Flight 666: el vuelo del Fénix de Iron Maiden

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Dedicado a mis tres compañeros de ruta metalera: Harry Febres, Luis Soles y Ricardo Obediente.


Acaba de llegar a Caracas, por el mercado negro, el esperado documental sobre la última gira de Iron Maiden alrededor del mundo, empezando por la India y terminando en Toronto, sin olvidar su legendaria presentación en Caracas, donde volvimos a caer rendidos ante el embrujo demoníaco de Bruce Dickinson y sus secuaces. O mejor dicho, según los entendidos, de la banda de Steve Harris, verdadero cerebro gris detrás de la formación británica. Un hombre mefistofélico, misterioso y nada simpático, capaz de despertar innumerables sentimientos encontrados entre los fanáticos del sexteto, quienes lo aman y lo adoran a partes iguales.

En lo personal, debo confesar algo antes de despegar: yo considero a Harris un músico intachable y uno de los cinco bajistas clave de la historia del Heavy Metal, pero no me lo vacilaba como figura pública, hasta el día de ayer, cuando finalmente lo comprendí y lo valoré como ser humano gracias al trabajo del genial Sam Dunn, el Morgan Spurlock de la industria del Heavy Metal y el director de la película “Flight 666”.

http://www.youtube.com/watch?v=orUfxvOqDqA

Atención fanáticos porque Sam Dunn logró, en menos de tres años, convertirse en una referencia obligada dentro del género, al rodar dos obras maestras con apenas un puñado de dólares: “A Headbanger’s Journey” y “Global Metal”.

La primera lo dio a conocer en el circuito de los Festivales Internacionales, dejando por el piso la investigación sesgada de la BBC en las mentadas “Siete Edades del Rock”, vehículo para el lucimiento del mainstream en perjuicio de la escena alternativa. 

http://www.youtube.com/watch?v=slbiOi6m_xk

“A Headbanger’s Journey” recuperó la fuerza expresiva de los grandes hitos del “rockumental”,desde la perspectiva seria y deconstructiva de la joven promesa, Sam Dunn, antropólogo de formación y metalero de vocación. Sus dos aficiones y pasiones se conjugan a la perfección durante dos horas veloces y emocionantes, capaces de conseguir el milagro de cualquier investigador: hacer la reivindicación justa y definitiva de un tipo de música denostada y subestimada por la cultura oficial.

El único problema aquí, como siempre, reside en el hecho de acabar por integrar y purificar un fenómeno de la contracultura, a través del tamiz de la economía de mercado, la corrección política y la publicidad mediática.Quizás allí radican las tres materias pendientes, para el análisis, de los futuros ensayos audiovisuales de Sam Dunn, quien también parece sufrir un proceso de decantación y asimilación, desde su primera hasta su tercera contribución, bien funcional a los intereses comerciales del status, como el caso de Scorsese con Los Rollings Stones en la irregular y proselitista «Shine a Light», a favor de la campaña de los Clinton por el liderazgo del partido demócrata. Por lo visto, ni el pobre Sam se va a salvar de las garras del demonio del populismo y la propaganda.

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No por casualidad, el astuto y pragmático Mister Eddy hizo con él un pacto con el demonio, para consagrarlo en un largometraje de dos horas, a bordo del vuelo internacional “Flight 666”, piloteado por el propio vocalista de la banda, Bruce Dickison, aviador profesional, además de rockero, aunque usted no lo crea.Bruce  le agrega una dimensión teatral y operática a la banda,indispensable para entender la evolución del llamado «rock de estadio».  

http://www.youtube.com/watch?v=cq9PDCi_U1Q&feature=related

Por fortuna, Sam Dunn sale airoso del trámite, a pesar de las obvias presiones y limitaciones de sus acaudalados mecenas, harto celosos de su espacio y notablemente incómodos ante la compañía del “paparazzi” infiltrado en la odisea.

Para mí, Sam Dunn cumple con glorificar a las estrellas, a la altura naturalista y realista de un Velásquez al servicio de sus majestades satánicas, pero nunca de un Caravaggio o de un Goya a las órdenes del Rey Desnudo. Como mucho, la cámara secunda con respeto a los superabuelos del Heavy Metal, en plan de reality show edulcorado y medio censurado. Algo revelador del contrato leonino firmado por el retratista, a la inversa, por ejemplo, del ejercicio de desacralización (mitificadora) de los creadores de la serie “OZZY” para la cadena MTV.

Ciertamente, disfrutamos a plenitud del backstage y de la organización, a puertas cerradas, del tour. Sin embargo,al final del trayecto, nos quedamos con las ganas de saber más de la vida íntima de nuestros ídolos, de conocer sus debilidades y de descubrir sus talones de aquiles, más allá de sus lugares comunes.

Con todo, el documental aporta una lectura interesante de la banda, al profundizar en el engranaje de las piezas de su estructura, y al exponer, sutilmente, las tensiones latentes entre los egos en pugna.

Verbigracia, queda en evidencia la rivalidad y la competencia de Harris con Bruce Dickinson y viceversa. Jamás se les ve juntos en un mismo plano, o compartiendo en sana camaradería, fuera del escenario. En tal sentido, la figura del gigante Nicko desborda la pantalla con su humildad, modestia, elegancia y humor negro de casta anglo. Nicko es la bisagra de articulación de Maiden. Bruce le inyecta la energía y Harris la identidad conceptual, al seguir empeñado en componer esas rarísimas, arcaícas y épicas descargas de siete a diez minutos, cual dinosaurio negado a morir en las fauces de la complacencia sonora y en la era del MP3. 

