panfletonegro

Que trata sobre por qué aquí no hay una reseña de Por El Medio De La Calle 2011

Una vez le escuché decir a una connotada periodista que Panfleto Negro era como La Hojilla: de vez en cuando se publican cosas que dan risa, pero, por lo general, allí sólo salen insultos sin sentido. La joven soltaba ese comentario luego de las sendas crónicas que Sergio y yo publicamos el año pasado con respecto a Por El Medio De La Calle.

También el año pasado, otra persona de cuyo nombre no vale la pena acordarse (¡en serio!), una de esas hipócritas que en la cara te sonríe y por la espalda habla mierda de ti, colocó su crónica en el muro de Facebook, hizo el muro privado para que no pudiera verlo, y lo acompañó con comentarios del tipo «estos resentidos no apoyan la cultura. Viva La Vida Bohème, viva Viniloversus» y otras cursilerías semejantes.

Este año escuché a la misma periodista, cuando pasaba por la Plaza la Castellana, mascullar un: «no joda, esta mierda es un cojeculo». Mientras que a la otra persona, la acabo de leer en redes sociales diciendo que no asistió este año porque el año anterior fue tan desagradable que no quería volver a asistir. Así de hipócrita es la gente, y por eso no le gusta esta página.
Hace semanas, Sergio me prestó un libro maravilloso, se llama Ceremonial del porno, lo escriben Andrés Barba y Javier Montes. Es un agudo análisis de la pornografía. Una de sus mejores partes es cuando identifica la fobia al porno, no presente en los conservadores y pornofóbicos, sino presente en mentes supuestamente liberales, que debajo de su supuesta tolerancia y mente abierta en realidad esconden a un pornófobo tan o más conservador que los que asumen abiertamente la postura anti-pono.
Me dio por pensar que aquí mucho son así. Debajo de su máscara de alternativos y cool, basta que se encuentren una propuesta realmente rompedora e iconoclasta para que se asusten y escondan. En Venezuela lo que manda es la irreverencia de bajo impacto, una irreverencia de MTV, sin mayor peso, sin capacidad para incomodar a nadie. Por eso las críticas a Por el Medio De La Calle llueven, pero en silencio, son susurros y como todos los susurros, son hipócritas. Panfleto Negro es el porno de los intensitos caraqueños, nos leen a escondidas, les gusta lo que escribimos pero prefieren ignorarlo y negarlo en público.

Por eso, este año decidí hacer algo distinto: en horas de la mañana le dije a mi compañera Adrianónimo, que no pensaba escribir nada sobre el evento. Primero, llegaría tarde; segundo, no tenía ganas. Ella tampoco. Así que este año no habría reseña por aquí.

Esto no es una crítica….

De todas las estaciones, sólo iba pendiente de ver en una de ellas, el Jam del grupo Letras a Litros. De resto, lo confieso: fui a ser parte de la farsa. Si las autoridades van a fingir por una noche que puedo «caminar la ciudad», aunque sea a modo rebaño y siendo empujado por un gentío; que me puedo fumar un porro a vista de los pacos sin que me digan nada; que puedo estar en contacto con el arte («sembrándole arte a la juventud», decía Platanoverde hace unos años); pues hagámoslo.

Llegando, el concepto del evento se estrella contra la realidad. ¿Ciudadanía? ¿Arte? ¿Caminar? Cuas, cuas, cuas. Aquí todos sabemos cómo es la vaina. Esto no tiene nada, pero nada, ni siquiera un poquito de ciudadanía, o de artístico, o de un coño. Todos lo dicen en privado, pero aquí lo hacemos en público: Por El Medio De La Calle es un evento farandulero y barato. Las «propuestas artísticas» (nótense las comillas) son lo de menos. Incluso este año, lo que siempre había sido mejor, los conciertos, tampoco estuvieron a la altura. En la Plaza La Castellana la gente hasta se montaba encima del ornato echando por tierra el discurso ambientalista del evento.

Respecto al Jam de Letras a Litros, puedo decir que estuvo regular respecto a organización, la pantalla apenas y si permitía leer los textos. Los textos, todos terribles y sosos. A una de las autoras le sugirieron como tema «la luna de miel y la infidelidad», y entregó un texto lamentable. Es la escritura sin gracia y sin contenido; la literatura como ejercicio naif. A la última que escribió le cortaron el sonido y le apagaron las luces, no la dejaron leer.

El arte, al decir de Cultura Chacao es desechable, por eso los participantes son irrespetados, sus intervenciones cortadas y como a ellos sólo les importa farandulear, tampoco es que reclaman mucho.

Luego del Jam, me fui con mis amigos a beber, bajamos por birras y comida e hicimos nuestro propio recorrido, al igual que todos. Yo también fui un jovencito bebedor y arrogante por calles de Chacao. En el camino, me encontré a muchos panas y con todos compartí el sentimiento generalizado, eso que todos saben, eso que todos dicen pero que nadie se atreve a decir en voz alta. En fin…

La noche terminó en la Plaza La Castellana, en la tarima 4to Poder calentaba al público. Frente a la plaza, la gente se salvaguardaba del calor. Yo me tomaba fotos con mis amiguitos, me caía a curda, y a golpe de las nueve nos fuimos a seguir bebiendo hasta la madrugada.

Hoy en la mañana me puse a consultar el descontento en redes sociales: Los hipsters celebran, los demás lo lamentan, son pocos los que no se dan cuenta de que la contradicción entre lo que el evento pretende y lo que logra es enorme. Además, me acabo de enterar de que a una amiga la asaltaron al salir del evento. Ese es otro detallazo: este año escasearon los policías, el ánimo de la alcaldía por jugar a «hoy los dejo en paz jovencitos» significó que la gente quedó sin resguardo, los ladrones hicieron su agosto, en Twitter abundan los cuentos de personas robadas.

Hoy, todo vuelve a la normalidad, la tolerancia de la alcaldía se acaba y si te agarran rajando caña o fumando marihuana en la calle, créeme que no serán tan tolerantes como anoche. Será hasta el año que viene en que jugaremos otra vez a que Chacao es Barcelona.

¿Arte? Bah: JÓDANSE!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

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