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El Sonido de los Niños:Las Dudas sobre Gustavo


No me interesa sumarme al coro de satanizadores e inquisidores de Dudamel,dirigidos por la batuta de personajes mezquinos escondidos detrás de intimidantes seudónimos, como de chepa candela,la Bomba y la prensa amarilla. Por desgracia, tanta valentía a la hora de condenar primero y averiguar después,no viene acompañada por la firma de los autores y los torquemadas de la cacería de brujas.

Tampoco publicaré una sarta de descalificaciones contra el protagonista de la cinta, alrededor del tamaño de su melena encrispada,del precio de su reloj de pulsera, del grosor de sus cadenas de oro y mediocridades por el estilo.

No es mi papel, no me toca y no queda nada bien. Primero, porque conozco a Gustavo,a su esposa y al maestro, desde hace años, por múltiples circunstancias del destino. En consecuencia, no los considero la punta del iceberg de una conspiración internacional para matar a la música; de una mafia de pillos boliburgueses enriquecidos a costa de los dineros del gobierno chavista; y mucho menos un grupo de bandidos encubiertos por el tetero del estado.

Por tanto, escribo y escribiré en primera persona y desde la honestidad. Primero,coincidí con Eloisa Maturén en la escuela de Comunicación de la UCV. Solo puedo decir cosas buenas de ella.

Segundo, a Gustavo y al maestro Abreu les dediqué un documental de una hora a propósito de la visita de Simon Rattle al país y del treinta aniversario de la fundación del sistema. Por tanto, dos años de mi vida fueron abocados a la investigación y profundización del tema, hasta saturarme por completo. Después de ello, decidí tomarme unas vacaciones del repertorio clásico y concentrarme en otros asuntos profesionales.

En paralelo, Alberto Arvelo haría lo propio con “Tocar y Luchar”, pero a diferencia de mi,él optaría por seguir ahondando en la materia al punto de concebir una suerte de continuación o secuela de su título original. Visto el resultado de ambos trabajos, su decisión autoral me parece válida,positiva y correcta.

El crecimiento de Beto como documentalista es notable y evidente, de la época de cuando componía acciones falsas y posadas como de una ficción paramera, al tiempo actual donde la cámara se deja llevar por el descontrol, la espontaneidad y la magia surgida en el contacto con la realidad(no mediatizada o puesta en escena),aunque siempre hay un enfoque subjetivo y una manera obvia de condicionar el entorno a través de la omnipresencia del lente del realizador.

Son para el recuerdo imborrable, los treinta minutos iniciales de “El Sonido de los Niños”, de lo mejor del año y de la carrera del creador de “Una Vida y Dos Mandados”,a pesar de sus bemoles conceptuales y formales del segundo al tercer acto. Ya hablaremos de ellos.

Por lo pronto, el film arranca con potencia,rigor y consistencia estética,al dividirse entre una crónica del ascenso meteórico del “Dude”, una reivindicación de los alcances internacionales del sistema y un entrañable testimonio de niños de diversas partes del mundo, quienes son beneficiarios directos del modelo armado y diseñado por José Antonio Abreu.

El casting infantil de la pieza es no sólo acertado sino de una emotividad desarmante. Nunca faltará un Herodes dispuesto a quemar en su hoguera personal a dichos intérpretes, por sus características demagógicas y amelcochadas de Club Disney,fáciles de engañar e instrumentalizar por el poder en ejercicio.

En mi caso, soy consciente de la plena legitimidad del recurso, dentro de la lógica del mensaje planteado por el largometraje. En cristiano, Alberto asume una mirada antropológica de pleno respeto y exaltación de su objeto de estudio, intentando pasar desapercibido detrás de la cámara.

Así, delante del foco, distinguimos la voz,el coraje y la maduración de un conjunto de chicos, regenerados y sensibilizados por su integración a la orquesta. Incluso, hay un subtexto brillante de máxima tolerancia hacia la diferencia,implícito durante el metraje.

Por ejemplo, Arvelo elude cualquier estereotipo “antiyanqui” en boga, para rescatar la intervención prolongada de un joven afroamericano, tutelado por el sistema y cuyo ídolo es Gustavo. Sea como sea, si todavía hay dudas sobre su inmenso talento, pues las imágenes y las entrevistas del documental parecen callarle la boca hasta las audiencias más escépticas. En su nombre y a su favor, discurren y hablan hitos de la constelación global.

