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Up in The Air: ascenso y descenso de la ilusión

Para escribir, Paul Schrader escoge un tema y después le busca una traducción metafórica. Así compuso el mítico guión de “Taxi Driver”, donde la soledad era uno de los conceptos y el automóvil fungía de caja de resonancia de las alegorías del autor.

Salvando las distancias de género y de tiempo, el libreto de “Up in The Ir” proyecta la misma metodología poética. Aquí el mensaje es el aislamiento posmoderno y el símbolo es un avión, cuya mirada subjetiva eleva el discurso hacia el plano de lo trascendente, más allá de las aparentes nimiedades del discurso manifiesto: el viaje como escape de la realidad y posibilidad de transformación catártica, la relación edípica entre veterano y aprendiz, la inclusión de una subtrama romántica algo forzada y con resolución puritana, la ambigüedad ideológica del joven realizador, las eternas concesiones familiares a la platea, el canto a la maternidad y al matrimonio monogámico, la defensa del pleno empleo como oportunidad de redención personal y colectiva en época de capitalismo feroz, el mea culpa corporativo de costumbre y el final esperanzador.

Ciertamente, Jason Rietman no es tan duro como el Scorsese de los setenta, y por tanto, busca compensar cada trancazo de izquierda con un golpe bajo de derecha.

Fue el caso también de “Juno” y “Gracias por No Fumar”, sendas odas a la vacilación, la despolitización y la contradicción del cine independiente contemporáneo, en plena fase de asimilación industrial.

Por ende, el suyo es el modelo “Sundace” adaptado a las condiciones morales de un período de crisis de identidad y de depresión económica.

Pero al margen de su justificable y comprensible visión conservadora, el cineasta concentra alrededor de sí no pocos méritos como profesional, creador y director. Lastimosamente, ciertos críticos nacionales pecan de maniqueos y reduccionistas al negarle cualquier reconocimiento a su obra. Para ellos es un nuevo propagandista del sueño americano y san se acabo. Sin embargo, nada menos cierto.

Con detenimiento y apertura, “Up in The Air” se disfruta como un vuelo en primera clase sobre los diferentes estados sociales y de ánimo de un país atomizado por el individualismo, la deshumanización y la competencia salvaje. Puros escombros de la gestión republicana a remozar o a desechar por la administración de Obama.

Desde el cielo, un ángel guardián del libre mercado, desciende al espacio de los mortales, para despacharlos como fichas de dominó, al cielo o al demonio, mientras les promete la entrada al purgatorio de lo laboral, con destino incierto a su salvación a futuro.

Por supuesto, el espíritu celeste no tiene apego por lo mundano, carga un equipaje ligero, y por ello, puede hacer su trabajo de forma limpia, quirúrgica, prolija y resolutiva, cual mercenario de guerra (post 11-S) en misión de rescate en el medio oriente.

El giro comienza cuando el cazador deviene presa de sus propios métodos de despido, y descubre la naturaleza de su error en el contacto directo con sus víctimas, al mejor estilo del “Señor Scrooge” y el viejito cascarrabias de “Up” redimido por el intercambio con un niño asiático. De igual manera,“Gran Torino” insistía en recorrer dicho camino de evolución darwiniana, cuya estructura argumental resulta discutible, por lo bajito.

Sea como sea, “Up in The Air” reafirma el mito y el estereotipo del hombre malo rescatado por el bien de las circunstancias del contexto, en un enfoque ingenuo, binario y personal del verdadero manejo del sistema.

En realidad, el compromiso de cambio de un héroe mesiánico es nulo o limitado frente al poder omnímodo de la gerencia global, renuente a aceptar la discusión democrática de sus directrices autoritarias.

No en balde, existe el testimonio audiovisual de películas y documentales menos optimistas e idealistas, como las demoledoras “Roger and Me”,”The Trap”, “Recursos Humanos”, “La Corporación” y “El Empleo del Tiempo”; certeros e implacables análisis de los efectos devastadores de las medidas de flexibilización implantadas en el gremio, a raíz del declive del movimiento sindical y de su pacto del diablo con la patronal.

Frente a ellas, “Up in The Air” es la típica cinta de Hollywood manufacturada para congraciarse con el gusto melo de la academia, aunque la pieza esconde sus cargas de contrabando, para quien quiera verlas y leerlas con visión de rayos X.

Entre las muchas imágenes para la reflexión, el largometraje nos deja( literalmente) en el aire con un desenlace cíclico y abierto, presto a despertar la imaginación de la audiencia.

Para unos significa la definitiva entrada del protagonista al reino de los cielos. Para otros, es la prueba de su triste dependencia a la evasión. Para mí es un espejo de nosotros: condenados a llevar una existencia gris de por vida, amarrados y ceñidos por itinerarios y programas ajenos. De hecho, el personaje central regresa a su punto de partida, quizás para repetirlo de cero, acumular millas y volver a empezar.

Su retorno al origen nos recuerda el dilema del preso de “Truman Show”, quien al obtener la libertad completa, no sabe si seguir adelante o si reincorporarse a la rutina mecánica del engranaje espectacular. 

“Up In The Air”, fiel a su título, cumple con sembrarnos la inquietud en suspenso y se reserva la respuesta para el fuera de campo. Cada uno le encontrará su encanto, su decepción y su magia a la conclusión.

A mi me conmovió su melancolía minimalista, de Tati a Jarmusch, salvo por la mirada paternalista de Clooney, empeñado en convertirse en la reencarnación concienciada de Spencer Tracey o James Stewart, después de la quemazón del ídolo nacional con pies de barro, Tom Hanks. Y ni hablar de Cruise y Travolta. Los cuatro permanecen estancados en una carrera olímpica, por dirimir y alcanzar la medalla de “El Padre de América”. Una distinción banal, por lo demás, de Los Ángeles a Puerto Príncipe. Me quedo con el incorrecto y tarantinesco Brad Pitt, a pesar de sus deslices filantrópicos con la mamá del siglo, Angelina Jolie.

La responsabilidad social ataca a los premios Oscar.

Ganará la demagogia y el populismo reformista.

Triunfará Gatopardo. 

Por fortuna, Jason Reitman todavía tiene chance de rodar su obra maestra, como Quentin con “Bastardos sin Gloria”.

Por lo pronto, levantamos los pulgares por su versión mejorada de “La Terminal” de Spielberg.

Proyección de la teoría antropológica, formulado por Marc Uge, de los no lugares o los espacios de la sobremodernidad, en un universo líquido e instrumentalizado al estilo de Verdú conoce a Baumann.

Son las ficciones utópicas y distópicas del siglo XXI.

Bienvenidos al desierto de lo material, tras la caída de Wall Street y la subida de las acciones de Apple.

Todos conectados, todos incomunicados.

Los despidos masivos vienen y serán televisados por Internet.

Prepárense.

Gracias por no protestar.

Interesados en continuar indagando en la materia, les recomendamos “Moon”, la “2001” acerca del mañana de la explotación, cuando seremos transformados en clones y nos rediseñarán como fichas intercambiables del tablero planetario.¿Y acaso ya no lo somos?

Hasta entonces o hasta ahora.

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