IX

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De la insignificancia


Distráeme noche que pasas,

que tu silencio me oscurece.

Quítame la identidad y

en tu hastío apagado relucirá

escasa,

la luz reflejada en mis lágrimas.

Vuélvete y tórnate blanca, enciéndete.

Quiebra el aire

que nada mueve

que se derrama como tu misma vejez

río de noches fluyendo

donde no cesan las lluvias.

Bosteza sueños y corrómpeme,

que entre gatos y negrura

me observas siempre,

corrómpeme

y purga mis sentidos en cualquier luz,

ya sea fuego manando vacío,

tu catártica cuenta atrás.

Que de ser tan pequeño

de sentir que me hieres,

me veo en ti misma,

y me creo igual a tus rayos invisibles.

2 Comentarios

  1. que bello un hombre invisible que sueña y quiere detener el mundo para comérselo, adora la noche aunque le teme como tortura de sus nocturnidades, palpitante gime de terror pero se atreve, a pesar de los demonios que aunque no lo parezca, están con los ángeles para confundirnos

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