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LA IGNORANCIA LEGISLATIVA DEL VENEZOLANO

VIOLENCIA

Triste. No hay otro modo de referirse a los legisladores venezolanos, con Hugo Chávez y sus desatinadas propuestas por encima de todos. Es triste que el ámbito legislativo esté manejado desde el sentido común más desinformado; desde la ignorancia más crasa y supina acerca de las condiciones que dan origen a las situaciones que pretenden corregir.

Tomemos el ejemplo de la violencia. Venezuela es, hoy por hoy, un país violento. De eso no queda duda. ¿Cómo lo maneja el estado? A través del poder legislativo crea una ley prohibiendo los juguetes y los videojuegos bélicos. ¡Brillante! No importan las condiciones materiales, que la violencia sea un producto de la irritación generalizada por el desmantelamiento de la instituciones (“estamos refundando la república”), por el desempleo y la falta de seguridad social; por la zozobra en un país que está en guerra consigo mismo. Hay que prohibir los juguetes bélicos. No sabemos por qué, pero suena sensato hacerlo. Hay que tomar medidas ¿no? Sigamos comprando armas y haciendo murales con asesinos como el Che, la virgen con una metralleta, bolívar con un corazón de granada. Hablemos de guerra, usemos metáforas bélicas, obliguemos a la gente a ser combatiente… pero prohibamos los juguetes porque ahí es donde está el problema.

Relacionado con lo anterior, resulta que hay un extraño entrelazado entre criminales y policías. Los policías forman parte de las bandas armadas, alcahuetean el crimen, roban, matan… De nuevo, no importa que tengan sueldos miserables, que su prestigio social no sea distinto que el de un guachimán, que la selección y el reclutamiento sea pobre y que muchos provengan de pandillas de barrios. Dejemos todo como está, al fin y al cabo es un problema estructural difícil de resolver. Eso lleva tiempo y a nosotros nos gusta la inmediatez. Así es que inventamos una solución salomónica: una ley que prohíba robar a los policías. Logico, ¿no?

Lo que estos intentos dejan ver es la simplicidad estúpida en las mentes de quienes proponen estas ideas. ¿Qué están pensado? ¿Que los ciudadanos somos como niños de 3 años a los que se les dice “no, no se toca”, se les da un golpe en la mano y ya, santo remedio? De repente es una mera proyección, y como nuestros asambleístas se comportan de esa manera concreta, creen que el resto del país obedecería a ese estilo tan primitivo. En todo caso, una cosa es segura: ESE TIPO DE LEYES NO FUNCIONA.

VIH/SIDA

Ahora se suma una nueva página para esta colección de idioteces legislativas en Venezuela. Sigamos el brillante razonamiento detrás: El problema es que la gente se infecta de VIH. Si se infecta es porque es transmitido pero, ¿quién lo transmite? Bueno, probablemente otra persona. ¡EUREKA! Criminalicemos a esa persona que lo transmite. Es sencillo ¿no? Golpecito en la mano, mientras más fuerte mejor, y el niño de 3 años no toca a ese ciudadano “sano” que es nuestra pieza de cristal encima de la mesa.

¡Estúpidos! ¿Acaso no pueden aplicar una visión de salud pública, en vez de sentido común de doñita? (Con el perdón de las doñitas, quienes no tienen por que pensar en términos legislativos ni de salud pública necesariamente).

Primero que todo, la gente tiene sexo. No porque salga una ley van a dejar de tenerlo (Lo harán con más miedo, eso sí).

Segundo, para tener sexo se requieren al menos dos y, para infectarse, también. Uno que transmite y otro que, nos guste o no, no se cuida a sí mismo; se expone.

Tercero, es mentira que sean las personas con VIH las causantes de la transmisión. Nuestros legisladores pueden ser como Evo Morales y su colección de mitos urbanos, inventando que las personas con VIH van por la vida infectando a otros ¡PERO ESO ES MENTIRA! Lo primero que le pasa a alguien con VIH es que se siente en shock, y luego esta tan mal que muchos, simplemente, dejan de tener sexo. Los que trabajamos en el área sabemos que aquellos que continúan con su vida sexual lo hacen con temor y, aunque no revelen el seroestatus, la mayoría de las veces se las ingenian para proteger a sus parejas. Pero claro, ¿cómo los interesados en esta ley pueden saber eso si no leen investigaciones? Es mas cómodo seguir el sentido común y decir “yo creo que…”.

Cuarto y más importante aún, un buen número de personas que viven con VIH no saben que son portadores. A propósito de esto, propongo que, como parte del proceso de pasar esta ley, los diputados se hagan la prueba del VIH. Estoy seguro que alguno saldrá positivo y, con esto, todos podrán ver que la diferencia entre positivos y negativos es un virus en la sangre, no una cualidad como buenos y malos.

La experiencia de otros países muestra que las leyes que criminalizan la transmisión del virus NO SIRVEN. Antes bien, crean una falsa seguridad en los ciudadanos, niegan la responsabilidad de quien se infecta y hacen que las personas dejen de hacerse la prueba. Es decir, hacen lo contrario de lo que pretenden y TERMINAN PROPAGANDO LA EPIDEMIA.

Así que, respetables e ignorantes miembros de la asamblea, en vez de sembrar pánico y crear más divisiones de las que ya tenemos, les sugiero que se preocupen por:

1. Reforzar el sistema de salud: no tenemos sistema de vigilancia epidemiológica, con lo que no sabemos qué tan extendida esta la infección. Con esto, cualquier intento de prevención (que de paso no existe) no pasa de disparos al aire en una noche oscura. Esta metáfora es buena, pues la ley se encuentra pensada para penalizar a un hipotético psicópata que va por la vida sembrando el pánico. En la práctica, irán a la cárcel personas comunes y corrientes que sean agarradas por el sistema, exactamente como está pasando en los países que han implementado estas leyes tan absurdas.

2. Hay que crear un verdadero sistema de prevención: eso implica difundir mucha educación, especialmente para cambiar las actitudes respecto al sexo y la sexualidad; entrenar a los profesionales de la salud para que dejen los prejuicios y, sobretodo, promover el chequeo regular entre la población general.

Está bien visto que nuestros asambleístas no tienen ni la más mínima idea de cómo se propaga la epidemia. ¿Por qué tendrían que ser ellos lo que inventen un supuesto dispositivo para controlarla? Hace falta mucho diálogo y, como siempre, incorporar a los expertos. En este caso a todas las ONGs que trabajan en el área, las cuales, todos los sabemos, hacen el trabajo que el estado no provee, ni siquiera con este gobierno.

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