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Érase una vez el Cortometraje en Venezuela


Esta es la historia de Don Corto en Venezuela. Don Corto siempre quiere reunirse de buenos amigos, quiere estar con Erich Wildpret,con Danielita,con Carlos Cruz y sino consigue a Carlos Cruz, bueno es Nacho Huett. Pero no importa, lo fundamental es que Don Corto existe para hacer relaciones públicas,para establecer compromisos, para estrechar lazos, para hacer diplomacia. Ahorita,de hecho, Don Corto quisiera tener a su lado a Edgar Ramírez, pero no puede porque Edgar Ramírez no está disponible. Sin embargo, Don Corto no pierde las esperanzas y sigue adelante, aunque no sepa muy bien para donde va y que sentido tiene seguir adelante, porque el cine hace años que se murió, al igual que el resto de las fantasías que nos circundan: la casa, la universidad, la política, el país, el mundo. Todo es un desastre, todo es una porquería. Aun así, Don corto no se amilana , Don Corto no se intimida, Don Corto quiere conquistar el planeta entero, ganar el Oscar, ganar Cannes, ganar fama, ganar mucho dinero, ganar poder.
De hecho, Don Corto sabe que de dar en el clavo, se convertirá en el hombre del momento, en el tipo más deseado, en la envidia de todos. Por eso, Don Corto trabaja y trabaja duro, aunque su proyecto sea una completa inutilidad para la raza humana.
La mayoría del tiempo, Don Corto vive en el reino de la fantasía, soñando con pajaritos preñados y tramas de película barata. Un día se levanta con ganas de narrar una anécdota pueril, el robo del carro,el secuestro de una novia, el encuentro de tres ladrones en un ascensor.Mientras más estéril,mejor.
A la mañana siguiente, estudia la posibilidad de ponerse serio y escribir un alegato en defensa de los derechos humanos o en pro del rescate de los simpáticos muchachitos andinos o favor de la tolerancia en tiempos de polarización.
No se les olvide que Don Corto es un caballero y un ejemplo de dignidad y virtud. Un encarnación en la tierra del concepto de responsabilidad social. Un señor sensible, dispuesto a hacer donaciones para fundaciones de beneficencia. Sus esfuerzos son proporcionales a sus obras caritativas y a sus declaraciones de principios. Además, viste de manera elegante y a la medida, sabe comportarse y agradar a sus mayores. Ya no dice groserías en público ni le falta el respeto a las vacas sagradas y obscenas del sistema. Mucho menos al presidente, suerte de figura innombrable y tabú para su corte de semejantes. Su corrección política, se pierde de vista.
Y todo lo hace por amor al cine. ¿No es una belleza? Lamentablemente, Don Corto también tiene enemigos, gente maluca que no lo entiende, que lo desestima y que lo relega a un segundo plano. Don Corto se siente víctima de los distribuidores, de los de exhibidores, del CNAC, de la Villa del Cine, del gobierno, de la oposición, de la empresa privada, del hijo de la vecina, de la crítica intolerante.
Sea como sea, la llorona de Don Corto surte efecto, porque al final siempre le financian sus proyectos, por más absurdos, rocambolescos y ridículos que sean. No en balde, Don Corto se ha destacado últimamente por tirárselas de intenso y poeta, filmándose callado durante cinco minutos para dárselas de inteligente,meditabundo y reflexivo.
Por desgracia, todo lo suyo es un teatro, un vulgar teatro. En realidad, su existencia es tan gris y banal que se contenta y se conforma con recibir palmaditas en la espalda de sus colegas, después de una función de estreno en la Cinemateca Nacional o en donde sea. Y luego que ruede la cerveza, el vino de honor o el whisky puyado si es posible o se consiguió patrocinio. Y es que no se les olvide: Don Corto jamás pondrá un medio de su bolsillo para rodar nada. Lo de él es pedir un crédito americano, como de largometraje, gastar lo mínimo del presupuesto y comprarse un apartamento con el resto del dinero. Total, nadie lo va descubrir, porque el mismo se paga y se da los vueltos. ¿Es un pequeño delincuente, es un mafioso en potencia? Quizás sí, quizás no.
Lo cierto del caso es que Don Corto es uno de nuestros patrimonios nacionales y debemos cuidarlo con celo y precaución, pues su estado de salud es precario. Algunos optimistas lo dan por muerto. Los pesimistas creen que es como una maldición eterna, de la cual nunca podremos zafarnos.
Al final,Don Corto representa la vida y la muerte de nuestro cine, lo mejor y lo peor de Venezuela. Por ello, esta historia continuará por los siglos de los siglos, o hasta que tu hagas algo por evitarlo. Tu tienes la clave para darle su merecido final a Don Corto.
Próxima parada:hincharse y devenir en largometraje. Ahí su banalidad se multiplica por dos,tres o cuatro. Remember «Ni Tan Largos,ni Tan Cortos».
Lo peor es un corto inflado como largo o un largo abultado con malos cortos,pegados a la fuerza.

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