La hallaca majadera

 

       Aquella noche navideña, la mesa estaba puesta, en una gran bandeja las hallacas ya calientes, apiñadas esperaban la hora de la fiesta.

A lo lejos se oían las gaitas marcando la pauta para la cena, entre la alegría y el alboroto una hallaca majadera se abrió paso para colocarse de primera, era esta tan perfecta que destacaba como una gema, ¿Quién la habrá envuelto?, ¿Quién la lazó? De la abuela era el secreto, que después de hacer el guiso, para atar una hallaca aún le quedó tiempo.

La hallaca no conforme con su nueva posición se deslizó hasta llegar al centro del lugar, ahora ya se sentía satisfecha, pero los demás alimentos protestaron y su regreso a la bandeja trataron.

-Yo soy reina, soy la tradición, mi ropaje es africano, europeo mi corazón y mi tierna masa del mejor jojoto de la nación.

El churro enfurecido le contestó:

-No te recalientes, que hallaca tiesa rompe dientes, yo vengo de Europa, pero no hay nada mas criollo que el chocolate con que se me moja y no por eso salto al centro del mantel para poner la torta.

Los pequeños dulces empezaron a saltar en su plato, cayéndole encima al de leche que ya lo tenían plano, los de coco rodaron entre los vasos, todos ellos acaramelados dejaron azúcar por todos lados.

El pan de jamón buscando la concordia, terminó formando parte de la discordia.

El chocolate ya cansado resopló en su jarra salpicando al jamón planchado que del susto perdió de piña un bocado.

Cuando llegaron los comensales la mesa hizo silencio, todos se sorprendieron  al encontrar a los dulcitos brincando como unos sapitos, se sentaron y comieron a rebosar entre risas y canciones poco a poco con la comida lograron terminar.

Sorpresa, sorpresa, nadie toco la hallaca pretenciosa, pues todos pensaron que era un adorno u otra cosa.

El día empezó a despuntar y un parrandero aún despierto trinchó a la hallaca y al sentirla tierna, sin mucho miramiento en dos bocados no dejó ni el recuerdo.

Este cuento no tiene moraleja, la tradición la hacemos las personas, siempre en nuestra mesa está el primo bullero, la tía entrometida, los niños juguetones o el vecino goloso, todos juntos hacemos de la cena una gran experiencia, felicidades a todos, que siempre tengan con quien compartir en ese día especial.

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