EL TABÚ DEL SUICIDIO EN VENEZUELA Y LA FORMA DE IGNORAR LA MUERTE

Extraído: https://periodicoelamanecer.wordpress.com/2013/02/11/capitalismo-enfermedad-mental-y-suicidio/

 

Albert Camus sentenció en su obra el Mito de Sísifo: “no hay más que un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar si la vida vale o no la pena de vivirla es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”.

 

La compresión del suicidio para el hombre de occidente no ha sido materia sencilla. Ciertamente el suicidio es un fenómeno que acompaña al hombre desde los tiempos de la Grecia antigua, incluso hasta el imperio romano en su etapa decadente. Las nociones acerca del significado del suicidio han variado históricamente, según haya sido la civilización, la expresión de su cultura y las dinámicas de relacionamiento social. Para griegos y romanos, el suicidio podía significar un acto de valentía, un hecho de redención y honor para con los dioses y los hombres. Mientras que con la aparición del cristianismo y la proyección continental de la iglesia, el tema se comenzó a zanjar bajo rigurosos dilemas morales, que imponían como penalidad al suicida, la negación al sepulcro cristiano, lo que significaba la condenación eterna del alma.

 

Actualmente el suicidio es un problema de carácter global. Según datos publicados por el informe sobre la prevención del suicidio de la Organización Mundial de la Salud (2014), más de 800.000 mil personas se quitan la vida y esto representa un suicidio cada 40 segundos. Los grupos etarios con las tasas más elevadas del mundo, se registran en personas de 70 años o más, mientras en otros países, los grupos jóvenes son los más afectados. El suicidio es la segunda causa de defunción del mundo en grupos de 15 a 29. El hombre tiende a consumar el suicido más que la mujer, ya que es capaz de usar métodos más violentos.

 

La proyección mundial de suicidios se ubica actualmente en la región de la América Caribeña con Guyana, que ocupa el primer puesto del ranking con 32, 5 por cada 100.000 habitantes, mientras Surinam ocupa el sexto puesto con 22,5, Uruguay y Cuba con 14, 0 y 10,5 respectivamente. Las tasas más bajas del continente las tienen Venezuela 3.6; Bolivia 1,7 y Perú 1.6.

 

Un dato interesante a nivel político y económico que llama la atención, es que los primeros 10 países con las tasas más altas; cinco de ellos, representan realidades cuyos sistemas políticos se han identificado históricamente por largos periodos con el comunismo o sus derivaciones socialistas. Por ejemplo: Guyana, Lituania que ocupa el segundo lugar con 31,2; Rusia 23,4. El resto son naciones con graves problemas de ingresos, con una fuerte conflictividad política y una institucionalidad débil, casi todos ubicados en el continente africano. La OMS indica que el 75% de los suicidios ocurren en países de medianos y bajos ingresos.

 

En la sociedad y cultura venezolana, el fenómeno del suicidio como problemática de carácter público, palpable en muchas conductas sociales, no cuenta con el reconocimiento, comprensión y abordaje por parte del Estado venezolano y mucho menos de la población. Según la OMS actualmente, sólo 28 países han desarrollado estrategias nacionales de prevención.

 

En Venezuela, las tasas de suicidio por lo menos las que se llevan registradas en nuestra deficiente estadística, son realmente bajas, tal y como lo expresan los cotejos internacionales. El Instituto Nacional de Estadística (INE) no cuenta con fichas técnicas adecuadas que permitan elaborar diagnósticos precisos sobre las diversas causalidades del suicidio. En este punto, se imposibilita crear un diagnóstico epidemiológico adecuado que permita indicar los principales factores de riesgo, factores protectores y de prevención que ayuden a disminuir este tipo de muertes. Los registros con los que contamos datan desde el año 2012, y hasta el momento, no hay datos recientes. Podemos identificar entre las particularidades más interesantes que entre los años 2001-2003, se reflejan las tasas más altas de suicidios, superando los 1000 por año. Momentos de alta tensión social como lo fueron el golpe de Estado y el paro petrolero, seguramente abonaron las condiciones para que los indicadores subieran hasta su máximo histórico.

