Firme determinación, en llamas

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En Vietnam, hacia 1963, el que era en ese entonces su presidente, Ngô Đình Diệm, implantó políticas que eran consideradas poco o nada parciales, obligando con distintas leyes a que su población optara por el catolicismo, religión a la que él pertenecía, siendo esta minoritaria en Vietnam, y el budismo su principal religión (entre el 70 y 90% eran budistas).

A principios de mayo de 1963 se prohibió izar la bandera budista en el Vesak, cuando días atrás se les había permitido a los católicos izar la bandera de la Ciudad del Vaticano para celebrar el aniversario del arzobispo Ngo Dinh Thuc, hermano de Diệm. Una gran cantidad de budistas protestó contra la prohibición. El 8 de mayo de 1963, fuerzas del gobierno dispararon contra la multitud matando a nueve personas. Diệm se negó asumir la responsabilidad, adjudicando las muertes al Vietcong, generando mayor descontento y protestas.

El 11 de Junio de 1963, 350 monjes y monjas vietnamitas marchaban en protesta. Durante la marcha tres monjes bajaron de un sedán celeste que la precedía, entre ellos Thích Quảng Đức, un monje budista, que luego fue considerado como un bodhisattva*. El monje se sentó en la tradicional posición de loto sobre un zafu (cojín), puesto en el suelo por uno de sus acompañantes. La gente formó un círculo a su alrededor mientras un bidón de gasolina era vertido sobre su cabeza, luego de lo cual Thích Quảng Đức tomó un fósforo y se prendió fuego.

De una carta enviada por Thich Nhat Hanh a Martin Luther King en 1965, en la cual explica los motivos que hay detrás de la inmolación de varios monjes Budistas Vietnamitas de esa época, extraigo algunos fragmentos:

La auto-cremación de los monjes budistas vietnamitas en 1963 es algo difícil de entender para la conciencia occidental cristiana. La Prensa habló entonces de suicidio, pero en esencia no lo es. Ni siquiera es una protesta. (…) apuntaba sólo a alarmar, a conmover los corazones de los opresores y a llamar la atención del mundo frente al sufrimiento soportado entonces por los vietnamitas. Quemarse a uno mismo es probar que lo que se está diciendo es de la mayor importancia. No hay nada más doloroso que arder. Decir algo mientras se experimenta este tipo de dolor es decirlo con el mayor coraje, franqueza, determinación y sinceridad. (…)

El monje vietnamita, al quemarse a sí mismo, dice con toda su fuerza y determinación que puede soportar los mayores sufrimientos para proteger a su gente. ¿Pero por qué tiene que quemarse hasta morir? La diferencia entre quemarse y quemarse hasta morir es sólo una diferencia de grado, no de naturaleza. Un hombre que se quema demasiado debe morir. Lo importante no es tomar la vida propia, sino arder. Lo que realmente busca es la expresión de su voluntad y determinación, no la muerte. En la creencia budista, la vida no está confinada a un período de 60, 80 o 100 años: la vida es eterna. La vida no está confinada a este cuerpo: la vida es universal. Expresar la voluntad quemándose a uno mismo, por lo tanto, no es cometer un acto de destrucción sino realizar un acto de construcción, es decir, sufrir y morir por el bien de los nuestros. Esto no es suicidio. El suicidio es un acto de autodestrucción (…)

Creo con todo mi corazón que los monjes que se quemaron no apuntaban a la muerte de los opresores, sino solamente a un cambio en su política. Sus enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre. También creo con todo mi ser que la lucha por la igualdad y la libertad que usted lidera en Birmingham, Alabama, no apunta a los blancos sino sólo a la intolerancia, el odio y la discriminación. Esos son los verdaderos enemigos del Hombre, no el Hombre mismo. En nuestra desafortunada tierra natal estamos tratando de gritar desesperadamente: no maten al Hombre, ni siquiera en nombre del Hombre. Por favor maten a los enemigos reales del Hombre, que están presentes en todas partes, en nuestros propios corazones y mentes.

(…)

Ayer en una clase, uno de mis estudiantes rezó: «Señor Buda, ayúdanos a estar atentos para darnos cuentas de que no somos víctimas de cada uno. Somos víctimas de nuestra propia ignorancia y la ignorancia de otros. Ayúdanos a evitar involucrarnos más en la matanza mutua por el deseo de otros de poder y predominancia». Al escribirle a usted, como un budista, profeso mi fe en el Amor, la Comunión y en los Humanistas del Mundo cuyos pensamientos y actitud deberían ser la guía para toda la humanidad en buscar quién es el verdadero enemigo del Hombre.

01 de Junio, 1965
Nhat Hahn

Lo resaltante, y que puede parecer absurdo en primera instancia, es que para estos monjes no se trató de un acto de suicidio. A pesar de que la posición del budismo frente al suicidio es un tema complicado, es claramente visto de forma negativa cuando tiene como causa el deseo de autodestrucción.

Lo realmente importante entonces es transmitir un mensaje mientras se soporta el dolor causado por las llamas, pues quien «habla» de esta manera expresa que tal mensaje es de la mayor importancia: los «enemigos no son hombres. Son la intolerancia, el fanatismo, la dictadura, la avaricia, el odio y la discriminación que yace en el corazón del Hombre.»

En definitiva es un acto de creación y compasión.

Tras este suceso, el embajador de Estados Unidos en Vietnam, William Trueheart, alertó que la situación se estaba «acercando de manera peligrosa al punto de ruptura», y advirtió que la Casa Blanca rompería públicamente las relaciones con el régimen si Diệm no acogía las exigencias de los budistas. El acuerdo entre el gobierno y los budistas fue firmado el 16 de junio de ese mismo año.

*Término budista, bodhi («supremo conocimiento», iluminación) y sattva (ser). Hace referencia a un ser embarcado en búsqueda de la suprema iluminación.

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Mido un metro setenta y cinco. Tengo una docena de libros. En mi cuarto hay un altarcito con un Buda. Me gusta el color azul. A veces me despierto alunado. Prefiero los gatos a los perros, porque no existen gatos policías. Soy de acuario, pelo negro. No colecciono nada, guardo la ropa ordenada. Me aburro en las fiestas y soy de pocos amigos. Tengo los ojos color café tostao. Dicen que soy bueno, aunque no sea bautizado, y aún no me llevan las brujas. Nací a las siete y media de la mañana. No creo en ovnis ni en zombies (pero de que vuelan, vuelan). Uso prendas talla "m". Prefiero quedarme en silencio. Duermo del lado derecho y con franela si hace frío. De la vida yo me río, porque no saldré vivo de ella. No uso saco ni corbata, ni me gusta el protocolo. Estoy en buena compañía, pero sé cuidarme solo. No me complico mucho, no me estanco, el que quiera celeste, que mezcle azul y blanco. No tengo adicciones, mas que de leer y estar solo. Antes creía que no tenía miedos, hasta que vi la muerte a milímetros. No me creo ningún macho y soy abstemio, aunque si hay una buena compañía y un vinito se me olvida esto último. Prefiero más a los animales que a la gente. No tengo abolengo y dudo mucho que tendré herencia. Tengo una rodilla que a veces me fastidia. Tengo cosquillas, no las diré hasta que las descubras. No traiciono a mis principios, que son cinco. Me gusta ser muy sincero, por eso no hablo mucho. (Inspirado en una canción del Cuarteto de Nos)

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