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La Vida Bohème tira la Sake por la ventana

Apenas pasan las diez de la noche y Sake está más lleno que nunca. Los chicos no podían terminar la temporada sin tocar en su casa, por más pequeña que les quede ahora. Un letrero en la barra dice Aforo 40 Personas pero seguro van más de cien. Todos abajo escuchando, arriba están los bohèmes en pleno soundcheck. Es difícil moverse adentro del local y muchos prefieren estar en las calles, por lo que varios policías se ven tentados y empiezan a revisar a unos cuantos a diestra y siniestra. No pasa mayor cosa. A eso de las doce la banda termina de probar sonido y baja en fila. Boli tiene una férula en la mano derecha, no ha tocado el bajo desde el concierto de año nuevo porque tiene tendinitis. Frank, el dueño de Sake, manda a abrir la parte de arriba y muy pronto se llena. Muchos suben apenas pueden porque saben que pronto no cabrá más gente.

La gente sigue llegando y abajo empieza a tocar una banda llamada Mosketeros. Hay tantas personas que es difícil verlos pero suenan bien. Arriba ya está abarrotado y se dice que La Vida toca a las dos. Pero todos sabemos que las bandas se hacen esperar un poco más de lo que dicen. La altura del local, no mucho mayor de dos metros, ayuda a que escasee el aire y el calor se acumule. A nadie parece importarle, hay buena música y muchos bailan a la espera del concierto. A eso de la una los chicos suben para ir al backstage, que más que ser un backstage es un sidestage. Es una terraza al lado de la tarima. Aparecen en fila atravesando a la gente que los espera, que cada vez es más. Boli ya no tiene la férula sino una bolsa de hielo con su mano adentro. El hacinamiento, aún para ser Sake, no es normal.

Veinte para las dos. La banda no se puede seguir haciendo esperar. Hay que tocar pronto que la gente necesita un respiro. Tres greñudos se montan en la tarima a probar los micrófonos y en menos de cinco minutos salen los chicos, a los que vinieron a ver. Muchos llevan un par de horas esperándolos desde adelante para verlos de cerca. Muchos más son los que están afuera, no todos tienen tanto aguante. Todo arranca con un intro largo de El Sentimiento Ha Muerto. Empieza la fiesta. A partir de este momento estar en cualquier lugar con vista a la tarima implica intercambiar mucho sudor y la necesidad de mantenerte brincando. El aguante se hace sentir y gritan las canciones con las manos arriba. Termina la canción, viene Cigarro. Los lentes de Henry están empañados, ve mejor sin ellos y se los quita. Muchos empiezan con el crowd-surfing. Suspendidos en el aire van tropezando las luces y todo lo que está en el techo del pequeño Sake Disco Bar.

Cada vez se siente más calor y menos oxígeno, pero la fiesta apenas empieza. Ahora invocan a los ángeles caídos de Calle Barcelona y la falsa revolución de Nicaragua. Abajo del escenario todos brincan pero están tan apretados que no se elevan mucho. Arriba la situación tampoco es fácil. Boli resiste como un campeón y toca al bajo montado en un ampli. Henry se lanza del escenario y lo alzan mientras canta. Todos bailan con Danz. Daniel hace a un lado la guitarra para repartir más cowbell y Sebas se levanta para darle al crash. Incapaces de decepcionar, cierran con Radio Capital. Todos piden más, pero la verdad es que casi nadie puede.

Muchos no se atrevieron a subir y quedaron por fuera. Veían con cierto asombro como bajaban los demás literalmente empapados de sudor. Fueron 513 entradas que se pagaron, récord. Sake nunca estuvo tan lleno. A la banda lo que le importa es que los escuchen y vayan a sus toques, por eso pronto regalarán el disco por Internet. A través de twitter agradecieron a todos por aguantar el calor, los coñazos y el desnalgue. Pero al contrario chicos, gracias a ustedes. Eso sí fue rock.

Johan Verhook (jkverhook@gmail.com)

Fotografía cortesía de Eduyennyn Cabanerio a través de facebook 09/01/10

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