CALIDAD Y PRODUCTIVIDAD LEGISLATIVA II

CALIDAD Y PRODUCTIVIDAD LEGISLATIVA II

 

POR CARLOS SCHULMAISTER

 

[Publiqué esta nota por primera vez hace cinco años, resumiendo ciertas prácticas habituales (hay otras que es peligroso contar) del Congreso y de las legislaturas provinciales.


Mi intención había sido, como todo lo que escribo, llamar la atención del hombre común y masivo que día a día se informa por todos los medios posibles, que todavía tiene inquietudes y anhelos nobles, que no come vidrio y tiene olfato para reconocer a los farsantes, pero que sin embargo está cada vez más cansado, y cada vez está más cerca de tirar la toalla, que cada vez pone menos filtros a los innumerables mensajes que recibe y de ese modo se vuelve crédulo, tanto como se vuelve iluso.


Por eso vuelvo nuevamente a ella para acicatear el pensamiento adocenado, hipócrita y falso, dominante y dominador que cada vez se extiende más entre mis compatriotas, habida cuenta de la degradación creciente de la función y el sector intelectual de Argentina, tras las constantes renuencias, renuncias y “renuncios” por “izquierda” y por “derecha” al ejercicio del pensamiento libre.


Para ello propongo este sencillo ejercicio al lector: piense si esta nota tiene vigencia hoy, cinco años después de su primera publicación; me refiero a las líneas estructurales del funcionamiento parlamentario, centradas, ¡evidentemente!, no en producir las normas que hacen falta, las que son necesarias para una mejor calidad de vida, las que fortalecen a la ciudadanía, a la nación y al estado. ¿O acaso me negará que las leyes nunca dejan conformes a los argentinos? ¿Acaso me dirá que eso es lo correcto y que lógicamente las leyes de Néstor y Cristina no le gustan a la oligarquía, a las multinacionales, a los medios concentrados, al imperialismo, etc, etc? ¡Tampoco me venga con un rosario de leyes para la gilada! ¡Ni con los famosos intereses ni los famosos proyectos de clase que suenan tan románticos, que a la Nación pertenecemos todos y ella a todos nos pertenece, a proporción de lo que hacemos y damos por ella.


De última, si usted no se aviene a pensar con un poquito de criticidad la realidad descripta en la nota que sigue más abajo me conformaría con algo menor: pensando en los verdaderos intereses y necesidades de todos los habitantes y en las futuras generaciones lo insto a que se sume a la propuesta de que los organismos parlamentarios y todo el poder legislativo reduzcan sus planteles de personal electivo y de funcionarios transitorios y de planta (le sugiero comparar nuestras cifras con las de los países desarrollados), y que se les prohiba a los legisladores perder el tiempo en esos proyectos de declaración, de interés, de pesar, de plácemes, de preocupación, de exhortación, de angustia, etc, etc, etc, que representan más de dos tercios de la totalidad de la producción legislativa en todas las jurisdicciones.


¡Ah, y ya que estamos, que se les prohiba a todos ellos hacer aportes (ni en blanco ni en negro) a ninguna persona, entidad, empresa o institución con partidas votadas a esos fines pues no es esa su función!


Bueno, y por las dudas sea usted un austero republicano ¡qué tal si les prohibimos las jubilaciones de privilegio!


Estoy convencido que lo más importante no es hacer la revolución en ningún campo de la vida social de la Argentina, sino en la matriz institucional de lo que hoy llamamos república y que es un pálido y triste reflejo de lo que debiera ser.


En todo caso, muchas gracias por leerme aunque no esté de acuerdo.


