Acerca del hábito del juego para la vida

Como el niño que juega

Dentro del vivir contemporáneo el juego es injustamente estigmatizado. A la par de muchas otras acciones y potencias humanas, el juego no escapa de ciertos prejuicios y generalizaciones, que si bien son necesarias para tejer nuestro convivir, en ciertos casos implican mezquinas reducciones e impresiones que se oponen a la naturaleza propia de lo que se pretende definir. El objetivo de las siguientes líneas es invitar a recuperar el hábito del juego para la vida, partiendo de una breve exploración de sus diversas manifestaciones en la cotidianidad.

 

Si algo caracteriza la vida moderna de una manera ejemplar es la exigencia constante a la seriedad. El llamado a la seriedad parte desde la educación inicial y se extiende hasta la vida adulta llegando inclusive a mimetizarse con la noción de madurez. La exigencia a la seriedad hace al juego su antagónico, suponiendo que quien se encuentra jugando no puede estar serio y que además la propensión al juego implica una forma infantil de estar en el mundo. Concebir el juego como antagónico a la seriedad reduce su capacidad como forma efectiva para descubrir el mundo. A través del juego podemos conocer diversos aspectos del vivir que de otras formas más rígidas pudieran tomar mucho más tiempo para su aprehensión. Tomarse en serio un juego no implica tampoco la reducción del mismo a ganar o perder, tomarse en serio un juego significa estar inmerso en él, asumiendo las consecuencias de su realización.

 

No obstante, el juego se encuentra inserto de una manera positiva en el mundo popular. La traducción positiva del juego se refiere indudablemente a los deportes; una serie de actividades que expresan una doble dimensión: la de su práctica y la de su observación. Es fundamental separar ambas dimensiones en la medida que la última, siendo la hegemónica, reduce el juego a su fin; el encuentro para ver pretende su desenlace, y a partir de su desenlace quienes observan toman una posición de rivalidad que en algunos casos (como las barras bravas en el fútbol) puede inclusive devenir en violencia. En relación a la práctica, el deporte funciona como una ventilación a la rigidez exigida durante el día, el juego grupal permite además recordar que la vida también expresa una diversidad de dimensiones que van más allá del control individual.

 

El juego permite descubrir la diversidad de la vida de una forma más elástica que la técnica. La técnica es un asunto capital dentro de la vida contemporánea en la medida que permea nuestras vivencias desde la seguridad que nos provee su cualidad objetiva, la técnica es el saber al cual, como ciudadanos del siglo XXI, debemos aspirar. Se trata de un saber ya revelado como perfecta expresión de la seguridad existencial que ofrece la determinación: mientras el juego manifiesta la multidimensionalidad y la subjetividad, la técnica apunta en dirección opuesta, buscando determinar a un único fin.  Sin embargo, no existe técnica sin juego, las posibilidades siempre preceden a las determinaciones, a través del juego descubrimos diferentes usos desde nuestra individualidad y asimismo diversos usos con los otros, siendo el juego de tal forma un espacio fértil para la trascendencia.

 

Se puede comprender finalmente el juego desde el mundo musical. La música supone un movimiento que inicia con la palabra play. La recuperación de la palabra en inglés es pertinente ya que su traducción, opuesto al uso común de la reproducción, refiere también al juego. Es posible percibir con claridad el juego en la propia ejecución musical. La ejecución musical no sólo se resume al dominio técnico e instrumental, involucra sumergirse en un mundo de posibilidades y jugar hasta llegar a una determinación musical que puede ser fijada en una grabación o en papel. El hábito del juego para la vida se traduce en el mundo musical como el constante ensayo, el asunto clave radica en que el ensayo musical, opuesto a centrarse en un único fin, (memorización y repetición) permite una diversidad de viajes, el juego es otra forma elástica del ser y la música es uno de los sitios donde se expresa con plena libertad.

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Erly J. Ruiz

Que no me lleve la locura ni la razón, que me lleve una morena.

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