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Luna Nueva: ¡es hora de boicotearla!

«Luna Nueva» es un fraude. Posiblemente, el gran fiasco del 2009. No tiene consistencia, se desinfla como pompa de jabón al cabo de dos minutos, y ni el chantaje sentimental la puede sostener hasta el final.Igual, la gente irá a verla por inercia o por engaño.Al final, el mal ya lo hizo la publicidad.

Con menos alharaca, la primera parte cumplía con el trabajo de divertir al personal, y al mismo tiempo, recuperaba la vitalidad del decadente relato amoroso en vías de extinción. Por desgracia, la segunda apenas si funciona para darle rienda suelta a nuestro humor involuntario, a costa de la melena secada del «american teen wolf» anabolizado, de las apariciones del fantasmita Cullen y de la recurrente desmayadera de Bella, con y sin moto.

Aquí el romance vuelve a sucumbir al juego del lugar común, entre predecibles dilemas existenciales y diálogos bochornosos declamados con harta solemnidad.Una verdadera ridiculez como de «Somos Tu y Yo».

Ella es como América en la actualidad. Bella es América en la actualidad.Eternamente joven, adolescente, casi infantil, seudocontracultural y esquizofrénica. Es de origen humilde, pero alucina con complejos de grandeza aristocrática, de origen Europeo. No obstante, le cuesta un mundo deslastrarse de sus raíces aborígenes. Es un arquetipo maravilloso como proyección del inconsciente colectivo del alma torturada del pueblo anglosajón en el tercer milenio.

Quiere romper con sus atavismos, sin renunciar a sus privilegios de clase, por encima de etnias, minorías y castas inferiores en la escala social.

Desesperadamente, busca consuelo en un hombre redentor, destinado a salvarla y a liberarla de su estado de minusvalía, de inseguridad.

A su modo, ella representa la tesis de la guerra no declarada contra la mujer, luego de la extinción de las teorías feministas, cuando entraron en vigencia las leyes de la corrección política y los dogmas de la nueva derecha conservadora. De ahí la represión sexual de la chica y de la pieza, saldada con un eterno coitus interruptus, al gusto de las cruzada morales en boga, de Washington a Caracas.

La saga crepúsculo demuestra la vigencia del bushismo en la gestión de Obama, y la victoria de los ideales reaccionarios alrededor del globo. De hecho, los postulados de la Lopna subyacen en cada uno de los fotogramas de la película.   

En tal sentido, encarna la radicalización del esquema “High Scholl Musical”, y la inversión del programa iconoclasta de “Jennifers Body”, en las antípodas del evangelio para las masas escrito por  Stephanie Meyer, acusada de plagiar al libro de “The Nocturne”. Vaya necedad. El fusil es obvio de la primera a la última página. Su novela es emblemática de la cleptomanía de su gremio(de best selleristas). 

Por su parte, el chico vampiro masculla frases hechas y nunca se sonroja. Es un cara dura de marca mayor, como su largometraje, inspirado en una caricatura atormentada de Brando y Dean, aunque más cercano a la nadería de Luke Perry  en “Beverly Hills 9210”. Se le exige andar semidesnudo para garantizar el enganche del público de colegialas calenturientas, cuyas hormonas son doblegadas por el régimen de abstinencia impuesto por el reinado del puritanismo internacional.

En cuanto al pequeño licántropo en esteroides, sólo se puede decir un secreto a voces: con ese torax al descubierto, plenamente rasurado, luce como un subproducto de la factoría gay del Mister Venezuela. Y no quiero sonar homofóbico.  De paso, algunas lo comparan con Chino, el del dúo regetonero “Chino y Nacho”. Sea como sea, es un hueso duro de roer como galán de folletín. Ni hablar como actor. Cero uno en la boleta, como el resto del casting. Mínimo, al elenco le sale un cursito chimbo con el profesor Ralph Kinnard, el de “A Mí Me Gusta”.

Por ende, la película parece un telefilm de despecho de serie «b» o un capítulo fantástico de «Dawsons Creek»,con pésimos efectos especiales a lo «Buffy, la Caza Vampiros», pero todo vendido como si fuese la esperada secuela de una franquicia de alto presupuesto. Puras pamplinas. 

En realidad, la mayoría del dinero se invirtió en afiches, cuñas y avances. Así el mercadeo se traga, una vez más, al cine. Muy sintomático de la deriva de la industria en tiempos de crisis.

