Hobo with a Shotgun: Filosofía a Mano Armada

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Otra imprescindible del 2011. Cinta del futuro y futurista plagada de citas, plagios y remembranzas del cine de explotación de ayer y de hoy.
Fruto de la generación “Grindhouse” y surgida al principio como un trailer falso. Ahora es una película hecha y derecha a la manera de “Machete”. Con ella guarda innumerables parentescos de producción, formato, contenido, estructura argumentativa y propuesta de fondo.
No en balde, ambas recuperan el clásico filón del hombre solitario, devenido en vengador anónimo y accidental por la fuerza del destino, a consecuencia de toparse con las injusticias de un pueblo controlado por un Tirano Banderas. El conocido “Leviathan” y dictador sanguinario, de una sola pieza, a confrontar, demoler y derrocar en el último acto. Metáfora consciente o involuntaria de “Los Hundimientos” y “Las Caídas” de los autócratas del pasado y el presente, de Hitler a Gadafi.
Proyección de las pasiones vengativas del once de septiembre y de las fantasías de rearme moral del ciudadano de a pie ante las inequidades implantadas por el sistema de poder.
“Hobo with a Shotgun” sirve de catarsis para una audiencia deprimida por la perpetuación de la crisis, bajo la inspiración de géneros malditos y mutantes como el spaghetti western, el soft porno, el gore desquiciado de la escuela fundacional, la totalidad como conspiración y el thriller de suspenso encabezado por los redentores heroicos del desastre institucional de Watergate, a la retaguardia de Charles Bronson y Clint Eastwood, cuyo personaje de “Los Imperdonables” parece encontrar una replica posmoderna en el Rutger Hauer de la cinta de Jason Eisener.
No es casual su recuperación como actor e ícono de las distopías de los sesenta y ochenta, a la altura de “Delicias Turcas”, “Blade Runner” y “Carretera al Infierno”. La presencia del intérprete le brinda una segunda lectura al guión, al libreto, al subtexto, para modelarlo al gusto del espectador contemporáneo, amante de los guiños y los planteamientos metalinguísticos.
Parte de la polisemia del film radica en comprenderlo como el ajuste de cuentas de una estrella condenada a la condición de paria, quien después de soportar años de exclusión y humillación, decide reclamar su revancha, devolver el golpe e impartir la ley por su propia mano, cual llanta “rencauchada” de “Rubber”.
Por ende, el mundo solo le ofrece una única escapatoria y salida: erigirse en el arquetipo apocalíptico de la deshumanización colectiva, tras reflexionar en la chivera de los miserables y los desechos de la cultura de masas.
De tal modo, apelará a una estrategia fatal de piloto kamikaze, de “V de Vendetta”, de caricatura de historieta gráfica, de terrorista común, al buscar la limpieza del pueblo ultrajado por su clase gobernante, por medio del fuego de su metralla. Un curioso tópico moderno literalmente introducido y desarrollado por John Ford, cuando demostró la incapacidad de separar al bien del mal en los pueblos fantasmas del viejo oeste, carentes del menor orden constitucional. Era difícil polarizar el entorno y distanciar la ética de los vaqueros de la de los comanches.
En efecto, el protagonista de “Hobo with a Shotgun” es un rebelde armado hasta los dientes, procedente de las cloacas y sumideros de la república distópica, empeñado en sacrificarse como mártir por la salvación de los suyos, de su comarca al asedio de los mercaderes del templo, asociados a una claque disfuncional y mafiosa de padrinos de ciencia ficción.
El estrambótico villano brama, grita y se comporta como un disociado psicópata de las joyas de la serie “Z” de la factoría Troma. No se debe tomar demasiado en serio, aunque su histrionismo bufonesco apunta al desmontaje y la deconstrucción del esquema binario del largometraje.
En general, la dureza iconoclasta de “Hobo with a Shotgun” radica allí, gracias además a la participación de un reparto de secundarios de lujo y de “freaks” encantados con la idea de no dejar títere con cabeza en el teatro del horror, orquestado por el realizador, como espejo del sueño americano,de la globalización.
Es obvia la conexión con diamantes en bruto de la aventura pesimista como el caso de “The Running Man”, “Escape de Nueva York” y la misma “El Mariachi”, donde un hombre solo es llevado por la trama a adoptar la filosofía del ojo por ojo, para emanciparse del yugo, de la represión de sus derechos.
Aparte de ser un lúcido manifiesto transpolítico, de profundas raíces nihilistas y existenciales, “Hobo with a Shotgun” funge de increíble síntesis de las corrientes de pensamiento audiovisual en boga. Verbigracia, su magistral secuencia en el retén de niños recién nacidos, dentro de un hospital, a la luz de un discurso,de un sermón, de un monólogo devastador proferido por Rutger Hauer a la usanza del soliloquio final de su replicante para la obra maestra de Ridley Scott. Acá nosotros, desde la perspectiva de la cámara subjetiva, ocupamos el lugar de los bebés interpelados por el vagabundo, por el marginado.
La sala oscura es un apéndice de un cordón umbilical a cortar de raíz, para emprender un indispensable crecimiento en el seno de una industria inmadura.
Bofetada al espectador amamantado por la ubre de Hollywood y sus “happy endings”,sus mensajes tranquilizadores.
Encima, la película se beneficia de una soberana dosis de humor negro, por cortesía de los integrantes del casting y de la absurda acumulación de clichés, en pos de hacer estallar la pantalla por la vía de la exposición de despropósitos irónicos.
Hay fórmulas para regalar y dinamitar a diestra y siniestra. La chica encuentra el chico pero ninguno se regenera. Los forajidos se multiplican como hongos y en el desenlace arriba la guinda de la fresa en la figura de un robot infernal llamado “La Plaga”.
La textura de la imagen, junto con la fotografía, le imprimen un sello clandestino y guerrillero a la factura del trabajo, capaces de transformar el visionado de la función en una experiencia sensorial hipnótica y fascinante, por su declarada y descarada ejecución feísta, decadente, “underground”.
Nunca faltará un crítico empeñado en develar la trampa “artie” y qualité detrás de la puesta en escena de “Hobo with a Shotgun”.
Ellos se lo pierden.
Es hora de incluirla en la lista de lo mejor del año.
Sus incómodos escopetazos, de francotirador desmelenado, lo merecen. Por algo, recrean y reflejan la esquizofrenia de nuestros días. La de los miles de muertos en Venezuela, y la de los asesinatos en masa de Noruega, Virginia y Columbine.
Subproductos del fascismo de la izquierda y la derecha.
No es culpa de los chivos expiatorios, sino de las causas antropológicas del colapso,de la debacle.

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