UN BETA SERIO.

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El carajito no llega a los 18. Viste jean azules holgados -se ven aún más grandes, también es flaco- lleva gorra, como la llevan ahora, por estos días ya nadie le da curvatura a la “cachucha”. Tiene un teléfono, nada “moderno”, de estos que algunos piensan ya han desaparecido, porque…

-Ya nadie presiona teclas.

Ahora arrastran los dedos por pantallas mágicas. Liendo debería hacerle segunda parte a su novela. La pierna se mueve con nerviosismo.

Posiblemente pudo haber pasado desapercibido, pero las miradas del resto también son nerviosas, llevan la angustia clavada en el iris. Son los zombies de una ciudad que les ha quitado…

-¿Aló? -Hace una breve pausa- Pásame a -fulanito-… dale webón.. coño… no… hazme el coro ¡que es un beta serio!

No lo veo, pero sé que está mirando hacía la calle mientras sostiene con fuerza el teléfono al oído. Esa espera se parece al vacío, a la eternidad, esa pequeña necesidad de obtener…

-Marico… coño yo estaba ahí parado y tuve que salir corriendo, estos estaban todos ahí, y estoy en la camionetica. -se detiene un momento y continúa- ¡No webón!, el beta es serio, nos cayeron a coñazos y de vaina me caen a plomo -su voz se debilita, como la de alguien que no llora porque el susto es peor- no.

Toma aire, e intenta mantener el control. Busca en su interlocutor la respuesta que espera, porque mientras el miedo manda…

-Yo… -se queda en silencio, esperando una respuesta que…

Lo veo, porque sé que algo ha pasado. Le han cortado la llamada -o él se ha quedado sin saldo-. No esperaba eso. En ese momento no le queda más que afrontar la realidad, ha sido un segundo de lucidez. Comienza otra vez el temblequeo en las piernas, mira el celular.

La mujer que tengo a mi lado sabe que indiscretamente lo estoy viendo. Por un instante la observo, ella está tan intrigada conmigo, como yo con él.
Finalmente el bus llega a la parada.

Es el primero en pararse. Pero no en salir.

Como si el freno hubiese sido un seguro que se ha desbloqueado, me descubro tarareando:

“Te están buscando para matarte
Coño e tu madre porque te alzaste “.

17 años -pienso-, muy probablemente la edad del carajito que se me perdió de vista, un Domingo a las 5 de la tarde en pleno Chacaito.

Daniel Dannery

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