Lunes 1º de agosto de 2011]


(A continuación la nota original:

“Teóricamente diputados y senadores son los representantes del pueblo que discuten, elaboran y aprueban las leyes que la sociedad requiere para el inexorable futuro de grandeza al que se halla “condenada”. En cada elección los candidatos prometen trabajo y más trabajo y aducen ser distintos y mejores, por eso la sociedad duerme tranquila por un tiempo esperanzada en que “entre todos” la patria saldrá adelante.
Los maledicentes aseguran que trabajan poco, faltan a las sesiones, viajan, siguen haciendo política, etc, y los defensores corporativos alegan que el trabajo fino y sesudo es el de las comisiones., pero precisamente por eso deberían garantizar que poseen un minimum de las condiciones presumiblemente necesarias para el cargo.
“Es que los bloques tienen los asesores que se te ocurran”, responden prestos, olvidándose de sus carencias. Ciertamente, los asesores serían útiles si cumplieran horarios y tareas específicas regularmente.

En suma, la calidad de los proyectos refleja la cualificación de los legisladores en general juntamente con la de los asesores a su servicio. Y todos juntos a nuestro servicio.
El deber de dar a publicidad los actos de gobierno y el derecho al libre acceso a la información nos llevó a dar un paseo por Internet visitando al azar algunos links de proyectos de legisladores. Omitimos sus apellidos para resaltar la obra y no los autores; sólo interesan como emergentes de una manera de hacer política: la que todos conocemos, la de siempre.

Proyectos que “hacen historia”
Repasando los proyectos presentados, evidente fruto del cacumen de los legisladores, asombra el alto porcentaje de muy bajo nivel y absolutamente prescindibles.
Declaraciones de interés, de interés público o de interés nacional aplicadas a la realización de un curso X o de un encuentro deportivo en algún lugar del país; a la apertura de una feria o exposición; a la celebración de los actos del aniversario de fundación de una escuela, un banco, o una ciudad; a la creación de una carrera en un instituto de cualquier lugar de Argentina, etc.
Declaraciones de interés parlamentario por la realización de cursos, encuentros o congresos; declaraciones de interés educativo y cultural por la realización de actividades habituales propias de esos campos; alguna, declarando de interés la inauguración de una sala de cine en una base antártica; la realización de una antología por un taller literario; la declaración de interés del Día del Agua 2006; de la Feria Internacional del Libro; de un certamen; declaraciones de interés turístico, etc.

Proyectos de declaración expresando satisfacción o beneplácito por un triunfo deportivo; por una donación; por el aniversario de una universidad; por la reedición de un libro; por el crecimiento de la recaudación impositiva en una provincia; por la realización de actos o certámenes; por los premios del concurso de novelas de un diario argentino; por los anuncios del IRA sobre la finalización de sus actividades militares; por los logros de alumnos de una escuela en eventos escolares; por informe favorable a la Argentina de un organismo internacional; por logros particulares de ciertos ciudadanos; por medidas adoptadas por organismos públicos de jurisdicción municipal; por la ratificación del Protocolo de Kyoto por el Parlamento ruso; por el récord histórico de exportación de muebles de una provincia; por la modificación del régimen horario adoptado por varias provincias; por la instalación de una empresa en una provincia; por las medallas obtenidas por determinados productos argentinos en el exterior; por el accionar dela Prefectura Naval Argentina. O las declaraciones de beneplácito y reconocimiento a la policía por haber rescatado a una persona determinada; de satisfacción por medidas tomadas por el Poder Ejecutivo; de reconocimiento al desempeño del cuerpo de artillería de marina; etc.
Declaraciones de homenaje a las víctimas del genocidio armenio o a las de un desastre climático; o a Fulano de Tal en un nuevo aniversario de su nacimiento; a Juan Perón; a la CGT, etc.
Las hay declarando adhesión al aniversario tal o cual; al Día Internacional dela Lengua Materna; al Día Mundial de… o a cualquier otro; a la conmemoración de X años de existencia de tal o cual organismo público, empresa privada, escuela o ciudad.
Un día un proyecto de declaración repudiando la subasta en Nueva York de huevos fósiles de dinosaurios neuquinos y otro día uno expresando beneplácito por la suspensión de aquella; primero un proyecto expresando preocupación por las actividades nucleares de Corea y después otro expresando beneplácito por la suspensión de las mismas.
Declaraciones de apoyo a próximas actividades culturales, educativas, deportivas, comerciales, etc., en algún lugar del interior y después otro proyecto expresando beneplácito por su realización; otros solicitando la confección de sellos postales para adherir a la conmemoración del aniversario de una ciudad, o bien la acuñación de una moneda conmemorativa.
Luego los proyectos de comunicaciones informando a la cámara, a los otros poderes o urbi et orbe, acerca de tal o cual acontecimiento o nómina de autoridades, etc. Proyectos de declaración expresando preocupación por esto o aquello; o repudiando la muerte de X persona o los atentados en Gran Bretaña, Egipto o San Luis, o las agresiones a un colega de la cámara, o rechazando sus expresiones o las de alguien de cualquier lugar del mundo; rechazando actitudes discriminadoras y racistas de los simpatizantes de un club de fútbol; expresando pesar por esto o aquello; expresando incondicional apoyo al presidente de la nación por todo, o por la ejecución de un proyecto determinado.

