Hipocresía y abandono.

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Durante los años del gobierno de Hugo Chávez se fomentó el hostigamiento hacia la propiedad privada, el saqueo y la invasión del inmueble. Desde entonces han sido frecuentes las tomas de edificios abandonados por la histeria colectiva. A veces violentos, a veces con apoyo directo y presencial de las autoridades, a veces sonrientes y en tono de burla ocupaban cualquier tipo de propiedad privada en nombre de la Revolución.

Venezuela es un país que ha estado en un permanente carnaval de dinero, de petróleo. Se ha mantenido en una orgía de recursos que nos hacen beber y bailar por momentos, pero todos sabemos que tarde o temprano la bonanza se terminará y nos veremos en una situación grave. A todos nos tocará participar en esa marcha fúnebre que será nuestra Venezuela dentro de cierto tiempo si no hacemos algo para rescatarla y ponerla a valer de verdad en el mundo, en nuestra gente.

No estoy de acuerdo con las invasiones, además de considerar que la expropiación no es solo un robo sino una forma de privatización ‘a favor’ del Estado –entiéndase gobierno-, pero de allí a aprobar que un grupo de personas quede viviendo en la calle siendo brutalmente desalojadas por la Guardia Nacional hay un largo trecho.

Pero mi desaprobación es solo una opinión más. El trasfondo aquí es que gran parte del pueblo venezolano chavista ha aprendido una gran lección: el comunismo no sirve para nada. Pensar que un grupo de poder defenderá tus intereses a costa de su status de dominio es ser un iluso. Iluso como todas las explicaciones que le dan a los problemas que se presentan: el culpable siempre es otro, los enemigos externos acechan porque no les gusta que ‘el pueblo’ sea feliz bajo la tutela de la grandiosa Revolución Bolivariana. La tortilla se voltea: esta ideología hipócrita y criminal trata bien al pueblo cuando se necesitan votos, pero puede llegar a los extremos de la barbarie humana cuando debe deshacerse de algunos seguidores incómodos. Seguidores, que toman los afiches de las campañas electorales hechas de bombos, platillos y promesas y se arropan con ellos durmiendo a la intemperie de la avenida Lecuna.

Luis David Esparragoza

*Referencia: El Nacional – Avenida socialista se convirtió en refugio de damnificados. http://goo.gl/yG9PWc

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