sensual desencanto

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Mi maleta de viaje posee lo necesario, camisas con un par de años a cuesta, un grupete de libros, eso sí, su escogencia no ha sido nada fácil. Me dedico a la invención de un plano de futuras acciones inherentes a la travesía. Que si leer en el bus, mientras todos duermen alrededor, tomar un café sin azúcar a la primera escala que se haga, no pensar en nada que no sea la inmediatez que me contiene. Sin embargo, hay una situación un tanto improbable que me llena de ansiedad; es esa en la que conozco a una mujer. Esa que va justo al lado tuyo, tiene esa mirada esquiva, ardiente y dulce al recorrido de unas páginas, que yo nunca leería, pero que me servirían de excusa para sacarle una sonrisa, y también, quizás, una conversación. Sin duda tendrá un cuello delicado, con esa florida cosecha de duraznos, debido a un perfume que me va arrastrando hacia la naciente de su oreja; orquídea está, adornada con un zarcillo que llama a contemplar el fuego frente a una hoguera en el corazón del Amazonas. Romper el silencio que nos separa y contemplar sus labios en continua gesticulación, de forma natural siento como se llena de serpientes mi pantalón. Estoy a punto de besarla y ella se da la vuelta, ha dejado de leer hace un largo rato, sus cabellos rozan mi chaqueta, ronca como camionero y se lanza un pedo de los mil demonios.

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