Portarretrato de El Zurdo: como me lo contaron

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Me contaron que es inteligente, que de niño se leyó a los griegos, los rusos y los clásicos ingleses, todas las novelas de caballerías a las que le pudo echar mano, todos los textos de historia.

Me contaron que recitaba pasajes enteros de la Ilíada y la Odisea. Eduardo Blanco le dio el tinte local a las influencias de El Zurdo a través de Venezuela Heroica.

En su día replicó en cartulina la mismísima falange macedónica de Alejandro Magno cuando éste quería echarle mano al imperio persa.

Tenía una colección de metras. Seiscientas cincuenta y siete metidas en una bolsa. No jugaba con ellas, porque el tiro era coleccionarlas, saberlas suyas, admirarlas de cuando en cuando para luego guardarlas.

También lo extasiaban los boleros, las baladas, galerones, joropos mirandinos, Arthur de Britania (la serie) así como Ninja Kamui, el alcohol y por supuesto las mujeres, muchas. Mientras más, mejor.

El Zurdo afirmaba que las mujeres en su vida tenían el don de aflorar lo peor de su naturaleza. Las cazaba como ciervos y el asedio no terminaba hasta conquistarlas, cosa que casi siempre logró. Una vez conquistadas, empezaba el abuso tanto  psíquico como físico.

No hay recuentos de que mujer alguna floreciera en sus manos, y cualquier hilo invisible que mueve su destino, hizo lo más sensato de negarle la posibilidad de darle hijas dentro de ese matrimonio que tantas veces ultrajó. La esposa sigue ahí y a menos que él se muera primero, ella se morirá a su lado por motivos prácticos, claro está. A falta de no tener otro oficio que el de ama de casa, la lealtad es el único camino. Un ojo morado de cuando en cuando y hacer oídos sordos al bochinche de turno es lo que le da color a su vida gris.

Me dicen que es alcohólico y que no lo sabe, que le tiene miedo a la muerte y que en medio de esos vapores capaces de tumbar a un caballo, solloza como un niño de pecho y hasta reconoce que fue un pésimo padre, mal hermano, mal hombre, un mal bicho.

Todos le auguraban un futuro lleno de logros. La estratósfera le quedaba pequeña, ya que desde su temprana edad, quedó claro que había sobrepasado a sus propios padres en intelecto, así como a sus contemporáneos en las aulas, pero la saliva y otros fluidos íntimos de tantas mujeres que tuvieron la desdicha de ceder ante su encanto, desviaron sus caminos. Así es como El Zurdo lo explica.

Me dicen que El Zurdo es alcohólico y que ya lo sabe, y ya en umbral de la muerte no siente temor. Llora porque sus hijos no son lo que él soñó, pero también por es muy tarde para reparar.

Sollozaba y hacía pucheros, porque al final no supo que hacer consigo mismo. Al final no soportaba verse en el espejo y ahora que se ha ido, todos confirman que fue un pésimo padre, mal hermano, mal hombre, un mal bicho.

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