Otros proyectos proponen la declaración como día nacional de cualquier cosa, como por ej. el Día Nacional de la Ballena, o agregando un segundo nombre a la Isla de los Estados; creando premios ad hoc para instituciones públicas o privadas; otorgando subsidios a una asociación cooperadora; o adhiriendo a la conmemoración de la formulación de la teoría de la relatividad (sic).
Luego restan los temibles proyectos de pedidos de informes de los tribunos de la república (¡tiemble el Poder Ejecutivo!) acerca de tal o cual medida o situación en cualquier lugar del país, en su mayoría destinados al cajoneo siempre y cuando sean respondidos en tiempo y forma.
Estos proyectos suelen presentarse con la firma de varios legisladores; todos son aprobados y la mayoría se extingue allí, mientras unos pocos continúan el trámite legislativo.
Los más de trescientos legisladores de ambas cámaras no pueden sustraerse al encanto de estos engendros, por lo visto considerados como el desideratum de la tarea legislativa. Multiplíquese esta producción por los años de permanencia en la función de cada legislador, renovándose anualmente con otros aniversarios, certámenes, inauguraciones, celebraciones y emergencias que motivarán a los representantes de todos los bloques -cada uno para no ser menos que los otros- a manifestar al mundo su opinión, su entusiasmo, su pesar, su preocupación, sus apoyos o sus rechazos por cada menudencia de ese tenor. Algo que eriza la piel por la delicada sensibilidad de los señores representantes.

Luego multiplíquese esta hojarasca por todas las legislaturas provinciales y la de la ciudad de Buenos Aires y se tendrá un nuevo punto de vista para juzgar la calidad de las instituciones en Argentina. Puesto que los ciudadanos no pensaron que sus representantes se ocuparían de tales minucias cabe considerar entonces la baja calidad institucional del Congreso Nacional, la jurisdicción más importante, no sólo en este aspecto -hay otros más penosos- sino también por su baja productividad que acarrea el encarecimiento de la actividad legislativa atendiendo a esa masa impresionante de legislación potencial superior que no es realizada al ser desplazada por la mala moneda de la normatividad habitual.
No hay forma de monitorear las gestiones de los representantes, de evaluarlas y de intervenir para corregirlas, ¡y vaya si hay motivos para ello!; ni tampoco existen mecanismos constitucionales ni informales para que “rindan cuentas” claras. Sólo quienes intentan repetir un mandato legislativo publicarán un folleto de propaganda con la cantidad de proyectos presentados.
Claro que hay representantes de fuste, inteligentes, inclaudicables e insobornables, que trabajan y presentan proyectos de calidad, pero los que abundan son los descriptos. Un año atrás los argentinos se anoticiaron de que en Diputados se aprobaron más de quinientos proyectos en maratónica sesión. La primera reacción pública fue de indignación, creyendo que se debía al trabajo acumulado de los representantes por no cumplir con su trabajo y que de ese modo se habían tomado a la ligera importantes negocios de la república.
La próxima vez que ello suceda sonrían. Si quieren llorar, lloren.”

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