La víspera de la visita de Irene

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tormenta irene
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Todo comenzó con la histeria colectiva, claro, mi madre se contagio de dicha histeria. Mami necesitaba ir al supermercado,simplemente a comprar los atículos de primera necesidad. Además, el simple hecho de ser domingo, era la excusa perfecta para una salida familiar. Llegamos al supermercado y comenzó la aventura. El primer reto era encontrar un carrito donde echar la compra. La histeria era tal, que el supermercado estaba lleno y la gente, literalmente, peleaba por los carritos de compra. Mi mamá se fue a seguir a las personas en busca del carrito, pero cada carrito que seguía ya tenía nuevo dueño. Me puse a mirar y a mirar y vi a un empleado llegando del estacionamiento con unos cuantos carritos y él dijo: “cojanlos”. Yo, como hija de mi madre, le tome la palabra y tome el carrito. Mi madre llego feliz porque ya estábamos por pasar a la próxima etapa de la aventura. Ahora comenzaba lo más divertido, buscar los víveres. Comenzamos por los vegetales y las frutas. Había calma en el área. Lo pasamos porque según mami, no se puede comprar vegetales ni frutas porque se dañarían cuando corte el servicio de energía eléctrica. En fin, ella dice que no se puede comprar nada de nevera, porque todo se daña. Seguimos al área del party time, es donde están los refrescos, las cervezas y todo tipo de picadera. Habían espacios vacíos ya, pero no eran productos necesarios.

El supermercado se recorre como los gusanos, en zig zags. Nos enfrentamos a las kilométricas filas de pago. La gente hacia filas en medio de las góndolas y la búsqueda de productos enlatado se convertía en un martirio. Tenía que decir: “con permiso, perdone que le moleste pero necesito buscar unas latas” o “perdone, me deja buscar esas latitas”. Es un clásico de domingo, hablar como diccionario, muy proper y con todo el código de cortesía a flor de piel. Esas filas se iban intensificando, la gente seguía llegando al supermercado. Poco a poco se formaba el caos.

Nos abastecimos de salchichas, jamonilla, atún, galletas saladas, galletas exporsoda, pan, cheese wizz, dulces, jugos, y todas esas cosas que se comen cuando hay tormenta. Porque en esos momentos es cuando más hambre da, mi abuelo diría que se tiene una solitaria en la tripa.

Yo, aparte de buscar mis antojos, me dedique a mirar. Miraba el comportamiento de las personas. Claro, tuve que decirle en unas cuatro ocasiones a mi madre: “respira, es temprano y Irene no es rápida. No le hagas caso a la gente, si quieren volar que vuelen, pero tú con calma. Esto es una compra familiar.” Creo que veía la histeria de las personas y se contagiaba. La gente quería hacer todo rápido, como si la comida se fuera a terminar.

Continuando con lo que comencé, estábamos en el área de las carnes y helados. Yo entre en duda, por un momento pensé que en par de horas en Puerto Rico se estaba por formar el super party nacional con el que tal vez soñó Luis Muñoz Marín. Pero sabia que no, faltaban unas horas para que la primera tormenta azotará esta isla vulnerable al clima. Les cuento, la gente estaba comprando carnes como si fueran hacer el bbq nacional. Quiero decir, el party del vecindario, invitados todos, aunque no se conozcan. Habían personas que llevaban hasta cinco cajas de pizzas congeladas, de esas de microondas, pero y ¿si el servicio de energía eléctrica lo suspenden? La gente se peleaba por las bolsas de chuletas de cerdo, por las de pollo. Sin mencionar los mariscos, claro, estarán preparando en estos momentos el asopao para recibir a doña Irene.

En fin, salir al supermercado en víspera de una tormenta en Puerto Rico, es toda una aventura. Ahora me toca esperar que pase la tormenta. Yo me llene la boca diciendo que no pasaría y ahora estoy escribiendo rápido para poder dejarles esto. Ahora, viendo las noticias acabo de ver que en el modelo de trayectoria, pasa el ojo de la tormenta por mi pueblo. Lo más seguro no podré tener acceso a internet por varios días. Hasta que la Autoridad de Energía Eléctrica, reponga cada poste caído y cada cable que este guindando.

Yo me retiro, prometo escribir del día de mañana, los días después de estos fenómenos atmosféricos suelen pasar muy lentos. Tendré tiempo para informarles.

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