Don Diablo

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El Diablo está en nosotros,
aguardando en cada suspiro…
para saltar al vacío de tu respiro…
para ennegrecer tu silencio partido…
Cuál Diablo, pregunta mi lumia…
Cuál Diablo, pregunta la inocencia…
si tú eres ese diablo,
que presenta la ausenciade las palabras…
de los pensamientos.
Vaya mi don Diablo, ¡que pena!…
la amarga concordancia de su presenciaen
la noche de la discrepancia…
no sabe para qué o quién trabaja…
Sí para espantar mis sueños de primavera
o alimentar otras bocas sedientas de amor furtivo…
de amor desvelado, por la ausencia…
que marca su terreno, cuán quimera…
¡Que pena!, la suya… la mía, ¡hastía!…
su infiernito me mató y me mandó…
al abismo más grande conocido por mí… espejismo
lleno de tontismos… y enajenado de sí mismo…
Sapiensa de histeria colectiva…
rellena de sabiduría barata, baratísima…
que compré en un baro mejor, en una pizzería llena de ti…
don Diablo… maldito animal infeliz…
Vistes tu rostro con sonrisas fingidas
y placeres descomunales que te marcan
cómo cuán bestia… llevas huellas
de labios corrompidos…
Llenos de blasfemias…
Salud a tu buen uso… de la vida,
que me marcó con tu labia… llena de mentiras
falaces… llenas de hipocresías… ¡salud!… don Diablo.

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