 

Entre 2010 y 2102, la tendencia baja en comparación a los primeros años, pero demuestra un alza para el 2012 de 788. Según los registros de defunción del 2012, los solteros suicidas representan un total de 593 casos y los casados apenas 92. Según niveles educativos y de alfabetismo para el último año (2012), el nivel básico posee la cuota más elevada con 316, por su parte los no declarados 233.

 

La comprensión del suicidio vas más allá de los datos que se almacenan en los registros estadísticos. El suicidio es una realidad, pero una realidad tabú; es decir: estigmatizada. Es un proceso interior del ser humano que puede ser tan impulsivo, como premeditado. Cualquiera con pretensiones suicidas, cualquiera con problemas de tipo psicológico y mental, puede evitar o ver con dificultad el confesar sus verdaderos pensamientos e intenciones por temor al rechazo, no resulta sencillo admitir que puede desearse la autodestrucción. Alejandro Moreno en su artículo publicado en el nacional, 2 de septiembre de 2014 , titulado: “El venezolano no se suicida” plantea una definición interesante del suicidio: “es como la agresión que no se descarga hacia fuera, hacia un enemigo externo, y se vuelve hacia sí mismo. (..) Puede por eso considerarse como un homicidio contra la propia persona”. El término homicidio contra la propia persona puede interpretarse como si en la legislación venezolana existiera actualmente penalidad para el suicidio. Nuestra legislación aún no trata el tema, no le ha dado cuerpo jurídico ni reconocimiento social. Un caso reciente que conmocionó al mundo como el de “Germanwings” el pasado 24 de marzo, en donde el piloto Andreas Lubitz, quien sufría una depresión y se encontraba bajo tratamiento médico, ocultó su condición de salud mental a la empresa, y terminó por matar 149 personas, al estrellar el avión que tenía como destino Barcelona-Düsseldorf y que acabó colisionada en los Alpes franceses. Muchos expertos hablan de asesinato-suicidio, algo que puede catalogarse como excepcional.

 

Debe entenderse que el fenómeno del suicidio no es un problema estrictamente relacionado con las enfermedades mentales y tampoco es responsabilidad única del sujeto con propensión suicida, es un asunto que debe asumirse desde el Estado, desde lo social y comunitario. Es un problema que debe atenderse y comprenderse multifactorialmente, tanto los factores sociales, psicológicos, culturales y los genéticos o biológicos, deben ser extrapolados por los investigadores para alcanzar diagnósticos más eficientes. La prevención es fundamental, está demostrado que los factores de riesgo son determinantes como herramientas para consumar el suicidio. El acceso a armas de fuego, venenos, el alcohol y sustancias psicoactivas, enfermedades crónicas, problemas familiares, económicos, las relaciones disfuncionales, la anomía colectiva, pueden introducir al ser humano en estados anímicos inestables. En los medios escritos, debe ser prohibido el amarillismo irresponsable que disfruta con sus rojos y trágicos encabezados de esta desdicha ajena tan poco comprendida.

 

Nadie está exento de la experiencia del suicidio.

   

A pesar de que somos un país con numerosos problemas, tenemos la dicha de que enfrentamos con un extraño optimismo hasta las más graves crisis. Puede ser esa propensión que hemos hecho pieza de nuestra cultura, lo que nos ha permitido cohesionarnos socialmente. Tendemos a ser amistosos, no somos solitarios, la mayoría de las veces expresamos lo que sentimos, nuestros vínculos familiares promedios son sólidos. Somos tan extraños se podría decir, que nuestro desesperante país, se contradice con nuestra felicidad. Tal vez ahí puede residir un vago ¿por qué? el suicidio no está dentro de nuestros principales males. Tengamos en cuenta de que el suicidio se trata de vidas humanas, se trata de sentimientos, se trata de padres, de hijos, de familias y amigos que pueden devastarse luego de enfrentar esta dura experiencia.

