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LO QUE NOS ESPERA Por Alfonso Carril

Es una oraci2012-08-21 18.22.28ón que al leerla nos impacta y nos asusta, porque es una clase de advertencia que vislumbra una mala noticia, un futuro en todo caso poco optimista, pero que en todo caso está previsto en la base de las suposiciones, los cálculos, las estadísticas y las adivinaciones, es decir, algo que en realidad aún no se puede saber a ciencia cierta, sin embargo aún siendo así, igual nos impacta y nos asusta, es como las amenazas, una amenaza puede ser un potencial hecho a futuro como puede ser una sarta de palabrería que no se concretará en nada, pero igual nos impacta, nos asusta y nos preocupa, ante una amenaza, uno puede entonces quedarse impávido o reaccionar y tomar previsiones, previsiones éstas que si bien pueden no servir de nada para evitar que la amenaza se concrete, también pudiesen evitar que se haga realidad dicha amenaza, aunque, también pudieran potenciar a que la amenaza se vuelva realidad.

El problema con una amenaza, es que quien la profesa es quien mejor sabe si en realidad pretende hacerla realidad, cuando, cómo y de qué forma, es decir, tiene todos los datos y aparentemente sabe y por lo tanto, tiene a su favor esa herramienta perturbadora en que puede convertirse una amenaza, y lo tratamos como problema porque viene justo a convertirse en eso, yo diría que para ambas partes, tanto como para quien amenaza como para quien es amenazado, pues al momento que somos amenazados o amenazamos, está la palabra de por medio, la palabra del amenazante, la cual va o puede ir acompañada de intenciones que pueden convertirse en reales o no, y por su parte, quien es amenazado, queda entonces en esa posición abrumadora e incierta de pensar “¿Lo cumplirá? si es así, lo que me espera”, ante esa incertidumbre, que nos impacta y nos asusta, tenemos dos opciones, no tomarlas en cuenta o tomarlas en cuenta, por consiguiente, no hacer nada o actuar en consecuencia, gran parte de la decisión de tomar o no tomar en cuenta una amenaza, vendrá dada del hecho de analizar algunos factores, como quién está profiriendo la amenaza, bajo que circunstancia, por qué motivo y en que entorno, entre otros.

Pasa igual que cuando un economista, un estadístico, un adivinador o simplemente cualquier ciudadano que proyecte el futuro basado en cualquier herramienta para hacerlo, nos dice: «Lo que nos espera», seguido de eso, está nuestro impacto, nuestro susto, nuestro análisis (a veces no hay análisis), creer o no creer y luego nuestra decisión ¿Lo tomamos o no en cuenta? con lo que, si no lo hacemos, quizá todos los pasos previos desaparecerán, pero si decidimos tomarlo en cuenta sigue la cuestión de si hacer o no hacer algo, y en el caso de que hayamos decidido hacer algo, viene entonces la pregunta que literalmente nos invade ¿Qué hacer?

La sensación ante ese caso es de incertidumbre y probablemente de cierta angustia, aunque es prudente destacar en este punto, que una amenaza puede tornarse en advertencia cuando quien amenaza o advierte lo hace para protegerse o defenderse del otro, y en ese caso, es quien amenaza o advierte quien estaría más cargado de angustia e incertidumbre, sin embargo, lo que con mayor certeza logra una amenaza en la mayoría de los casos, es causarnos impacto y asustarnos, cuando éstas son negativas obviamente, ya que podríamos decir que hay también amenazas o advertencias de acciones positivas, aunque quizá ya esas no se llamarían amenazas o advertencias sino más bien promesas o habladurías, como aquello de «si me miras te doy un beso», ahora con las amenazas de violencia más específicamente, sucede que por más escépticos que seamos ante ellas, o por más «ligera» que tratemos de llevar nuestra vida, o por más malandros, guapos y apoyados que seamos, una amenaza de tipo violenta nos puede al menos descuadrar el día.

Esto es parecido al comportamiento estúpido, decía el Sr. Carlo María Cipolla (1922 – 2000) quien fue un historiador económico (él estudió historia de la economía en Londres), lo siguiente: “Nuestra vida está salpicada de ocasiones en que sufrimos pérdidas de dinero, tiempo, energía, apetito, tranquilidad y buen humor por culpa de las dudosas acciones de alguna absurda criatura a la que, en los momentos más impensables e inconvenientes, se le ocurre causarnos daños, frustraciones y dificultades, sin que ella vaya a ganar absolutamente nada con sus acciones. Nadie sabe, entiende o puede explicar por qué esta absurda criatura hace lo que hace. En realidad, no existe explicación ―o mejor dicho― sólo hay una explicación: la persona en cuestión es estúpida”.

Sin embargo, el hecho cierto, palpable, real y bien sabido, es que siempre hemos creído, seguimos creyendo y probablemente seguiremos creyendo en profecías, predicciones, estadísticas, encuestas, proyecciones, promesas, adivinaciones, cálculos, cuentos y amenazas, y ante todo eso me surge una última pregunta ¿Será que nosotros los seres humanos independientemente de razas, creencias, épocas, circunstancias y entornos, en su gran mayoría, somos estúpidos por defecto o seremos todos grandes visionarios?

 

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