Así pues, el documental y la gira vienen a reconfirmar la sospecha de los tiempos de hoy: o corres a la par de internet, echando el resto en vivo, o pides la pista de retiro.

El Flight 666 emprende vuelo, entonces, no sólo como una manera de rendir tributo a los temas clásicos de la banda, sino como una forma de digna de sobrevivir, para los integrantes de un parque jurásico en extinción, a los embates de la piratería y la disponibilidad gratuita de lo digital. En dos platos, los Maiden son el equivalente rockero del Luchador de Aranosky: nada más saben rockear, y ya de viejos no se van a poner a inventar otra cosa para llevar el pan a la casa.

De igual modo, el documental tiene el mérito de reflexionar , indirectamente, sobre el estado de la música en el tercer milenio, cuando aparentemente existe una necesidad de retornar a las fuentes seguras del pasado, de cara a la nula trascendencia de las propuestas del presente. Todo un arma de doble filo, porque algún día nos despertaremos del sueño, como en el cuento de Monterroso, y nuestros queridos dinosaurios del rock ya no estarán allí para consolarnos.

Por último, sólo me cabe recomendarles la cinta, por sus electrizantes ejecuciones en tarima, e invitarlos, una vez más, a disfrutar del repertorio clásico de Iron Maiden, en la época del “Global Metal”.

Mención aparte, para la cínica mirada hacia el resto del grupo, reducido a una partida de Hooligans aburguesados en vías de domesticación como turistas de lujo, jugando al golf  y al tenis en sus pocos ratos de ocio. 

Yo soy amante de Iron Maiden desde los cinco años. Hoy tengo 33 y lo sigo siendo, aunque todavía no me banco la ideología imperialista y revanchista de Mister Eddy. Sea como sea, comprendo los excesos demagógicos de la banda en el contexto de la depresión universal de la huella colonial de la isla Británica. En cualquier caso, celebro la oportunidad de haberlos escuchado y de haberlos madurado durante toda una vida, hasta poder apreciarlos en su reciente arribo a tierras venezolanas.

Maiden en Caracas fue una de las mejores experiencias de mi corta existencia, y seguramente, una catarsis necesaria para reencontrarme con los míos en la soledad de la multitud. Esa noche cantamos a rabiar, drenamos odio y aprendimos a convivir, al margen de nuestras diferencias.

Los temas alcanzaron una inusitada contundencia al inicio, descendieron a la mitad y remontaron la cuesta hacia el desenlace, amén de la interpretación de la poética y hermosa, “Hallowed be thy name”, coreada de costa a costa en el estacimiento del Poliedro, mientras la zona VIP se fundía con la general, ante la encomiable insurrección del público de galería, constituido por gente humilde, cero fashionista y auténticamente comprometida con la banda. No como los pavitos snobistas de la VIP.

Al salir, el panorama era, por desgracia, muy distinto. Era el panorama de costumbre: caos, delincuencia, corrupción e intolerancia. Habíamos regresado a la realidad. Y en pocas horas, Maiden despegaba de Maiquetía, llevándose consigo la ilusión y la esperanza de miles de fanáticos. Algunos lloraban desconsolados, cientos marchaban en silencio por las adyacencias del Poliedro, pensando en el día de mañana, en el trabajo y el fastidio de la politiquería criolla.

Yo, como es habitual, comenzaba a delinear mis teorías de conspiración en la cabeza: ¿quién se benefició? ¿quién salió ganando de todo esto? ¿Nosotros? ¿Ellos? ¿El Gobierno nacional? ¿El Gobierno Mundial? ¿La Revolución?

Por un rato, no pude dar con ninguna respuesta seria. En adelante, el eco de Maiden se fue diluyendo para dar paso a nuestra esquizofrenia criolla. ¿Será Maiden un medio de transporte del Imperialismo Mesmo? ¿Será Maiden un medio de transporte del estado para apaciguar los ánimos de la juventud rebelde? ¿Será que estoy perdiendo la razón? ¿Será que estoy en lo cierto? ¿Ustedes qué dicen?

5 Comentarios

  1. Brotherexcelente reseña, el documental me encanto, la verdad es que tampoco entiendo que maiden saque un disco en vivo y un dvd en cada gira con los mismos temas etc, pero amo tanto a iron maiden que no puedo dejar de escuchar sus discos una y otra vez, de hecho puedo escucharlos hasta 5 o 6 veces seguidas sin aburrirme. por ahi anda rodando un dvd con el concierto de ccs…con respecto a samuel dunn, el carajo me parece un cineasta bastante honesto, y sus documentales engloban muchas cosas que muchisima gente ignora, (fuera dle mundo del rock, claro)saludos

  2. Buenas Noches mi pana, estube en el concierto de maiden aqui en caracas y coño alucine, logre llegar a la VIP gracias a la palanca de un pana con los seguridad, cante y rockee junto a mi jeva hasta mas no poder con los ojos casi que aguados de lo que estaba viendo! pero ahora sufro la decepción socialista maldita de este país, y es que el día de ayer compre el DVD flight 666 con 2 DVD  y cual fue mi sorpresa: CUANDO EL AVION DESPEGA DE CHILE PASA POR ENCIMA DE VENEZUELA Y SIGUE DERECHO A NEW JERSEY, coño mi pregunta es: porque ni un solo comentario del concierto aqui, acaso aqui no hay fanaticos como en chile o argentina y hasta brasil entregados al bien ROCK, o bien habran pasado mal rato? o no los dejaron grabar el documental? no podian mencionar venezuela? que mierda. saludos

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