No obstante, se excluyen las opiniones disonantes y adversas,capaces de desmontar el pensamiento único manifestado por el documental. Verbigracia y como mínimo, una secuencia merecía darle espacio a los innumerables refutadores del sistema y de Gustavo. Naturaleza democrática,obliga.Un discurso por una sola calle no es convincente y peca de totalitario,de sesgado.

Ni el sistema ni Gustavo son perfectos. “El Sonido de los Niños” así lo quiere vender. Para empezar, el sistema penitenciario es un pañito caliente y no se cumple a cabalidad. De hecho, existe un documental,de reciente data, para comprobarlo. Se llama “Notas de libertad” y fue dirigido por Dianita Ruiz Hueck,de la mano de Daniela Jarvonik.Yo tuve la ocasión de ser su tutor.

De igual modo,la biografía de Gustavo es superficial, epidérmica y se limita a exponerlo en situaciones de épica glorificadora. Nadie confronta el endeble alegato del protagonista, reiterado y convertido en una tautología incomprensible,por ratos.

No en balde, el talón de Aquiles de Gustavo sigue siendo su esquemática capacidad de oratoria. La recuerdo de cuando lo entrevistamos en su apartamento de Parque Central. Por lo visto, ahí el alumno aventajado no puede superar al maestro(Abreu). José Antonio continúa cuidando con estricto celo su imagen y el documental lejos de procurar desmitificarlo, lo vuelva a entronizar en el olimpo de los intocables del panteón venezolano.Es una materia pendiente. Solo Liliane Blazer se atrevió a desacralizarlo en su documental del 27 febrero,al exhibirlo como el Dudamel de la toma de posesión faraónica de CAP en el 88. Luego acontecería el “Caracazo”.¿La música del maestro lo anticipó?

En “Sonido de los Niños”, la imagen del presidente permanece fuera de campo, como un ruido de fondo latente,como un rumor de las piedras disimulado por hipocresía. Al respecto son conocidas y reiteradas las interpretaciones de Abreu y Gustavo para Hugo y su claque. Otro asunto peliagudo omitido por la autocensura. También merece discutirse.

Por último,para quedar bien con dios y con el diablo, el desenlace constituye el peor lastre del documental. Termina con un concierto en la Vega, organizado por la Alcaldía de Caracas,entre boinas rojas,gorras tricolor,chalecos del CNE y funcionarios meneando la cola al ritmo del pan y circo del sistema.

Dudamel cierra con su nulos dotes de predicador, mientras Arvelo lo consiente exageradamente con la duración de las tomas. Varias de sus intervenciones se pudieron cortar en sala de montaje. Ocurre un proceso similar al de “Maradona by Kusturica”. El diez se cree inspirado por las musas y no para de formular ideas descabelladas y ridículas. Teje puras sogas para su cuello.

Ya el discurso social y humanista no le va a Dudamel, pues pertenece a una élite inalcanzable de la cultura capitalista,con viajes de lujo, carros con chofer y departamentos de ensueño. Es ícono del heroismo materialista,con cuñas y demás.

Por tal motivo, el homenajeado blinda su entorno en extremo y jamás llegamos comprender cómo llegó hasta la cumbre del estrellato. Se esconde con pudor a sus familiares y se pierde la ocasión de descubrirlo en su día a día.

Al respecto,el documental de “Justin Bieber” es superior, porque carece de complejos y asume sin pena su condición de vehículo para el lucimiento de un nuevo rico. Gustavo es su equivalente en la música clásica, pero se escuda en una insostenible verborrea de misión Barrio Adentro, por ingenuidad,por pragmatismo o por simple especulación. De verdad es un misterio.

En resumen, “El Sonido de los Niños” conjuga la evolución formal de Arvelo como documentalista, con el estancamiento ideológico del discurso populista del sistema y Gustavo,quien parece encerrarse en una burbuja de plata,cada vez más aislada de la realidad.

Por ello, su regreso a la infancia perdida, tiene mucho de cuento chino,de falsa humildad, de síndrome de Peter Pan.

Me retrotrae al cine de Leni.Ella cándidamete pensaba trabajar en pro de la belleza y de la bondad. En realidad era la tonta útil del programa de los fascistas. Por fortuna, acá no hay solución final,por ahora. Sin embargo, todavía se sueña con ideales modernos y futuristas de redención de la humanidad a través del arte. Es como para reír y llorar.

No aprendimos nada de la lección de Wagner.

Me quedo con el Haneke de «La Pianista».

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