardó demasiado en oficializarse, y en mucho menos de 15 años. Hasta en el lenguaje de los más opositores pasó a ser sinónimo de “bienestar social”, porque “el problema no es el socialismo” sino que “el problema es que este es un gobierno mentiroso que es de todo menos socialista”. Hoy en día no hay discusión en Alemania sobre si la DDR fue pésima o no. Además, no hay un solo texto académico donde busques una definición de la DDR y no pases por las palabras “Estado Socialista”.  Aún así para aquellos que confunden la Política con Semántica, esta discusión igualmente semántica nunca acaba, y cuántos han y hemos caído por necios en tamaña discusión estéril.

 

A veces deseo viajar a todas esas argumentaciones pasadas que fueron tan infértiles como abstractas sobre el socialismo y darme a mi mismo un trozo del muro para mostrar, quisiera poder dárselos a todos los que han estado en aquella misma posición, y mejor aún dárselos a todos los que defienden tan arrugado ideal. Porque esta generación que nació en el año del Caracazo y de la Caída del Muro de Berlín tiene la histórica fortuna de contar con un pedazo tangible de concreto que te afirma a gritos lo que sucede en socialismo.

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Antes de la construcción del Muro (1961) y durante los primeros once años de la DDR (1950-1961) 3.5 millones de personas migraron hacia la Alemania Federal, la BRD “Bundesrepublik Deutschland” que por cierto sin siglas y extenso es el nombre oficial de la actual Alemania unificada. Y esa migración tan enorme fue la causa concreta de la construcción del Muro, así como de la barrera interalemana en el resto del territorio. Esta migración fue una demostración en sí misma de lo que el Muro estaba destinado a recordar al mundo entero.  Sin duda, su propósito en buena medida se cumplió, durante las TRES DECADAS siguientes solo lograrían emigrar de la Alemania Socialista un aproximado de 600mil personas por distintos medios y distintas fronteras, por no decir distintos escapes.

 

Pero lo que verdaderamente habla del socialismo, es que individuos decidieran arriesgar sus vidas, no con tiburones como en “El mar de la felicidad” hazaña igualmente admirable, sino atravesando fronteras militarmente fortificadas y con hombres entrenados y armados para matar. Que a pesar de tales peligros, más de 40mil personas prefirieron enfrentarse a la muerte para alcanzar la libertad, para vivir en su propio país, sólo unos kilómetros más allá, y en el caso de Berlín apenas unos 200 metros más allá, con tal de vivir fuera de la DDR, fuera de la Alemania Socialista.

 

Si alguna vez les ha molestado que una persona de casi cualquier país desarrollado (y también de otros países) parece NO entenderles cuando uno les asevera que en Venezuela tienes que cazar el Papel Higiénico, les aseguro que encontrarán comprensión con casi cualquier Berlinés de más de 35 años, y oirán historias para algunos más extremas y para otros muy similares como “1989 fue el año en el que por primera vez vi y comí una naranja”. Si son buenos oyentes hasta escucharán sobre escasez de papel higiénico, de bocas que no hablan ni castellano ni venezolano.

 

Hasta ahora se sostiene que el número de víctimas mortales al intentar escapar por el muro es de 270, y sumado con la frontera interalemana un total de 753, cifras que quizá a muchos venezolanos les podrán parecer bajas con nuestras tasas de homicidio, pero que son la prioridad en Berlín cuando se conmemora cualquier aspecto relacionado con el muro. A pesar de estar de acuerdo con esto, debo decir que para mí el muro es una de las más grandes historias de la voluntad humana. Individualmente, es el recuerdo constante de que la libertad es un anhelo tan poderoso e inherente al ser humano que es capaz de enfrentar la muerte con tal de alcanzarla. Y que este deseo no sólo es incontenible sino también contagioso y por lo tanto colectivo.

 

La caída del Muro de Berlín marcó un hito muy concreto no sólo en Alemania. Se volvió el símbolo de lo que pasaba más al este como en Polonia o Hungría, países donde por cierto 1989 es asociado con otra palabra sacrosanta del castellano venezolano actual: se le conoce como el año del ‘Fin del Comunismo’

 

Se le atribuye a Cicerón el principio de que la historia se repite cuando no se le conoce, pero si a alguien por semántica o por lógica le parece incorrecto esto, quizá le sea más agradable aquella frase de Mark Twain “La historia no se repite, pero vaya que rima”.

 

Algo curioso para aquellos semánticos/epistemólogos/etimólogos:  Debido a que habían muchos tipos de barreras y puntos de control antes de llegar incluso al muro más interno, la gran mayoría de los berlineses del este (el Berlín socialista), nunca vieron el muro físicamente hasta 1989, por casi tres décadas nunca vieron aquello que los apresaba.

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