Después de todo, es preferible gastarse la plata de la entrada en «Alocada Obsesión», una cinta mejor y más honesta. En cualquier caso, el estreno de «Luna Nueva» anticipa lo peor: la inminencia de una temporada gris como fin de año, al compás de bodrios como «Son de la Calle» y compañía. Dios nos agarre confesados. Será una navidad para olvidar, ¿con la única excepción de «Avatar»?Amanecerá y veremos.  

Por lo pronto, los invito a padecer “Luna Nueva” en una sala llena a la seis de la tarde en El Centro San Ignacio, a pocos metros de distancia de una “feria del vino”. Sin duda, es una experiencia antropológica y sociológica digna de estudio. Refresca las teorías de Pavlov a propósito del condicionamiento del germen animal. 

La trama avanza morosamente según los criterios del melodrama demagógico, explotado de la era de Corín Tellado en adelante. Las secuencias se estiran como el chicle, a golpe de ralentis, anécdotas banales y conversaciones anodinas.

En media hora, la parejita de “Romeo y Julieta” se separa. Acto seguido, las manijas del reloj giran alrededor del llantén de la protagonista, mientras cocina a su próximo candidato. De cajón, deber ser otro chico fuera de lo normal, porque imposible conformarse con cualquiera de sus amigos nerds. La lógica de la distinción acompaña la selección natural del personaje.

Luego, regresamos al laberinto de las pasiones encontradas en el bosque de los lobos esteparios, donde reparamos una motocicleta, comemos panecillos en una cabaña del Tío Tom y somos obligados a contemplar morbosamente los pectorales de la manada  canina, en una suerte de estética porno soft al estilo del magazine “Sports Ilustrated” o de los comerciales de Calvin Klein con Marky Mark.  

En el clímax, reaparece el hijo de Drácula para combatir a su Némesis y recuperar el terreno perdido con la nieta de Bela Lugosi. Finalmente, pelean contra el villano de la partida, encaran al mohicano en el monte para sacarlo del juego de “Doce Corazones”, por el momento, y terminan en una habitación para dos, con el anzuelo de comprometerse de por vida. Recurso previsible para garantizar el retorno de la serie en el 2010.

  De forma análoga, la originalidad expresiva brilla por su ausencia, al ritmo de musiquita pop, imágenes oníricas de tradición kistch, cámaras lentas y colores estereotipados maquillados en ordenador.

En efecto, la infografía es pobre y pirata como la película. Las texturas de las bestias son poco definidas y respiran el aire naiff de los video games de terror. En lo personal, me quedo con el pánico hispánico representado por la generación de relevo de “Rec”, “La Huérfana” y “28 Weeks Later” de Juan Carlos Fresnadillo.

Y cuidado con la lectura racial estancada en la época de David Griffith y “El Nacimiento de una Nación”. En “Luna Nueva”, el negro sigue siendo una amenaza de muerte.

Pésima entonces la escogencia del realizador de “American Pie” para acometer la continuación de “Twillight”. Si acaso, su despersonalizada intervención reconfirma la sospecha del excesivo control de la saga por parte de sus especuladores financistas, quienes son los verdaderos culpables del despropósito.

Nada nuevo bajo el sol del renacimiento de su vena vampírica Hollywodense. Los chupasangres de la meca no son un mito de la teoría de la conspiración. Los Nosferatus del show bussines de que vuelan, vuelan, por la cartelera a la retaguardia del Señor Scrooge. Es la avaricia, el poder y la codicia en la víspera de Navidad. Con ustedes, el rerfozamiento neoliberal y tecnocrático de la élite corrupta del sistema de los estudios. 

Por eso, es legítimo llamar al boicot del largometraje. Desde aquí, invitamos a resistirle con creatividad, críticas implacables y comentarios demoledores en redes sociales. Seguramente, será una competencia desleal, de David contra Golliat. Pero vale la pena hacer el esfuerzo por derribar al cíclope del pensamiento único, de la homogenización de las mentalidades y la centralización de la oferta.

Si lo notan bien, su monopolio autocrático de la distribución es idéntico a la pretensión de ciertos tiranos por destruir la disidencia y someternos a su dominio por medio de una señal en cadena.

En consecuencia, es necesario dar la pelea.

De ello depende el futuro de la diversidad en el cine.

Es una cuestión de vida o muerte.

Escríbelo sobre piedra.

Nos vemos en la trinchera del foro, del internet y de la calle.

Coje dato de Ice Cube.

Si no lo conoces, te lo presento.

¡ Gangsta Rap Made Me Do It!

Te lo dedico, amiguito de Todo en Domingo, Relectura, Papel Literario, Plátanoverde y el Colegio Nacional de Periodistas. 

http://www.youtube.com/watch?v=HzeZhCt5PVA


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