 

Podemos dar los pasos necesarios para entender que este silencioso mal es prevenible. No debemos pretender seguir ignorando esta forma de muerte, debemos reconocerle como problema, aunque no represente un récord olímpico del infortunio, de ese que nos hemos acostumbrado a sobrellevar tan extrañamente.

 

 

DATOS PARA LA CONSULTA

1- http://www.worldlifeexpectancy.com/cause-of-death/suicide/by-country/ enlace que permite observar el top ranking de suicidios en el mundo.

2-http://www.who.int/mental_health/suicide-prevention/exe_summary_spanish.pdf Organización mundial de la salud, resumen ejecutivo sobre el informe: “Prevención al suicidio” un imperativo global.

3- http://www.ine.gov.ve/index.php?option=com_content&view=category&id=96&Itemid=50 Instituto Nacional de estadística, registros vitales: suicidios.

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Locke

A duras penas sobreviviente de la guerra económica. Ciudadano del mundo, crítico de las partidocracias corruptas. Observador y analítico de la política criolla y mundial, enemigo acérrimo de los fanatismos. creyente en la democracia a pesar de sus patas cojas. Intento de escritor subterráneo 2.0. Firme creyente del esfuerzo para el mejoramiento personal. Matador de tigres profesional, hoy devenido, en venezolano multipropósito por la crisis...

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4 Comentarios

  1. AG dijo:

    El tema de las estadisticas en Venezuela sobre el suicidio es muy impreciso debido al estigma social y religioso. Si el suicida es atendido en una clínica y fallece no lo declaran como suicidio, por ejemplo. O el caso del Metro de Caracas que oficialmente no lleva estadísticas de suicidios como tal, ni siquiera del la cantidad de “usuarios que ingresan a las vias”.

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  2. Reinaldo Enrique Lagonell Angel dijo:

    Excelente Análisis sobre este tema del Suicidio, en mi pequeña investigación concuerda que los Venezolanos no somos tan propensos al Suicidio, pero de que existe si existe, y de que el INE es ineficaz en la materia también podría ser, y lo mantengo en duda, ciertamente pienso que los Venezolanos nos aferramos a la vida porque no poseemos la cultura de hacer lo contrario y somos como cita el articulo un pais muy Optimista que a pesar de las Crisis, siempre creemos que puede cambiar, eso siendo muy positivo, porque también puede ser todo lo contrario, que somos un país de personas cobardes y conformistas, todos desde la perspectiva que la mires, pero si algo es cierto es lo que hay que somo el país con menos suicidios de América Latina.

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  3. eugenia de blanco dijo:

    MEP. Pienso que el suicidio en Venezuela se observa mayormente, a causa de problemas psiquiátricos heredados; en mi caso particular, esta conducta se ha observado en, algunos hombres de cada familia, dentro de la generación descendiente de mis abuelos paternos. Hago la observación que èstos son descendientes de Alemanes que llegaron a Venezuela huyendo de las atrocidades y hambrunas sufridas a consecuencia de las guerras.

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  4. Jesús dijo:

    Buenas, excelente análisis esto debería ser mucho mas valorado, de verdad.. en todas partes lo asocian con la situación económica del país aunque he querido saber la tasa de suicidio de jóvenes a punto de graduarse o con estudios recién finalizados… esto es un problema muy grande en el país ya que lo tenemos en frente de nosotros y no nos damos cuenta. En las noticias mal-informan de lo sucedido, pero creo que debería haber mejor información al respecto, como la tasa de muerte por salto o lanzamiento al metro, ya que he notado en los últimos días que ha crecido notoriamente la tasa de suicidio de jóvenes… Por cierto como dijiste “debemos reconocerle como problema” un problema grande. (primera vez que escribo por cierto)

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