Nacionalismo y Socialismo (Parte II)

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La apuesta actual por el Poder, por parte del Gobierno, no sólo confunde plenamente a sus detractores y enemigos, sino tiende a desarticular permanentemente a las organizaciones (políticas o no) mediante sorpresivas acciones o maniobras diseñadas para distraer la atención, sin un mínimo descanso para uno u otro bando, gracias (para bien o para mal) a los medios de comunicación.

La absurda teorificación de la política actual (incluyendo a los absurdos teóricos que abundan en los medios) no proporciona sostén suficiente para correlacionar nuestro estado actual con lo que se vive día a día y lo que se ve a través de los medios de comunicación. Un Golpe de Estado victorioso a través de mecanismos y maniobras legales es, y lamentablemente será, algo totalmente desconocido e improbable para la gran mayoría. A muchos les resulta difícil entender que pueda haber un Golpe de Estado silencioso, a través de evidentes y públicos métodos  aparentemente democráticos, cumpliendo cabalmente con la ley, pero burlándose fatalmente de su espíritu.

Suficientes acciones del gobierno, legales o no, son planificadas y se realizan de tal forma que hasta una parte de la población podría tener razones suficientes para agradecerle al gobierno (así sea ella la primera perjudicada). La táctica, bien apropiada, de dividir aun mas a un sociedad fragmentada entre confabulaciones irreales, intereses irreconciliables y un abanico de diferentes ideologías trae grandes frutos al gobierno, viéndose en detenciones o abusos de poder que afectan a ciertos sectores específicos, pero que le son indiferentes a la gran mayoría, por mas aberrados e ilegales que sean los métodos utilizados.

La confusión perenne, las condiciones de pobreza y miseria masiva y la inexactitud de la oposición política nada pueden hacer contra un Estado, que de manera permanente e invariable, actúa una veces anárquicamente, otras legalmente (o con apariencia de legalidad) y en otras ocasiones, de forma pública y notoria, ilegalmente. Asimismo,  el gobierno actual no duda en utilizar la fuerza para lograr sus objetivos, mientras la oposición parece tímida, indecisa e impotente, con restos de símbolos pasados, que más nadie quiere volver a ver. Un gobierno con una retórica avasallante, agresiva, segura de si misma (así sea sólo en apariencia), versus una Resistencia que nunca lo fue.

Hablamos de la Alemania de 1933 y cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia.

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