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No es sólo una ilusión…

 

 

La curiosidad es fuerte en cada ser humano, en niveles distintos pero lo es. Nos gusta hacernos preguntas acerca de cosas aparentemente inexplicables. La razón por la que disfrutamos una película de suspenso, nos emociona resolver un enigma o nos encanta un truco de magia es básicamente la misma. Curiosidad.  

A veces,  al final se nos recompensa con el dulce néctar mas deseado por los curiosos: el asombro.  Cuando eso sucede, pasaremos hablando de ese momento por meses, tal vez años y si es algo de lo que nadie se puede enterar simplemente pensaremos en él por siempre.

Hace años tuve la oportunidad de ver por primera vez una película llamada Memento, con la que el director Christopher Nolan se consagró inmediatamente como uno de los beatos de los curiosos.  No es que haya sido su logro más importante, pero para los efectos es uno de los que más seria asociado a él. Su particular manejo del tiempo en ese film y la condición mental del personaje principal lograba que entendiéramos muy poco de lo que realmente sucedía y desesperadamente esperábamos respuestas para el final.

Ahora nos trae un filme de ciencia-ficción titulado “The Prestige”  y basado en un exitoso libro del mismo nombre. Los tarados encargados de titularla para nuestro país decidieron sentarse por “El Gran Truco”,  cosa que dice demasiado y deja mucho que desear.

La propuesta es fantástica (literalmente): Dos ilusionistas  compiten por el éxito,  lo que los conduce a una guerra como ninguna que se haya visto antes. Cada uno busca el truco de magia que logre impresionar mas a la audiencia y así oscurecer al otro, cueste lo que cueste.

Sin duda alguna la cinta más oscura de Nolan hasta ahora, está maravillosamente ambientada en una Londres de finales del siglo XIX, de tecnología cruda y mecánica donde la electricidad (que juega un papel fundamental) apenas se esta estableciendo y los magos al puro estilo Houdini son el espectáculo del momento. Desde principio a fin te ves totalmente sumergido en los eventos.

El autor toma elementos y personajes de la época y los ha incorporado a su ficción de un modo genial. Basta decir con que Thomas Edison juega un papel casi antagónico en la historia. Suficiente.

Sin embargo, lo más importante del film está en su estructura. Todo eso que les dije de la curiosidad, del asombro, del suspenso y la emoción que seguramente les pareció tonto, pura labia pues…está ahí y tomare el riesgo de decir que es de lo que más les gustara. Bien lo dicen en la misma película, los ilusionistas no son de confiar. No sabemos cuando algo que vemos es real o no. Muchos de los maravillosos trucos que presenciaremos tal como si estuviésemos en ese momento nos harán dudar de que sea una simple ilusión y no estén utilizando verdadera magia.

El gran truco es también la misma película. El ilusionista es Nolan. Vean muy atentamente, nada es tan simple como parece y no me refiero solo a las ilusiones elaboradas por los personajes. Es un espectáculo lleno de sorpresas, lo que al final nos mantiene como audiencias impresionados.

Carece casi de cualquier valor emocional y no empatizamos con los personajes más allá de su desesperación,  puede que este sea el punto bajo de la película pero no te importa cuando simplemente quieres entender lo que sucede. No te importa porqué el mago lo hace, quieres saber como.

De las actuaciones no se podía esperar menos. La versatilidad de los protagonistas Hugh Jackman y Christian Bale  se confirma en este film y el tono obsesivo que le aportan a sus personajes es perfecto aunque no esperes maravillarte demasiado. La mejor sorpresa fue David Bowie en un regreso del que no voy a mencionar nada, solo que es pura clase.

Si “The Prestige” no te parece excelente, cuando menos te dejara boquiabierto unas cuantas veces y eso ya es mucho que decir. Una idea bastante arriesgada muy bien adaptada a la gran pantalla,  una ilusión que es bastante real.  Es fantasía (digan lo que digan) presentada de una manera extraordinaria.

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